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  • El diálogo como acto de coraje político

    Concepcion del Uruguay » La Calle

    Fecha: 08/03/2026 06:11

    Una frase que marca un rumbo Sigo profundamente convencido en los valores del diálogo. Del diálogo que concede, del que posibilita acuerdos, afirmó el intendente José Eduardo Lauritto al iniciar la apertura de sesiones del Honorable Concejo Deliberante. No fue una frase protocolar. Fue una definición política. Hablar hoy de diálogo y, más aún, del diálogo que concede implica asumir una posición contracultural frente a un clima donde ceder suele presentarse como debilidad y acordar como claudicación. Lauritto planteó lo contrario: que conceder no es rendirse, sino construir; que acordar no es perder identidad, sino fortalecer la institucionalidad. Esa distinción no es menor. Es, en buena medida, el núcleo del debate democrático contemporáneo. La política municipal no admite ficciones En la escala local, la política no puede transformarse en espectáculo permanente. Aquí no se gobierna para una audiencia abstracta ni para redes sociales polarizadas. Se gobierna en una comunidad concreta, donde las diferencias ideológicas conviven todos los días en la misma escuela, en el mismo hospital, en el mismo barrio. El municipio es el último eslabón del Estado que mantiene contacto directo y cotidiano con la ciudadanía. Cuando ese espacio se contamina con lógicas de destrucción simbólica, lo que se erosiona no es una fuerza política, sino el tejido social. Por eso, cuando el intendente coloca el diálogo en el centro, está definiendo una concepción del poder: gobernar no es amplificar el conflicto para capitalizarlo, sino administrarlo para que no fracture la comunidad. Esa diferencia es sustancial. Democracia no es unanimidad, es convivencia El diálogo no supone ausencia de tensiones. La democracia no es armonía artificial. Es conflicto regulado. Es pluralidad organizada. Es la aceptación de que el otro, aunque piense distinto, tiene la misma legitimidad de origen. Lauritto recordó que él, al igual que distintos presidentes y gobernadores han sido elegidos por el voto popular, y que esa legitimidad impone una obligación: convivir institucionalmente. Esa afirmación, sencilla en apariencia, encierra una convicción republicana profunda. En tiempos donde la descalificación se vuelve método y la sospecha reemplaza al argumento, reivindicar la legitimidad del otro es defender la democracia misma. El mayor riesgo para una comunidad no es la diferencia de opiniones, sino la ruptura del espacio donde esas diferencias pueden discutirse sin destruirse. Gobernar es resistir la tentación de la ruptura La política enfrenta hoy una tentación permanente: radicalizar el discurso para consolidar identidades, convertir cada desacuerdo en una frontera moral, simplificar la complejidad en consignas binarias. Esa lógica puede ser eficaz en términos electorales, pero resulta profundamente dañina en el plano institucional. El municipio no puede funcionar bajo la lógica de la guerra permanente. Necesita cooperación, coordinación y previsibilidad. Necesita reglas que todos respeten aun cuando no coincidan en todo. Cuando Lauritto reivindica el diálogo que concede y posibilita acuerdos, está marcando un límite claro a esa deriva. La gobernabilidad no se construye sobre la humillación del otro ni sobre la espectacularización del conflicto. Se construye sobre acuerdos básicos, respeto institucional y una conciencia elemental: el poder es transitorio; la comunidad, permanente. Conceder no es debilidad, es madurez política El diálogo que concede implica reconocer que ningún actor tiene la totalidad de la razón. Supone aceptar que la política democrática es necesariamente imperfecta y que las soluciones duraderas nacen del intercambio, no de la imposición. En la escala municipal, esa madurez es indispensable. Aquí las decisiones impactan directamente en la convivencia cotidiana. La política no puede darse el lujo de romper los puentes que luego necesita cruzar. Conceder es, en definitiva, una forma de inteligencia institucional. El liderazgo en tiempos de fragmentación No es sencillo sostener una posición moderada cuando el entorno empuja hacia la estridencia. No es sencillo hablar de convivencia cuando el clima público premia la confrontación. Pero el liderazgo no consiste en adaptarse al ruido, sino en moderarlo. La apertura de sesiones no fue solo una exposición de gestión. Fue la reafirmación de un estilo de conducción. Lauritto eligió un tono institucional y reflexivo, consciente del momento histórico. No buscó aplausos fáciles. Buscó reafirmar un método. En ciudades intermedias como la nuestra, el liderazgo no se mide por la intensidad del conflicto que se genera, sino por la capacidad de sostener la cohesión social aun en escenarios adversos. Fraternidad y libertad Hay una idea que adquiere especial relevancia en este tiempo: la fraternidad como medio para la libertad. La verdadera libertad no es aislamiento ni imposición individual. Es la posibilidad de desarrollarnos en un marco de respeto mutuo, donde las diferencias no se transforman en enemistades irreconciliables. Si el diálogo es el camino y el encuentro es el método, la fraternidad es el resultado. Y esa fraternidad no es sentimentalismo: es arquitectura institucional. Es el entramado que permite que una sociedad discuta sin desintegrarse. Quizás por eso, más que nunca, la fraternidad deba entenderse este año como un medio para la verdadera libertad. Porque solo en un clima donde el otro no es enemigo, la libertad puede ejercerse sin miedo. Cuidar el sentido de la política El mensaje inicial del intendente fue más profundo de lo que podría parecer. El diálogo no es una consigna decorativa: es una defensa del sentido mismo de la política. Cuando el espacio común se destruye, cuando la palabra pierde valor y el adversario se convierte en enemigo, la democracia se debilita. Y cuando la democracia se debilita, ninguna gestión por eficiente que sea puede sostenerse en el tiempo. Gobernar es administrar recursos, sí. Pero también es cuidar el clima institucional. Es proteger la posibilidad de discutir sin romper. Es garantizar que las diferencias no se transformen en fracturas irreparables. Lauritto abrió el año legislativo con esa premisa: diálogo que concede, diálogo que acuerda, diálogo que construye. En tiempos donde lo fácil es confrontar, insistir en el diálogo no es ingenuidad. Es una definición política de fondo, para la ciudad y la provincia. (*) Abogado y Concejal. Vicepresidente 1° del HCD de Concepción del Uruguay. Presidente del Bloque Juntos por Uruguay P J.

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