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Concordia » El Heraldo
Fecha: 14/03/2026 09:02
Farmacia Concordia Esta farmacia fue fundada por Don Jacobo Pitashny en 1935 en la calle San Martín esquina Sarmiento (Tucumán en ese tiempo) aunque no donde hoy está sino en la vereda de enfrente, donde antiguamente estaba el local de apuestas del Jockey Club y hoy es una pizzería. El cambio de la farmacia a su nuevo local se realiza en 1939, a una propiedad que era de Sucesores de. Gumersindo Villanueva, siendo el constructor el Sr. Luís Fonseca. El Sr. Pitashny compra el local de la farmacia y la casa de calle San Martín 104 contigua al local comercial. Conocí al Sr. Jacobo Pitashny siendo niño ya que yo vivía a media cuadra de la farmacia, por calle Sarmiento y lo recuerdo perfectamente, igual que a su señora y a su hija; además su hermano José, dueño de la Tienda Buenos Aires en Entre Ríos y A. del Valle vivía al lado de mi casa. El Sr. Pitashny no era farmacéutico. Su regente era la Sra. Agueda Turco Vesta de Caputo y lo fue durante muchos años, incluso después que la vendió Siendo ya propietario el Sr. Jacobo Pitashny, en 1942 hace construir un amplio sótano obra que realiza el Constructor Ciliberto. Este terreno fue originalmente un lote de los denominados fundacionales ya que se otorgaban a los primeros pobladores de la Villa de la Concordia en carácter gratuito o de merced como se denominaban. Este título de propiedad fue otorgado a Fermín Antonio Duque, hombre de raza negra en razón de exponer ante el Juez de Paz que habiendo poblado y cercado el terreno baldío se le otorgue el derecho de propiedad. La presencia de la Farmacia Concordia en un ámbito que ya he señalado con anterioridad, en lo referido a las placenteras costumbres y prácticas comerciales muy tradicionales, pero que hoy serían calificadas de arcaicas ya que había un fuerte movimiento de ventas en cuenta corriente, con grandes atrasos en la cancelación de esas cuentas. Era muy común surtir a las familias y a sus empleados y cobrar cuando se vendía la lana o la cosecha, pero en general, todo el comercio funcionaba así. El cobro era seguro, pero había que esperar. Enviar un cobrador era de mal gusto y hasta se podía ofender el cliente y perderlo como tal. Pero también los plazos de compra eran generosos, lo que le permitía a las farmacias desenvolverse sin dificultad y a sus dueños tener un buen nivel de vida y sin sobresaltos La estabilidad económica marcaba esas costumbres; recuerdo que inclusive en las librerías se compraba todo en cuenta corriente y se cancelaba al finalizar el año lectivo, claro está que en una ciudad en la que todos nos conocíamos. Decía que presencia de la Farmacia Concordia transformó ese ambiente que antes describí, surtiéndose de las marcas que se anunciaban en la radio y en las revistas y al que las farmacias locales se habían resistido denodadamente, tratando de hacerles frente con sus preparados de fabricación local. Jabón Lux, aquel de 9 de cada 10 estrellas de cineKolynos, Colgate, Max Factor, Helena Rubinstein, Palmolive llenaron sus estantes. Algunos fabricantes nacionales también compitieron con algún éxito como Jabón Federal y Manuelita, de claro sentido nacionalista. La Farmacia Concordia hizo grandes stocks de marcas consagradas y además se convirtió en proveedor de medicamentos a las instituciones-algo no explotado antes- Los medicamentos de venta libre y propaganda masiva como Linimento Sloan, Mejoral, Lysoform, Emulsión Scott, Pildoritas Reuter, Geniol, Untisal los vendía con sustanciales descuentos y se hizo rápidamente de fama de ser una farmacia barata El moderno local mostraba a las claras su disposición a disputar el terreno comercial a todos. En su interior se leía Farmacia Concordia, la mayor de Entre Ríos y otro cartel que decía En esta farmacia no se dice no hay, salvo que el producto falte en plaza o no se fabrique más Todos estos cambios, introducidos en un ambiente muy estable y de respeto profesional, como era de suponer, produjeron una verdadera convulsión con consecuencias desfavorables para quienes se aferraron a los viejos moldes. Además, un hecho adicional entró a jugar a favor de la confusión general producida en el ámbito farmacéutico: comienza la Segunda Guerra Mundial y con ella, todo tipo de escasez y no sólo en el ámbito farmacéutico. Sin embargo, Don Jacobo Pitashny había hecho contactos con importantes laboratorios y gracias a esos contactos, se proveía de drogas qué en el Uruguay, por ser país partidario de los aliados, nunca faltaron, mientras que en la Argentina por ser neutral dejaron de ingresar. Reinvertía todo en su farmacia, a la que agregó una droguería mayorista (Droguería Concordia) de accesorios y de perfumería con clientela en toda la zona y en el sur de Corrientes, contando para ello con un plantel de viajantes. Un recuerdo personal que me contó un farmacéutico, recién recibido en aquellos tiempos, al que Don Jacobo Pitashny le dijo que cualquier inconveniente que tuviera invocara su nombre en el Laboratorio Squibb, y al hacerlo, el mismo gerente lo atendió con total deferencia, tanta era su influencia El Sr. Pitashny hizo una enorme fortuna con la farmacia y la droguería y que, en 1956 vendió muy bien haciendo un formidable negocio, tanto la farmacia como la droguería a una sociedad, propiedad de un médico oculista Cuesta Yáñez de Concepción del Uruguay y el, se radicó definitivamente en la Ciudad de Buenos Aires. Los nuevos propietarios contrataron un administrador, (Aarón Eskliar) que vivía en la casa de calle San Martín 104 y durante algún tiempo administró tanto la farmacia como la droguería. Sin embargo, por cuestionamientos importantes por diferencias de dinero, su situación con los propietarios se volvió insostenible y debió dejar su cargo de una manera bastante abrupta. Por sugerencia del antiguo propietario Sr. Pitashny, contrataron al Sr. Isaac Zipilivan, que era un antiguo empleado de confianza de la farmacia. El Sr. Zipilivan, cuando se retiró de la Concordia, se había iniciado con una Perfumería a la que denominó Vergel en la calle San Martín. Don Isaac Zipilivan aceptó el cargo en el que se desempeñó durante muchos años haciendo honor a la confianza que en él se depositó. Luego pasó a ser gerente de la Droguería Concordia. A cargo de la farmacia quedó la Srta. Dora Brodsky, también esta empleada de muchos años permaneciendo ambos en sus cargos hasta que tanto la droguería como la farmacia se vendieron a la Droguería Chajarí de Don Alberto Grand e Hijos. La Droguería Concordia siguió operando durante un tiempo con la gerencia del Sr. Carlos Tamaño, pero ya su participación fue declinante hasta su cierre. De la farmacia pasó a ser gerente un antiguo empleado, el Sr. José Chicco quien la supo llevar correctamente, (pero los tiempos del predominio de la Farmacia Concordia habían concluido) hasta que, contando con su experiencia adquirida en los muchos años en el ramo, puso su propia farmacia. Al decir de algunos farmacéuticos de Concordia, la de Jacobo Pitashny fue una verdadera escuela en cuanto a la forma de encarar los negocios ya que su modus operandi se trasladó a ex empleados, que abrieron sus propios locales. Ejemplo de ello fue Don Boris Petasne, primo de Jacobo Pitashny quien trabajaba en la preparación de recetas en el laboratorio de la Farmacia Concordia y luego se asocia con el Sr. Rodolfo M. Nolé, farmacéutico de nuestra ciudad y abren una farmacia en (aquellos tiempos) Villa Federal. Luego Boris Petashne regresaría a Concordia para abrir otra farmacia en la calle Guemes y San Luís a la que denomina Farmacia Güemes, teniendo como farmacéutico al Sr. Omar Alejandro Pusterla, luego se traslada a San Luís y Saavedra, ya con nuevo regente, en este caso su yerno, Germán Rafinet Otro caso fue el de un antiguo y eficiente empleado de la Concordia, el Sr. Ricardo Schurlein, con una gran simpatía y delicadeza en el trato con los clientes. Se puede afirmar sin temor a equivocarnos que Ricardo Schurlein fue la cara visible de la Farmacia Concordia durante muchísimos años. Hasta que también el decide instalar su propia farmacia. En realidad, a mi manera de ver, tal vez sin proponérselo siempre estuvo trabajando para su futuro negocio. Y así fue que se llevó consigo los mejores clientes de la Farmacia Concordia. Se instaló en Velez Sarsfield y Brown y su farmacia se llamó Vélez Sarsfield, siendo su regente el Dr. Carlos Siburu Ya he mencionado antes que el Sr. José Chicco, quien también fue gerente de la Concordia y resuelve intentar suerte con su propia farmacia, la que instala en la Av. Las Heras nº 720 con el nombre de Farmacia Las Heras. Como se puede advertir, esa especie de escuela y modus operandi se trasladó a ex empleados de la Farmacia Concordia que ni siquiera conocieron al Sr. Pitashny, ya que, por su edad, no pudieron haberlo conocido.
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