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Parana » NSA
Fecha: 11/03/2026 01:43
Marcelita Iglesias tenía 6 años cuando el 5 de febrero de 1996 una escultura de hierro en el Paseo de la Infanta se derrumbó y la aplastó hasta matarla. La nena estaba en una excursión de la colonia de vacaciones del Banco Hipotecario. Treinta anos después, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) falló contra el Estado argentino por su muerte. De acuerdo con el fallo dictaminado el 26 de noviembre, el tribunal declaró a la República Argentina responsable por «haber incumplido su deber de regular, supervisar y fiscalizar adecuadamente la instalación de la escultura de hierro» que terminó con la vida de la pequeña. Así, el Estado deberá «pagar a los padres la suma establecida en la sentencia por concepto de gastos por tratamiento médico y psicológico» y tendrá que crear un espacio de la memoria y recreativo para la niñez y la adolescencia que, en el caso de que así lo quieran, «deberá realizarse en el plazo de dos años». Además, el Gobierno de la Ciudad deberá hacer una compilación de la normativa aplicable en la materia objeto del caso» y ponerla a disposición del público en forma permanente» en su sitio web. La Justicia vino desde afuera. Acá ningún juez nos escuchó. Le habíamos prometido a Marcela que mientras estemos vivos íbamos a pedir Justicia por ella. Y se cumplió, le dice a Clarín Nora Ribaudo, madre de la víctima. «Es como si se hubiera abierto una ventana en el cielo pera que Marcelita pudiera saber que el caso se resolvió. Nunca bajamos los brazos. Siempre juntos por ella», sigue la mujer, que aún vive en la misma casa de Lugano donde durante años, dice, habló con su hija a través de sus juguetes. «Mi hija hoy tendría 36 años, pero yo la sigo viendo con la sonrisa que tenía», cuenta. Nora tiene 76 años y su esposo 70. A Marcela la tuvo a los 40, después de varios tratamientos. Y fue su única hija. «Cuando nació y la llevé de casa al hospital le dije que la iba a tener en el corazón siempre, hace treinta años que seguí diciéndole lo mismo. Y Marcelita en su momento fue la nena de todo el país, que se conmovió con nuestro dolor», recuerda Nora. El derrumbe fatal ocurrió en Palermo, en el paseo que, tras la muerte de Marcelita, también se conoce como Paseo Marcela B. Iglesias. Ese día, la estructura también cayó sobre otras dos compañeritas, que resultaron heridas. «La jueza de acá en un momento acusó a las nenas de tener la culpa, porque estaban trepadas. Las nenas no pueden mover una escultura de más de 200 kilos», puntúa. En un principio, la causa apuntó contra Danilo Dazinger, el escultor de la obra que ocasionó el accidente. También contra Lowenstein y Diana Lía de Lowenstein, dueños de la Galería Der Brücke; Nelly Perazzo, coordinadora del concurso durante el cual se construyó la escultura; y tres ex funcionarios, por los delitos de homicidio y lesiones culposas. Entre las razones por las que se podía esperar un fallo favorable a los padres de Marcelita se cuentan que la estructura y la instalación de la obra tenían múltiples irregularidades, sumado a la falta de seguridad. La escultura de hierro que aplastó a la niña (que murió en el acto) pesaba más de 200 kilos. La causa había sido declarada prescripta por las juezas de la Cámara de Casación Ana Capoluppo de Durañona y Vedia y Amelia Berraz de Vidal. Sin embargo, su colega, Gustavo Hornos, había votado en disidencia, en contra de la prescripción. El expediente presentado ante la CIDH -que llegó a esa instancia debido a que la causa prescribió en la Argentina- también da cuenta de que, durante la investigación, se verificó que la estructura metálica estaba en evidente estado de oxidación y corrosión; que, a pesar de su gran porte y peso, se encontraba sujeta solo de dos extremos con un único punto de soldadura; y que nunca había sido asegurada debidamente, teniendo en cuenta su peso y proporción. El caso de Marcela Brenda Iglesias llegó así a una instancia decisiva luego de más de tres décadas de reclamos de su familia. SC
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