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Concordia » El Heraldo
Fecha: 14/03/2026 09:02
Más crédito, menos rentabilidad: la advertencia que dejan los balances bancarios No es una crisis bancaria, pero sí una señal de alarma Los balances que presentaron en las últimas semanas los principales bancos argentinos dejaron una señal que merece una lectura más fina que la habitual. No muestran, al menos por ahora, una crisis bancaria clásica. El sistema sigue líquido, capitalizado y con márgenes regulatorios holgados. Pero sí muestran otra cosa: una caída marcada de la rentabilidad, un deterioro fuerte de la cartera crediticia y un cambio estructural en el negocio financiero, cada vez más condicionado por la economía real y cada vez menos protegido por las rentas extraordinarias del pasado. Ese punto es central. El dato más importante de 2025 no es que los bancos hayan prestado menos, sino que prestar más empezó a rendirles menos. Según el Banco Central, el crédito total al sector privado creció 36,9% real durante el año y la exposición del sistema a empresas y familias pasó a representar 43,9% del activo total, mientras que el financiamiento al sector público redujo su peso relativo. Es decir: el sistema volvió a hacer más banca tradicional. Sin embargo, en ese mismo movimiento, la irregularidad del crédito privado saltó de 1,6% al cierre de 2024 a 5,5% al cierre de 2025. En los hogares, el deterioro fue todavía más severo: la mora pasó de 2,5% a 9,3%. En empresas subió de 0,8% a 2,5%. Allí está la verdadera fotografía del año. La intermediación creció, pero la calidad del activo empeoró en forma acelerada. El verdadero problema: crece el crédito, pero empeora la capacidad de pago Por eso la explicación no puede reducirse a una sola variable. No alcanza con decir bajó la actividad ni tampoco con repetir que el crédito volvió. La economía argentina de 2025 fue más contradictoria. El financiamiento avanzó con fuerza, pero hacia el final del año el consumo financiado empezó a mostrar fatiga: el propio BCRA registró en diciembre una caída mensual real de 0,6% en las financiaciones con tarjeta de crédito y de 0,7% en los préstamos personales, prolongando una tendencia descendente iniciada en septiembre. Es decir, aun con más crédito en términos interanuales, el tramo más sensible del financiamiento a los hogares empezó a enfriarse justo cuando la mora se aceleraba. Eso ayuda a entender por qué los balances privados se deterioraron. Grupo Financiero Galicia reportó en el cuarto trimestre de 2025 una pérdida neta atribuible de $83.544 millones, mientras que su ganancia acumulada del año cayó 91%. BBVA Argentina cerró 2025 con una ganancia neta de $267.420 millones, pero 43,2% menor a la de 2024. Banco Macro mostró una rentabilidad menor que la del año previo: obtuvo $290.704 millones en 2025 y en el cuarto trimestre ganó $100.079 millones, por debajo del mismo período de 2024 y luego de haber registrado un trimestre negativo en el tercero. Supervielle, por su parte, cerró el año con una pérdida atribuible de $48.582 millones y un ratio de cartera irregular total de 5,0%, contra 1,3% un año antes. El viejo monopolio bancario ya no existe A la presión derivada de la economía real se le suma otro frente, menos visible pero igualmente decisivo: la competencia por el negocio transaccional y por la captura del cliente cotidiano. Durante años, gran parte de los movimientos de dinero, los cobros, los pagos y las comisiones del sistema pasaban casi exclusivamente por los bancos. Ese monopolio de hecho se rompió. El ecosistema financiero argentino ya no se agota en las entidades bancarias. Las billeteras virtuales, los proveedores de servicios de pago y los fondos comunes de dinero se convirtieron en actores masivos que disputan saldos, comisiones, transacciones y vinculación con el usuario. Los datos del Banco Central lo muestran con claridad. A septiembre de 2025, 27,6 millones de personas tenían simultáneamente cuenta bancaria y cuenta de pago. En diciembre había 68,7 millones de cuentas de pago, de las cuales 15 millones tenían saldo. Sumados los saldos en cuentas de pago y los fondos invertidos a través de PSP, ese universo ya equivalía al 7,4% de los depósitos privados en pesos del sistema. Además, en enero de 2026 el 54,3% de las operaciones de QR interoperable acreditó en cuentas de pago y sólo el 45,7% en cuentas bancarias. El mensaje es evidente: la relación diaria con el dinero dejó de estar cautiva dentro del banco. La competencia fintech Eso no implica que los bancos hayan quedado fuera del juego. Siguen siendo actores centrales en crédito, depósitos, tesorería, comercio exterior y regulación prudencial. Pero sí significa que el negocio financiero es hoy más abierto, más competitivo y con menor capacidad de apropiarse rentas por simple posición dominante. La consecuencia es que, cuando la cartera se deteriora y la economía se enfría, la rentabilidad se resiente más rápido que antes. También hay un elemento adicional que ayuda a explicar la comparación desfavorable contra 2024. Varios balances del año pasado habían sido beneficiados por condiciones extraordinarias: mayores ganancias sobre títulos públicos, resultados asociados a un contexto de inflación más alta y, en algunos casos, efectos contables puntuales. En 2025 esos colchones se redujeron o desaparecieron. Por eso el deterioro actual no debe leerse sólo como un problema de gestión crediticia; también refleja el agotamiento de un régimen de rentabilidad apoyado más en el entorno financiero que en la intermediación genuina. No hay crisis de solvencia, pero sí un problema de rentabilidad Ahora bien, que la rentabilidad haya caído no significa que el sistema esté al borde de una crisis de solvencia. Ese sería un diagnóstico equivocado. El BCRA informó que el sistema cerró 2025 con un capital regulatorio equivalente al 28,6% de los activos ponderados por riesgo, un exceso de capital de 253% sobre el mínimo exigido y un ratio de apalancamiento de 19,7%, muy por encima del umbral regulatorio del 3%. En otros términos: el problema actual de la banca argentina no es, por ahora, de liquidez ni de patrimonio; es de rentabilidad, costo de riesgo y calidad de cartera. Y justamente por eso el tema importa tanto para el país. Porque cuando un banco gana menos por prestar, no sólo ajusta su balance: ajusta su conducta. Se vuelve más selectivo, endurece originación, recorta plazos, sube spreads, exige mejores garantías y concentra recursos en clientes de menor riesgo. Ese proceso excluye primero a quienes más necesitan financiamiento: familias que refinancian consumo, PyMEs que dependen del capital de trabajo, comercios que venden en cuotas y sectores que requieren crédito largo para invertir o construir. En un país con baja profundidad financiera, ese efecto es especialmente grave. Si además el costo del crédito sigue siendo elevado, la situación se agrava. A comienzos de marzo de 2026, la tasa de préstamos personales informada por el BCRA se ubicaba en torno al 71,7% nominal anual. Incluso las nuevas líneas en dólares muestran el problema: Banco Macro lanzó recientemente créditos hipotecarios en esa moneda con tasa del 11,5% anual, plazo de cinco años y financiamiento de hasta 50% del valor del inmueble. Son productos que pueden reabrir nichos de mercado, pero todavía están lejos de constituir una solución masiva para vivienda o inversión productiva. Qué significa esto para el país La conclusión de fondo es que el deterioro de los balances bancarios no es una anécdota sectorial. Es un espejo de la economía argentina. Cuando la mora sube, lo que se deteriora no es sólo un renglón contable: se deteriora la capacidad de sostener pagos, de financiar consumo, de encarar proyectos y de transformar recuperación macro en mejora micro. Cuando además esa pérdida de rentabilidad ocurre en un contexto de mayor competencia fintech, el sistema financiero deja de tener margen para absorber sin costo las tensiones de la economía real. Por eso la señal que dejan los balances 2025 es políticamente incómoda y económicamente relevante. La Argentina puede haber logrado cierta normalización monetaria y una expansión del crédito desde niveles muy bajos, pero todavía no resolvió el problema decisivo: cómo construir una economía en la que el financiamiento crezca sin que, al mismo tiempo, se deteriore la capacidad de pago de quienes lo toman. Mientras esa ecuación no cierre, los bancos seguirán mostrando algo más que sus propios problemas. Seguirán mostrando, con números, las limitaciones del país. No se trata, entonces, de llorar por los bancos. Se trata de entender que, cuando hasta los balances bancarios empiezan a reflejar fragilidad, lo que está en discusión no es sólo la rentabilidad de las entidades sino la sustentabilidad del proceso económico en su conjunto. En la Argentina de hoy, un banco que gana menos no es simplemente una mala noticia financiera: es una advertencia sobre la debilidad de empresas, comercios y familias que están del otro lado del mostrador.
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