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  • En Pilará, una casa brutalista expone la vida diara a la naturaleza pero resguarda de la vista de los vecinos

    » La Nacion

    Fecha: 09/03/2026 06:35

    El arquitecto Fernando López Pons diseñó su propia vivienda bajo una premisa clara: abrir las visuales hacia patios y jardines protegiendo la privacidad con una piel de madera - 4 minutos de lectura' Al proyectar su propia casa, el arquitecto Fernando López Pons, del estudio FLP Arquitectura buscó que el verde invadiera los interiores, una intención que se traduce en fachadas vidriadas y un paisajismo de estilo jardín inglés caótico, en sus palabras. Con la obra concluida hace apenas dos años, llegó el momento de montar el interiorismo, que estuvo a cargo de su mujer, la interiorista Sandy Burgol. El terreno en pendiente presume un fondo privilegiado: un horizonte delineado por un monte de casuarinas junto a una perspectiva abierta hacia una cancha de polo. Entramos Necesitaba incorporar un elemento en el living y se nos ocurrió instalar estas pantallas tipo parasol. No solo ayudan a definir el área de la escalera y aportan estabilidad estructural. También, funcionan como un filtro visual: marcan el inicio del recorrido sin obstruir la vista hacia el patio, logrando un doble propósito decorativo y funcional. Con una altura de 3,20 metros de piso a techo, el living cobija una de las decisiones más disruptivas: la orientación de un gran sofá dispuesto de cara al patio de acceso en lugar de mirar hacia el jardín principal. Esta disposición genera una atmósfera de serenidad absoluta. De noche, los olivos se iluminan. Es casi más lindo ver eso que la galería, dice López Pons. El contorno vidriado exigía una buena climatización. Además de losa radiante y equipos frío-calor bajo silueta, en el living se optó por un biohogar con campana exenta, una elección funcional y estética que, a diferencia de una chimenea a leña, evita humo y olor en el ambiente. Todo integrado El comedor se convirtió en el elemento central que materializa la búsqueda de integración entre living y cocina, pero rompiendo con el esquema tradicional de la barra divisoria. El diseño en forma de L integra la cocina al living, pero logra dejarla un tanto oculta a la vista. La experiencia en el comedor se completa con una ventana apaisada a la altura de la vista de los comensales, lo que permite disfrutar de un jardín tropical privado sin quedar expuesto a la mirada de los vecinos. La mesa de 3,5m, hecha con tablones de kiri envejecido, tiene capacidad para hasta diez personas. Se apoya sobre patas de planchuela de hierro oval de gran espesor, que dan unidad al lenguaje industrial de la planta baja. Las sillas Aluminum con ruedas fueron rescatadas de una antigua oficina y retapizadas en cuero natural gastado, dando un toque lúdico al espacio. La cocina, en detalle La textura y el color de los muebles, sin tiradores, dan la sensación de una pared continua. Como no quería que el equipamiento se viera desde el living, utilicé heladeras y lavavajillas panelados que se mimetizan con el resto del mobiliario. Inspirada en la dinámica de los restaurantes, se instaló una estructura de estantes donde todo queda a la vista. Además de reforzar la transparencia del espacio, permite mantener una conexión visual ininterrumpida con el exterior mientras se cocina. Pantalla grande Ubicada a la izquierda del acceso principal, a la sala de TV le imprimieron carácter revistiendo una pared en madera color negro y poniendo de manifiesto la pasión de Fernando por las motos. Este rincón, equipado también con una cava, funciona como un santuario de pasatiempos que refuerza la identidad masculina de toda la planta baja. A la galería El espacio semicubierto de la galería mantiene la estética brutalista, con paredes y techos de hormigón visto que presentan detalles arquitectónicos singulares, como un círculo calado que habilita la vista lateral. La barra del quincho tiene su historia: fue construida con tablones de lapacho provenientes de una antigua cancha de fútbol. A ella se le acopló una pileta de chapa diseñada a medida en forma de tótem cuadrado, una solución artesanal que Fernando ideó para evitar los modelos convencionales y mantener la limpieza visual del conjunto. Una de las decisiones arquitectónicas más audaces fue prescindir de balcones. En su lugar, la planta se organiza alrededor de un patio interno central que funciona como un pivot de luz y aire para el pasillo, el vestidor y el sector de TV. En planta alta La arquitectura de la casa está marcada por una dualidad estética entre sus niveles. En la planta baja, el protagonismo absoluto lo tienen el hormigón visto, el lapacho y una paleta de colores masculina en tonos negros y grises. La planta alta, por el contrario, se transforma en un oasis monocromático y fresco, dominado por el color Bruma (Alba) que se aplicó tanto en paredes como en techos para borrar los límites de la estructura. La planta alta fue proyectada con una inteligencia distributiva que permite la convivencia de diferentes generaciones bajo un mismo techo sin interferencias. Uno de los puntos más destacados es la autonomía del sector de los hijos: La parte de los dormitorios de los chicos está del otro lado. Si cerrás esa puerta, te queda como un departamento totalmente aparte de la casa. Fiel a su estilo de evitar el look caja cerámica, Fernando prefirió estuco en las paredes secas del baño para darle un acabado artesanal y continuo, y dividió el espacio con unos parasoles de madera color gris que bloquean la vista de los sanitarios.

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