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» La Nacion
Fecha: 11/03/2026 13:42
¿Con la nuestra? Adorni, su esposa y la doble vara de la austeridad La explicación del jefe de Gabinete sobre el viaje de su mujer en el avión presidencial desentona con el discurso moral del Gobierno y expone dudas sobre la transparencia en la información pública - 7 minutos de lectura' ¿Por qué Manuel Adorni subió a su esposa al avión presidencial en un viaje de Estado? Porque puede. Se permitió, como tantos antes que él, disfrutar de las ventajas que ofrece la función pública para aquellos que tienen el beneficio circunstancial de un cargo relevante. Lo que convierte esta transgresión pícara en una incómoda vivencia política para el jefe de Gabinete de Javier Milei es la desconexión inocultable entre la acción y dos años de prédica moralizante. Adorni es el símbolo de un discurso que convierte en imperativo ético el combate al gasto excesivo del Estado. Nadie como él hizo flamear con más bríos la bandera del no hay plata ni encarnó tan decidido la épica del con la nuestra no. Por eso resultó desconcertante el modo en justificó qué hacía en la gira presidencial su pareja, Bettina Angeletti. Yo quería que ella me acompañe porque es mi compañera de vida. Es la que me da una mano, dijo, en un reportaje con el periodista Eduardo Feinmann. El yo quería dista de ser una razón de Estado. Acaso por eso el funcionario apeló al socorrido recurso de la hipérbole: Vengo una semana a deslomarme a Nueva York, quería que me acompañe. Adorni pide empatía con su esfuerzo, pero sus palabras retratan la fisonomía de un capricho. No le jugó a favor la escasa vocación del gobierno que integra por brindar información pública en tiempo y forma. Nadie explicó exactamente cómo se deslomó el jefe de Gabinete en Manhattan. Según la agenda oficial, tuvo que dar un discurso de bienvenida, el lunes, en el Consulado Argentino y acompañar a Milei a las diferentes actividades que tuvo entre el sábado y el martes. Cuando el Presidente partió de regreso, él se quedó. Hoy tuvo un desayuno de trabajo y después asistió a las jornadas con empresarios y gobernadores en busca de inversiones para el país. El hermetismo no fue por falta de recursos: también viajaron a Nueva York el secretario de Medios, Javier Lanari, y hasta el director de Comunicación Digital, Juan Pablo Carreira, factótum de la Oficina de Respuesta Oficial creada para desprestigiar al periodismo. Preguntas abiertas El particular razonamiento de Adorni para describir por qué su esposa integró la comitiva expuso lagunas y contradicciones que son habituales en la narrativa libertaria cuando la casta deja de ser el otro: * Dijo que Angeletti no le provocó gastos al Estado por volar en un avión que con o sin ella iba a ir a Miami, primero, y a Nueva York, después. Como cuando subimos al Uber a un amigo que vive en el camino de nuestro destino. No es realmente así. Cada pasajero del T01 genera un costo que corre del presupuesto estatal. Están asegurados, consumen la comida, provocan por mínimo que sea- un mayor consumo de combustible en atención a su peso y el de su equipaje, usan el transporte de tierra oficial (que se paga por persona). * El mismo Adorni anunció en agosto de 2024 un decreto que dispuso que las aeronaves públicas no podrán ser utilizadas en viajes particulares y solamente estarán afectadas a tareas que hacen a la condición jurídica del servicio público. Específico que no se iban a usar para trasladar diarios hacia el sur o transportar a familiares, en un mensaje que apuntaba al uso indiscriminado que hacía el kirchnerismo de la flota presidencial. Este es otro privilegio que se termina, dijo, en conferencia de prensa. * El martes reconoció que su esposa se aloja con él en el hotel Langhman, uno de los más caros de Manhattan, con habitaciones que para un cliente común cuestan entre 700 y 1500 dólares la noche en estas fechas. Insistió en que no había gasto adicional por el hecho de que ella durmiera ahí. Es posible. Pero eso no justifica el privilegio de disfrutar de un resort de lujo pagado con los impuestos de los argentinos de bien, para usar terminología libertaria. * En busca de comprensión añadió que él paga de su bolsillo los viáticos de comida y transporte en los viajes al exterior. Semejante muestra de generosidad no corresponde si está en misión oficial. ¿Cómo costea esos gastos un funcionario sin fortuna previa a su ingreso al Gobierno de acuerdo con su declaración jurada- y que tiene un sueldo congelado en poco más de 3,5 millones de pesos? El argumento, de todos modos, ganaría fuerza si hubiera mostrado comprobantes de los consumos que corrieron por su cuenta. * Dijo que su mujer iba a viajar de todos modos a Nueva York y que tenía un pasaje pagado por unos 5000 dólares (un precio que corresponde con las clases superiores). ¿Tenía que viajar igual por una cuestión laboral o era solo para acompañarlo? Si fuera la primera opción, de un modo u otro el beneficio de usar el vuelo y el alojamiento pagado por el Estado podría influir en un negocio personal de Angeletti. Ella se dedica al coaching ontológico y tiene una empresa que fundó en julio de 2024, cuando su esposo ya era vocero presidencial. * Adorni se indignó con las dudas. Insistió en que no entiende por qué causa dudas el episodio, al que considera una cuestión privada. Relató que Angeletti tenía billete para el 26 de febrero, pero por un cambio de agenda la gira presidencial empezó en Miami y eso trastocaba los planes que tenían juntos. ¿No había forma de cambiar el pasaje? ¿Qué deuda tenía con él o con Angeletti el fisco argentino que hizo necesario invitarla al avión presidencial? * También le preguntaron a Adorni por un supuesto viaje a Punta del Este con su familia en un jet privado durante el fin de semana largo de carnaval. Primero dijo que eran cuestiones de la vida privada, luego confirmó que había ido en esas fechas a la ciudad uruguaya, pero se negó a especificar cómo había llegado hasta allí. La frontera entre lo público y lo privado se hace más difusa para quien ocupa el principal cargo en la administración del Estado. Sobre todo, si incurriera en potenciales gastos que pudieran despertar sospechas sobre su patrimonio. ¿O no hay interés público en saber si pagó de su bolsillo un avión privado para irse cuatro días de vacaciones, un dispendio que en apariencia no hace juego con su situación económica? Si el avión lo pagó él o se lo prestaron (y en ese caso quién) son cuestiones que parecen escapar de la esfera de privacidad a la que toda persona tiene legítimo derecho. Antes y después El Adorni del pasado consideraba desconectados con la realidad a los políticos que se movían en aviones privados. Despotricaba contra los presidentes que volaban al exterior con comitivas elefantiásicas. Ya en el Gobierno se convirtió en la cara del ajuste: el verdugo verbal de los científicos del Conicet, los médicos del Garrahan y otros empleados públicos a los que tildaba de ñoquis y parásitos de los contribuyentes. Al experto comunicador esta vez le falló el coaching. El tamaño de su indignación con los demás operó como un búmeran. La minucia del viaje con su esposa adquiere relevancia de Estado por obra y gracia del contraste. Es lo que tiene vivir con el dedo levantado: hay que tener cuidado de no quedar un día delante de un espejo.
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