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  • Adorni, el defensor que necesitó que lo defiendan

    » Clarin

    Fecha: 12/03/2026 21:19

    Salió cara la defensa que le hizo el Gobierno a Manuel Adorni. Salió cara si se calcula con las unidades de medida que usa la política, porque tuvo que ser el Presidente de la Nación el que puso el hombro -en rigor, un posteo en su cuenta de X- para defender a su jefe de Gabinete, cuando las reglas de estilo indican que lo que tiene que ocurrir es justamente lo opuesto. La figura del jefe de Gabinete surgió con la Reforma Constitucional de 1994. Además de las funciones formales, la tradición política le asigna a quien ocupa ese cargo la responsabilidad de ser un fusible: cuando se produce una crisis muy grave, los presidentes suelen cambiarlos para dar una idea de renovación sin ponerse ellos mismos en peligro. El problema es que esta vez el incendio no lo generó un cable peleado ni un generador eléctrico. Fue el propio fusible el que se prendió fuego sólo. El aleteo de la mariposa fue una fotografía del matrimonio Adorni en una actividad de la comitiva oficial en Nueva York y el mismo funcionario lo transformó en huracán cuando, para intentar explicar por qué su esposa había conseguido un asiento gratis en el avión presidencial dijo que en rigor había pagado US$ 5.300 por un vuelo en enero que finalmente nunca había hecho. Para que quede claro: con su sueldo como jefe de Gabinete, Adorni no puede pagar siquiera la mitad de ese pasaje. Luego se supo que el jefe de Gabinete había viajado también con su esposa y sus hijos a Punta del Este en un avión privado junto a un amigo a quien contrató en la TV Pública. Si Adorni pagó ese vuelo, tal como dice él, la cuenta de la familia Adorni sólo en el rubro pasajes al extranjero durante enero de este año alcanzaría los 15 mil dólares. Hasta que llegó al Gobierno, e incluso varios meses después de asumir como vocero, Adorni vivía con su familia en un populoso edificio de la Avenida Asamblea. A los vecinos que lo veían salir de ese primer piso en Parque Chacabuco hacia la Casa Rosada les debe resultar imposible de entender cómo consiguió saltar en menos de dos años desde esos pasillos de austeridad soviética hasta la butaca de un avión privado para pasar un fin de semana largo en Punta del Este. El calvario del jefe de Gabinete parece lejos de su final. Adorni tendrá que hablar de sus viajes, y de sus ingresos y egresos, ante el Congreso, y tendrá también que afrontar las nuevas revelaciones sobre las contrataciones que impulsó. Tendrá que seguir parado durante un tiempo más en la picota, en un momento en el que el Gobierno necesita buenas noticias y no escándalos. El Presidente, que ya detectó que el mandato que se autoimpuso -terminar con la inflación- tendrá que esperar un poco más para ser cumplido, y que 2026 será un camino cuesta arriba por varias razones, vio como uno de los costados del Gobierno que creía más firmes está en medio de un tembladeral. A ningún Presidente le gustan esa clase de sorpresas. Sobre la firma Newsletter Clarín

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