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Parana » ER 24
Fecha: 11/03/2026 00:35
Contratos II: la hora de nombrar abogados, la pregunta no será sólo quiénes seran, sino a quién obedecen Fuente: La Caldera Los medios cercanos al poder empezaron a instalar como novedad una causa que lleva meses abierta. Lo que ahora se vende como avance no es otra cosa que el anuncio de que los ex popes de la Legislatura, los que autorizaron el mismo esquema por el que se investiga a los perejiles, finalmente serían convocados a designar abogado en Contratos II. Y ahí aparece lo más irritante: no estamos ante un robo nuevo, ni ante una maniobra distinta, ni ante una prueba desconocida. El hecho es el mismo, los contratos son los mismos, los testigos son los mismos y la matriz del saqueo también. Lo único que cambia es que recién ahora empiezan a rozar a los de arriba. Por eso la verdadera pregunta no es si Bahl, Urribarri, Lauritto, Cáceres y Allende van a nombrar defensores, sino qué defensores van a nombrar. Porque si se trata del mismo robo, resulta lógico pensar que también pueda aparecer la misma estructura defensiva. Y en ese punto hay un nombre que sobresale por encima del resto: Miguel Ángel Cullen. No como un abogado más, sino como una figura que se repite cada vez que una causa sensible empieza a acercarse al corazón del poder entrerriano. Cullen ya ocupa un lugar central en la defensa de varios imputados de la causa principal y su presencia, lejos de ser aislada, muestra la existencia de un dispositivo jurídico estable, preparado para contener a los de abajo mientras se define qué hacer con los de arriba. A ese esquema se suman otros nombres que tampoco son neutros en Paraná, como Victoria Halle, hija de José Carlos Halle, y Tomás Vírgala, hijo del exjuez Pablo Vírgala, que tras jubilarse volvió a quedar vinculado al universo de las defensas del caso. No se trata solamente de abogados penalistas. Se trata de apellidos que remiten al mismo entramado político, judicial y profesional que desde hace años gira alrededor de las grandes causas de corrupción de la provincia. En ese contexto, en tribunales vuelve a sonar una vieja versión: que cuando Urribarri vio que su frente penal venía complicado, consultó qué abogado debía poner y Rosario Romero le habria acercado el nombre de Raúl Barrandeguy. Si esa lógica funcionó antes, la pregunta cae sola ahora: ¿los jefes de los contratos truchos volverán a mirar al mismo poder político para decidir quién los defiende? ¿Van a recostarse sobre el mismo equipo que ya contiene a los perejiles, para mantener una estrategia común y evitar fisuras, o aparecerá otra mesa, con otros abogados y otro libreto, porque defender a los ejecutores no es lo mismo que defender a quienes mandaban? Ahí está el punto político de fondo. Si terminan con los mismos abogados, quedará todavía más claro que la defensa de los de abajo siempre fue la antesala de la defensa de los de arriba. Y si cambian, será porque hasta dentro del propio sistema saben que Contratos II puede hacer algo que Contratos I evitó durante años: subir por la cadena de mando.
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