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  • Por qué León XIV, al igual que Francisco, se opone a las guerras preventivas como la que ocurre en Irán

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    Fecha: 08/03/2026 06:49

    La ofensiva estadounidense-israelí contra Irán está en pleno desarrollo y tiene un final abierto. ¿Logrará Donald Trump la caída del régimen teocrático? ¿Terminará entronizando a la Delcy Rodríguez iraní que, como en Venezuela, se muestre permeable a su voluntad? ¿Podrá alcanzar el propósito de que los gobernantes iraníes desistan de fabricar armas nucleares con las que devastarían a Israel? ¿Conseguirá Benjamín Netanyahu aplastar definitivamente a Hezbollah en el Líbano y que ya no sea una amenaza para la población israelí? Las respuestas que llegarán con el paso del tiempo a esas preguntas que surgen de los argumentos que blanden Estados Unidos e Israel para haber atacado al país persa suponiendo que el desarrollo de los acontecimientos dé lugar a una lectura tan lineal permitirán evaluar si la ofensiva fue un éxito. En definitiva, posibilitarán establecer si lo que podría englobarse en el concepto de guerra preventiva alcanzó los objetivos y evitó males mayores, más allá de la pérdida de vidas que causó y el riesgo de que el conflicto bélico se desmadre. Leé también: La parálisis de la urbanización de los barrios populares deteriora aún más la relación de Javier Milei con la Iglesia Sin embargo, la Iglesia católica y, de modo muy explícito, los últimos papas, Francisco y León XIV, rechazan toda guerra preventiva. Por lo pronto, al día siguiente del inicio de la ofensiva, el actual pontífice exhortó a los líderes mundiales a detener la espiral de violencia antes de que se vuelva una vorágine imparable. A la vez que advirtió que la estabilidad y la paz no se construyen con amenazas recíprocas, ni con armas que siembran destrucción y muerte, sino solo a través de un diálogo responsable. El secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, en tanto, lamentó que a una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso se la esté sustituyendo por una diplomacia de la fuerza, basada en la convicción de que se puede alcanzar la paz mediante las armas. En el caso de la guerra preventiva, advirtió que si a todos los Estados se les reconociera apelar a ella según criterios propios y sin un marco jurídico supranacional, el mundo entero correría el riesgo de arder en llamas. En la encíclica Fratelli Tutti, Francisco afirma que la Iglesia acepta la posibilidad de una legítima defensa por la fuerza militar, que supone demostrar que se den algunas condiciones rigurosas de legitimidad moral. Pero señala que fácilmente se opta por la guerra detrás de todo tipo de excusas supuestamente humanitarias, defensivas o preventivas, acudiendo incluso a la manipulación de la información. De hecho, en las últimas décadas todas las guerras fueron pretendidamente justificadas. Insiste en que fácilmente se cae en una interpretación demasiado amplia de este posible derecho. Así se quieren justificar indebidamente ataques preventivos o acciones bélicas que difícilmente no entrañen males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. E incluso advierte que a partir del desarrollo de las armas nucleares, químicas y biológicas () se dio a la guerra un poder destructivo fuera de control que afecta a muchos civiles inocentes. Entonces ya no podemos pensar en la guerra como solución, debido a que los riesgos probablemente siempre serán superiores a la hipotética utilidad que se le atribuya, subraya. Concluye que ante esta realidad, hoy es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible guerra justa, un postulado que, si bien la Iglesia siempre aceptó, el desarrollo armamentístico está poniendo en tela de juicio, según Francisco. De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia católica, que data de 1992, para que una guerra esté justificada, debe librarse para combatir un mal grave; el daño causado al librar la guerra no puede ser más grave que el mal que se pretende eliminar, debe haber una seria perspectiva de éxito y todas las alternativas a la guerra ya deben haberse intentado, citó esta semana el portal católico norteamericano EWTN en un largo análisis de la guerra preventiva. Leé también: Una monja tucumana ya llevó casi 200 ambulancias a Ucrania y lucha para que la guerra no quede en el olvido El profesor de Teología en el Thomas Aquinas College, Taylor ONeill, consultado, apuntó a la honestidad de la decisión. Para que una guerra esté justificada, se necesita causa justa y recta intención, lo que significa que no queda justificada si en realidad la intención al ir a la guerra es otra cosa, dijo. Por lo tanto, señaló que debe existir una amenaza inminente con algún arma de gran potencia o una acción militar que efectivamente se ejecutará. ONeill admitió que a menudo es difícil para el público en general saber si la causa es legítima y si realmente se trata del último recurso. De todas maneras, el decano de Teología Moral en la Catholic University of America, Joseph Capizzi, dijo que, una vez consumada la acción militar, la dilucidación de estos dilemas debería ir por el lado de la gravedad que efectivamente tenía la amenaza y si se logró disminuir o poner fin a esa amenaza. Tras admitir que una amenaza extrema podría acelerar el proceso hacia un uso justo de la fuerza, Capizzi destacó la importancia de establecer si el daño causado por la guerra será más grave que el mal que se pretende aliviar, teniendo siempre como norte la paz. En ese sentido, señaló que meramente decapitar un régimen no es un resultado político suficiente, ya que crea un desorden político que es muy difícil de controlar. En la misma línea, ONeill dijo que para llevar adelante la acción militar tendría que haber algún tipo de plan y una expectativa real de que este plan va a tener éxito, basado en evaluaciones de inteligencia e información muy creíble en cuanto a qué ocurrirá después de los ataques. De lo contrario, sostuvo, no podrían cumplirse los criterios de una guerra justa porque no se tendría claro el probable resultado. Leé también: Mientras Milei se acerca a León XIV, su vínculo con la Iglesia argentina es cada vez más frío y distante Además, afirmó que el cálculo sobre la licitud moral de la acción bélica debería considerar los resultados de intervenciones previas, en este caso en Medio Oriente, como Afganistán, Irak, Siria y Libia. Sí lograron un cambio de régimen, una situación mejor para la población y una mayor seguridad para la región. ¿Todos estos presupuestos fueron debidamente analizados por los responsables de la ofensiva? ¿Acaso Irán es como Venezuela y Medio Oriente como América Latina? ¿Arrojan luz las cambiantes declaraciones del presidente Donald Trump o suman más incertidumbre sobre el futuro de la vía elegida? En el fondo, ¿las guerras preventivas son la solución? Si bien la Iglesia católica no es pacifista porque reconoce el derecho a la legítima defensa y trabaja para la desactivación de conflictos, a esta última pregunta Francisco y León XIV ya la respondieron.

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