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Parana » Cuestion Entrerriana
Fecha: 12/03/2026 18:53
La Comisión Nacional de Energía Atómica y las distintas empresas con participación estatal del sector nuclear argentino están atravesando un proceso de incertidumbre. En la CNEA se vencen más de 300 contratos a fin de mes y aún no hay certezas de su continuidad, fuertes versiones indican la decisión de los funcionarios libertarios de no renovar una parte de los contratos, a los que se considera despidos encubiertos. Víctima de un desmembramiento voraz en los 90 cuando el Gobierno de Carlos Menem intentó cerrar la CNEA, hoy enfrenta un nuevo embate. Cuando a fines del año pasado se desarrolló un cambio de timón en el sector nuclear, yéndose Demian Reidel por la puerta de atrás luego de un escándalo por sobreprecios en Atucha; asumieron por un lado Martín Porro en la presidencia de CNEA y Federico Ramos Napoli en una nueva sección a cargo de la política nuclear del Ministerio de Economía (la Secretaría de Asuntos Nucleares). Ambos venían de cumplir un papel de ajuste y recortes en la empresa Dioxitek, que es la que se encarga de hacer la materia prima (dióxido de uranio natural) para los combustibles de las centrales nucleares argentinas; tarea que incluyó despidos y persecución sindical, sosteniendo en una entrevista que dieron para el medio Ecojournal en enero que había un sobredimensionamiento. La gestión libertaria se encargó de dejar los sueldos de la CNEA por el piso. Hoy un profesional con formación en áreas claves del sector cobra menos de $1500000, lo que provocó un éxodo de ingenieros, físicos, técnicos que llega a los 500 durante los dos años de gobierno de Milei. Esto se suma a una deuda millonaria con los distintos proveedores de servicios tercerizados como energía eléctrica, limpieza o el mismo servicio médico que expide licencias para el personal que opera con material radioactivo. Esto sin contar el abandono de proyectos como el reactor Carem, un prototipo de reactor SMR (tecnología buscada por las principales potencias nucleares) abandonada su construcción apenas inició este nuevo gobierno. En las empresas asociadas donde la CNEA tiene participación accionista como NASA luego del traspié de Reidel y su escándalo por sobreprecios la amenaza de la privatización no cede; de hecho, en la PIAP de Neuquén los trabajadores cobran el sueldo en cuotas. Los presagios son infaustos en cuanto a la renovación de los contratos plazo fijo: se trata de más de 300 contratados en todo el país a quienes en diciembre del año pasado se le renovó su relación laboral solo por 3 meses. Este 31 de marzo se vencen los mismos y todavía no hay ni una comunicación oficial de que va a pasar con esos puestos de trabajo. Distintos gremios como ATE han pedido reuniones sin ser recibidos, mientras que las asambleas de trabajadores se han multiplicado en todo el país con una gran participación. En la CNEA se realizan diferentes actividades que no se relacionan solo con la tecnología nuclear en cuanto a la energía, sino que los trabajadores contratados realizan tareas para la producción de radioisótopos para la medicina y la industria, irradiación de productos médicos y alimenticios, entre otras aplicaciones y proyectos. En el sector se habla de una indefectible destrucción del sistema científico tecnológico argentino para postrarse a los pies de Estados Unidos, y fortalecer un plan de reprimarización donde solo se rifen los bienes comunes naturales, como lo es el uranio y otros minerales que actualmente no se explotan en la Argentina. Las últimas semanas no han sido solo de preocupación por el ajuste que quieren llevar adelante los funcionarios del gobierno en el sector nuclear, sino también se viene madurando un profundo malestar por la presencia exacerbada del cuerpo de Gendarmería en la entrada de los lugares de trabajo. Ahora cada entrada a los puestos de trabajo se fiscaliza con disciplina militar en presencia de los gendarmes con armas largas y cascos para amedrentar en un show que la mayoría tilda en redes sociales como delirante, sin embargo, los trabajadores temen esbozar la sospecha concreta de que se preparan pero para otra guerra: para meter miedo y que nadie quiera protestar cuando se den los despidos.
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