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» La Nacion
Fecha: 11/03/2026 15:13
La historia no contada de la liberación de Nahuel Gallo, una mexicaneada diplomática que la AFA gritó como un gol El gobierno venezolano acordó con Tapia y parte de la oposición a Milei sacarlo de prisión, pero con la condición de que no se informara a la cancillería argentina; frustró así los planes de un sector libertario que quería tramitarlo vía Trump - 8 minutos de lectura' Si el conflicto pudiera graficarse en un resultado futbolístico, hasta ahora estaría así: AFA 1 vs. Gobierno 6. Es una metáfora que eligen cerca de Claudio Tapia, presidente de la entidad de Viamonte, cuando recuerdan esa especie de gol de descuento que para ellos representó la repatriación del gendarme Nahuel Gallo, preso en Venezuela durante 448 días y liberado gracias a una gestión con la presidenta bolivariana, Delcy Rodríguez. Es decir, una jugada que desconcertó y hasta hizo enojar a muchos libertarios, pero que no alcanza para remontar todas las penurias de Tapia y su colaborador Pablo Toviggino en las causas judiciales por las que se los investiga. Gallo emprendió su regreso a la Argentina el domingo 1° de este mes, minutos antes de que el presidente Javier Milei iniciara su discurso en la Asamblea Legislativa. Para un sector muy cercano al oficialismo, el que encabeza el empresario Leonardo Scatturice, vía no diplomática de acceso del Gobierno al mundo de los republicanos, fue directamente un bombazo, porque frustró la idea de tratar la liberación del gendarme en la reunión que Milei y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuvieron en Miami el sábado pasado. Es decir, seis días después del domingo en que se lo dejó libre por intercesión de la AFA. Le arruinaron el anuncio a Milei, a Trump y a Patricia [Bullrich], se oyó esa tarde de ese lado libertario, que tiene llegada al entorno de Trump con independencia de lo que haga la Cancillería. La liberación, celebrada entre los allegados a Tapia como mexicaneada, fue en realidad un sutil movimiento de piezas alentado por un sector de la oposición argentina que integran desde el abogado Franco Bindi, exasesor de la petrolera Pdvsa, hasta Oscar Laborde, exembajador de Venezuela durante el gobierno de Alberto Fernández, y la diputada Marcela Pagano, que actuaron en conjunto con la AFA. Trabajaban en el rescate desde enero de 2025, todavía con Nicolás Maduro en el poder, momento en que la relación diplomática entre la Argentina y Venezuela vivió una situación de especial tensión: se jugaba en Caracas el Campeonato Sudamericano sub 20 y la entonces ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, le recomendó públicamente al seleccionado argentino no ir. ¿Se puede hacer en Venezuela un sudamericano? Habrá que cambiar de sede, la Conmebol lo tendrá que pensar. ¿La Argentina va a mandar gente y chicos que nos pueden secuestrar? ¿Qué diferencia puede haber entre tener a un jugador de fútbol, que puede ser una pieza muy importante, y un gendarme? Lo pueden acusar de cualquier cosa: Argentina mandó dentro de los jugadores de fútbol a uno que fue policía, y a ése lo agarran. Entonces, es un riesgo, dijo la ministra. Pero Tapia desoyó el consejo: la Argentina no sólo fue a jugar sino que salió subcampeón, detrás de Brasil. Había ya un contrapunto de poder. Esa decisión fortaleció desde entonces la relación del sanjuanino con su par Jorge Giménez Ochoa, presidente de la Federación Venezolana de Fútbol y miembro de la Conmebol. Giménez Ochoa, dirigente joven y ahijado político de Delcy Rodríguez, llegó a desempeñarse en el área financiera de Pdvsa. Se alinearon entonces los planetas de la oposición: Bindi, que había sido abogado de Pdvsa y asesor de la provincia de Santiago del Estero, donde se hizo políticamente fuerte Toviggino, contó además con la colaboración Laborde, un exembajador con acceso a Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela. Diplomacia parlamentaria, definió la diputada Pagano. Todo, bajo un pedido expreso de los venezolanos: que no se enterara el gobierno argentino, algo fácil de conseguir por la ruptura de la relación entre ambas naciones. Pero hay que remontarse a una noche concreta y cercana, la del jueves 26 de febrero pasado en el estadio Maracaná, Río de Janeiro, donde se jugó la final de la Recopa Sudamericana que Lanús le ganó a Flamengo, para encontrar el hito más decisivo de la gestión. Lo encabezaron Tapia y Giménez Ochoa en el palco y a través de una conversación telefónica con funcionarios venezolanos que le pusieron fecha a la liberación. Había que resolver, por lo pronto, un inconveniente administrativo: con la vía diplomática interrumpida, ningún avión argentino está autorizado a aterrizar en territorio bolivariano. Y la solución apareció esa misma noche: se le pidió a la aerolínea Bayres Fly, que traslada habitualmente a Tapia, que enviara a Caracas lo que en la jerga aeronáutica se conoce como Notam, que en sus siglas en inglés significa Aviso a la misión aérea o Aviso al aviador, según el caso (Notice to air mission o Notice to airmen). Eso destrabó el trámite y Tapia llegó a evaluar seriamente viajar esa noche desde Río de Janeiro a Caracas para encabezar la delegación que acompañaría al gendarme. No lo hizo sólo por recomendación de sus abogados: estaba en el Maracaná con permiso del juez Diego Amarante, que sigue la causa en la que se investiga a la AFA por presunta retención de aportes e impuestos, y debía regresar al día siguiente a la Argentina. Ahí sí obedeció. Volvió entonces a Buenos Aires con la intención de volver a pedir autorización para viajar el sábado 28 de febrero a Caracas. El argumento que presentó ante el juzgado no fueron la verdadera razón -la liberación de Gallo-, sino la firma de un convenio entre la AFA y la Federación Venezolana de Fútbol en Caracas. FIFA y Conmebol financian proyecto de la FVF con supervisión técnica de la AFA, publicó la entidad de Venezuela en un comunicado en su página web. Pero Amarante no lo autorizó a viajar y casi frustra todo. ¿Había que postergar el viaje? Imposible, porque para ya para entonces el gobierno de Delcy Rodríguez había dado la orden de sacar al gendarme de la cárcel del Rodeo 1, en el Helicoide. Eso hizo que ese sábado circularan en Caracas rumores de que estaba libre. Tapia decidió entonces enviar en su lugar a dos incondicionales: Luciano Nakis, presidente de Deportivo Armenio y prosecretario de la AFA -el famoso secanuca-, y Fernando Isla Casares, director de Protocolo y Ceremonial de la AFA y ex presidente de Estudiantes (Buenos Aires), también llamado El Gaucho. Ambos viajaron al día siguiente, el de la liberación, vuelo que volvió a requerir un Notam. Son los dos que aparecen en la foto de Gallo en el aeropuerto de Caracas, a punto de abordar el Bombardier Lear Jet 60 de Baires Fly que lo trajo a Buenos Aires. Lo que pasó el domingo ya se sabe. Por la tarde, cerca de las 19, la AFA publicó la referida foto en su página web bajo el título El fútbol, un puente humanitario: Nahuel Gallo regresa al país, y la diputada Pagano lo replicó en su cuenta de Twitter. Hubo desconcierto en el Gobierno, múltiples interpretaciones y varios llamados. Pagano lo recordó al día siguiente ante las cámaras de LN+: A mí me llamó alguien de la SIDE que conozco hace muchos años, eso es lo único que voy a decir, para preguntarme si lo que yo estaba escribiendo en mi tuit era así, y yo le dije la verdad. El regreso fue largo. Hubo una escala en Guayaquil, Ecuador, donde los pilotos aprovecharon para publicar en Twitter una foto en la que Gallo tenía puesta una camiseta del seleccionado argentino; otra en Arica, Chile, y aterrizaron cerca de las las 4.30 de la madrugada en Ezeiza. Ahí esperaban, por fin, los funcionarios argentinos: Bullrich; la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva; el canciller, Pablo Quirno, y el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil. También efectivos de Gendarmería que cercaron el acceso y terminaron de convencer a Tapia, que hasta entonces había estado planeando una foto con Gallo, de ni molestarse en ir. No bien la aeronave tocó la pista, dos efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria subieron y le dieron al exprisionero ropa y borceguíes. Gallo se sacó la camiseta, se puso el uniforme y salió a saludar a su familia. Lo esperaba una fanfarria de Gendarmería
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