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Fecha: 12/03/2026 20:07
Por Roque Guillermo Benedetto Contador Público Abogado Escribano Cada verano Concordia arma y desarma su Corsódromo como si fuera una estructura provisoria. Y sin embargo, el Carnaval lleva más de veinte años en el mismo lugar. Durante semanas se montan tribunas, estructuras e instalaciones que luego vuelven a desmontarse cuando termina la temporada cuando la realidad demuestra lo contrario: el Carnaval de Concordia se consolidó como uno de los espectáculos culturales y turísticos más importantes de la región. En ese contexto, en las últimas semanas el Corsódromo volvió a convertirse en tema de debate público. El punto de partida no fue el Carnaval en sí mismo, sino una propuesta presentada por vecinos que plantearon repensar el destino del predio de la ex Estación Norte, donde actualmente se desarrolla el espectáculo. La idea que pusieron sobre la mesa es sencilla pero potente: transformar ese espacio en un gran parque ecológico y turístico, recuperándolo como área verde para la ciudad. Detrás de esa propuesta hay algo más que una crítica al Carnaval. Hay una pregunta urbana de fondo: cómo deben usarse los espacios públicos en una ciudad que crece y que necesita pensar su desarrollo a largo plazo. Ese debate urbano abre inevitablemente otra pregunta que la ciudad viene postergando desde hace años: si el Carnaval se consolidó como uno de los principales eventos culturales y turísticos de Concordia, ¿por qué su infraestructura sigue resolviéndose con soluciones temporarias? Un espectáculo consolidado con infraestructura temporaria El Carnaval de Concordia tiene más de dos décadas de desarrollo en el actual Corsódromo. Durante varias semanas moviliza turismo, gastronomía, transporte, trabajo artístico y actividad comercial en distintos sectores de la ciudad.Cada temporada el armado y desarmado de tribunas implica contratación de estructuras, logística y montaje, gastos estos que deben repetirse todos los años y que, aun sin conocerse públicamente el detalle exacto de su costo, forman parte del presupuesto operativo del evento. Esto no sólo implica costos recurrentes. También plantea limitaciones en materia de seguridad, comodidad del público y planificación a largo plazo. Pensar infraestructura permanente también significa preguntarse si esos recursos que hoy se destinan a estructuras temporarias podrían, a largo plazo, transformarse en inversión durable para la ciudad. Pero el problema más silencioso no está en las tribunas, sino que también está en los galpones donde durante meses trabajan quienes hacen posible el espectáculo. Comparsas, diseñadores, artesanos y artistas desarrollan allí el trabajo creativo que luego se ve reflejado en la pista. Y sin embargo, esos espacios muchas veces no reúnen las condiciones adecuadas para una actividad que exige tiempo, organización y recursos. Cada lluvia fuerte vuelve a poner en evidencia una realidad que la ciudad conoce desde hace años: la infraestructura cultural del Carnaval quedó atrasada respecto del crecimiento del propio evento. Los estudiantes y una tradición que atraviesa generaciones Pero el problema de los galpones no afecta únicamente al Carnaval. también impacta en una de las tradiciones más queridas de Concordia: la Fiesta de los Estudiantes y el desfile de carrozas.Cada primavera la ciudad vuelve a vivir una escena que se repite desde hace generaciones. Grupos de estudiantes trabajan durante semanas diseñando y construyendo carrozas que luego desfilan ante toda la comunidad. No es solo un evento festivo, es una experiencia colectiva donde se combinan creatividad, compañerismo, trabajo artesanal y participación familiar. En cada carroza hay horas de esfuerzo, imaginación y entusiasmo juvenil y a su manera; es una expresión cultural que forma parte de la memoria afectiva de Concordia. Por eso cada vez que aparecen dificultades con los espacios donde los estudiantes preparan sus carrozas, la ciudad lo siente como algo propio, por lo que pensar infraestructura adecuada para los estudiantes, es reconocer el valor cultural de una tradición que forma parte de la identidad concordiense. Pensar infraestructura permanente Si el Carnaval convoca a miles de personas y la Fiesta de los Estudiantes moviliza a generaciones de jóvenes, surge una pregunta inevitable:¿Por qué Concordia sigue resolviendo estas celebraciones con infraestructura provisoria? La construcción de tribunas permanentes y galpones adecuados permitiría resolver varios problemas al mismo tiempo, ya que mejoraría la seguridad del público en el Carnaval, brindaría mejores condiciones de trabajo para comparsas y estudiantes, y permitiría utilizar el predio durante todo el año para eventos culturales, recitales, ferias y actividades sociales. El verdadero obstáculo no es conceptual, es financiero y es allí, donde aparece una posibilidad que merece ser considerada. El fideicomiso: una herramienta posible para financiar infraestructura cultural En muchas ciudades del mundo y también en Argentina, la construcción de infraestructura cultural dejó de depender exclusivamente de los presupuestos públicos.En su lugar comenzaron a utilizarse mecanismos que permiten canalizar inversión privada hacia proyectos de interés público. Uno de esos instrumentos es el fideicomiso. El fideicomiso es una figura jurídica que permite reunir capital privado para desarrollar un proyecto específico, con reglas claras sobre la administración de los fondos. Su funcionamiento es relativamente simple, pues un grupo de inversores aporta el capital necesario para realizar la obra. Ese capital se administra a través de una entidad fiduciaria -generalmente un banco o una sociedad fiduciaria- que tiene la responsabilidad legal de utilizar esos recursos exclusivamente para el proyecto. Aplicado al caso de Concordia, un fideicomiso podría financiar la construcción de: tribunas permanentes, galpones adecuados para comparsas y estudiantes y mejoras de servicios, accesos y espacios complementarios. La ventaja principal de este mecanismo es que no requiere que el municipio financie directamente la obra con recursos del presupuesto público ni que asuma endeudamiento. El capital lo aportan inversores privados que recuperan su inversión a lo largo del tiempo mediante los ingresos generados por el propio predio. Esos ingresos pueden provenir de distintas fuentes: a) venta de entradas, b) explotación de palcos, c) publicidad y patrocinio, d) concesiones gastronómicas y comerciales y e) alquiler del predio para recitales, ferias y eventos Este esquema permite algo que muchas ciudades están buscando hoy: desarrollar infraestructura cultural sin comprometer recursos fiscales escasos y sin trasladar el costo a los contribuyentes. Además, distribuye los riesgos de inversión en el sector privado y permite que el municipio conserve la titularidad del predio. Una vez cumplido el plazo previsto -por ejemplo entre 15 y 20 años-, la infraestructura construida puede incorporarse definitivamente al patrimonio municipal. Es decir: la ciudad obtiene tribunas, galpones y mejoras estructurales permanentes, financiadas con la propia actividad cultural que se desarrolla en el lugar. Integrar el proyecto al entorno urbano: una cortina forestal acústica Uno de los temas que suele aparecer cada vez que se habla del Corsódromo es el impacto sonoro del evento sobre los barrios cercanos.Esa preocupación de los vecinos es comprensible y forma parte del debate sobre la convivencia entre actividades culturales y vida urbana. Por eso, cualquier proyecto de infraestructura debería contemplar también soluciones ambientales y paisajísticas. En ese sentido, una alternativa interesante sugerida por Tomás, un joven emprendedor y vecino del Corsódromo preocupado por el desarrollo de su ciudad, es la creación de una cortina forestal perimetral diseñada por especialistas en forestación urbana y acústica ambiental. Este tipo de barreras verdes se utiliza en autopistas, complejos deportivos y parques urbanos para dispersar y absorber parte de las ondas sonoras, reduciendo el impacto del ruido hacia zonas residenciales. Una selección adecuada de especies arbóreas, de follaje denso y crecimiento controlado, permitiría formar una franja vegetal que cumpla varias funciones al mismo tiempo: mitigar parcialmente el impacto acústico del espectáculo, mejorar la calidad ambiental del predio, generar sombra y espacios verdes e integrar visualmente el Corsódromo al paisaje urbano. De esta manera, el proyecto no sólo mejoraría la infraestructura cultural de la ciudad, sino que también incorporaría una solución ambiental que dialogue con las preocupaciones planteadas por los vecinos. Cómo podría funcionar concretamente un fideicomiso para el Corsódromo La idea de financiar infraestructura mediante un fideicomiso puede traducirse en un esquema concreto de funcionamiento que combine inversión privada, control público y beneficios para la comunidad.El primer paso sería la constitución de un fideicomiso específico para el desarrollo del complejo cultural del Corsódromo, cuyo objeto sería financiar la construcción de tribunas permanentes, galpones para comparsas y estudiantes, y mejoras de infraestructura en el predio. En este tipo de esquemas la inversión se recupera a partir de la propia actividad económica que genera el evento y de los usos complementarios del predio durante el resto del año. El esquema podría estructurarse de la siguiente manera: a) El municipio como concedente del espacio: La Municipalidad de Concordia mantendría la titularidad del predio, pero otorgaría al fideicomiso el derecho de desarrollar la infraestructura y explotarla durante un plazo determinado. b) El fiduciario: El fideicomiso debería ser administrado por una entidad fiduciaria especializada que administre los fondos aportados por los inversores y supervise la ejecución del proyecto. c) Los inversores privados: El capital inicial podría provenir de empresas locales, inversores privados, desarrolladores vinculados a espectáculos o incluso ciudadanos interesados en participar del proyecto. Las fuentes de recuperación de la inversión: El proyecto permitiría recuperar la inversión mediante ingresos generados por: venta de entradas, explotación de palcos, concesiones gastronómicas y comerciales, publicidad y alquiler del predio para eventos durante el año y con ello; el Corsódromo podría transformarse así en un espacio cultural activo durante todo el año. d) El final del fideicomiso: Una vez cumplido el plazo previsto, por ejemplo entre 15 y 20 años: la infraestructura construida pasaría definitivamente al patrimonio municipal. Cinco pasos posibles para que Concordia modernice el Corsódromo sin gastar dinero público Para que la idea del fideicomiso no quede solamente en el plano de la reflexión, es posible imaginar un camino institucional concreto que permita evaluarla y eventualmente ponerla en marcha.El municipio podría avanzar a través de un proceso ordenado que combine diálogo público, estudios técnicos y un esquema de financiamiento transparente. a) Abrir un proceso de diálogo público: El primer paso debería ser convocar a un espacio de diálogo institucional donde participen representantes del municipio, comparsas del Carnaval, estudiantes vinculados a la Fiesta de los Estudiantes, vecinos del sector y profesionales del urbanismo y la arquitectura. Este ámbito permitiría escuchar preocupaciones, recoger propuestas y analizar distintas alternativas para el futuro del predio y contribuiría a construir consensos sociales sobre un proyecto que involucra cultura, espacio público y desarrollo urbano. b) Realizar un estudio técnico preliminar: Antes de tomar decisiones estructurales, sería necesario contar con un estudio técnico que analice los costos de construcción de tribunas permanentes, galpones para comparsas y estudiantes y mejoras generales del predio. Ese análisis también debería contemplar el impacto urbano, ambiental y acústico del proyecto, incluyendo la posibilidad de incorporar una cortina forestal perimetral que ayude a mitigar el ruido hacia los barrios cercanos. Con información técnica concreta, el debate público podría apoyarse en datos y no solamente en opiniones. c) Diseñar el esquema jurídico y financiero del fideicomiso: Con base en ese estudio, el municipio podría convocar a especialistas en derecho y finanzas para estructurar el fideicomiso que financiaría la obra. En ese esquema deberían definirse la entidad fiduciaria que administrará el proyecto, el monto estimado de inversión, el plazo de recuperación y las fuentes de ingresos del predio, transformando la idea en un instrumento jurídico y financiero concreto. d) Convocar a inversores interesados en participar del proyecto: Una vez definido el esquema del fideicomiso, podría abrirse una convocatoria a inversores privados interesados en participar del desarrollo del complejo cultural del Corsódromo. Entre ellos podrían encontrarse empresas locales, inversores vinculados al sector de espectáculos y patrocinadores culturales. El atractivo del proyecto radica en que se apoya en celebraciones consolidadas como el Carnaval, la Fiesta de la Citricultura, la Fiesta de los Estudiantes, festivales de boxeo, gastronómicos, recitales, que convocan público y generan actividad económica todos los años. e) Ejecutar la obra garantizando control público y transparencia: Finalmente, el fideicomiso podría ejecutar la obra bajo supervisión técnica y control institucional del municipio, que mantendría la titularidad del predio. La participación municipal permitiría asegurar transparencia en la administración del proyecto y garantizar que la infraestructura responda al interés público. Una vez finalizado el plazo del fideicomiso, las tribunas, galpones y mejoras del predio quedarían incorporadas definitivamente al patrimonio de la ciudad. De la discusión al proyecto El debate que se abrió en Concordia sobre el Corsódromo demuestra algo positivo: la ciudad está pensando su futuro.Los vecinos plantean la necesidad de discutir el uso de un espacio urbano relevante. Los arquitectos recuerdan la importancia de planificar la ciudad con una mirada de largo plazo. Las comparsas y los estudiantes muestran cada año el enorme valor cultural de celebraciones que movilizan a miles de concordienses. Cada uno de esos actores aporta una mirada distinta, pero todos están hablando de lo mismo: cómo debe crecer la ciudad y qué lugar ocupan en ella sus celebraciones culturales. El Carnaval y la Fiesta de los Estudiantes no son simples espectáculos, son expresiones de creatividad, trabajo colectivo y pertenencia cultural y son espacios donde generaciones de concordienses se encuentran, participan y construyen identidad. Por eso, pensar en infraestructura adecuada para estas celebraciones no significa solamente mejorar tribunas o galpones, significa fortalecer espacios donde la comunidad se expresa, crea y celebra. La propuesta del fideicomiso intenta aportar una herramienta concreta para avanzar en esa dirección. No busca cerrar el debate abierto por vecinos y profesionales, sino sumar una alternativa posible para resolver un problema que la ciudad conoce desde hace años: la falta de infraestructura adecuada para sus principales celebraciones culturales. Porque cuando Concordia discute el futuro de su Corsódromo, en realidad no está discutiendo solamente un espectáculo, está discutiendo cómo hacer convivir el Carnaval, los estudiantes y los vecinos en una ciudad que se anime a planificar su desarrollo.
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