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» Clarin
Fecha: 08/03/2026 00:00
Donad Trump habló ayer de su infalibilidad y de su olfato electoral. Otra vez usó de ejemplo a un sonriente Javier Milei, sobre quién el presidente norteamericano dijo que le ayudó a ganar una elección que parecía perdida. Aquella ayuda crucial de Washington, que el libertario reconoció en el stand-up que hizo en el Congreso, le dio fuerzas a Milei para la arrolladora victoria de octubre pasado. Pero no fue Trump el que votó entonces, sino que los argentinos votaron para aupar a Milei. Esto lleva a una conclusión elemental, obvia pero muchas veces olvidada por las pasiones enceguecidas, que las elecciones son fenómenos nacionales en la que la decisión final la toma el electorado local y sus humores. La suerte política de Trump dependerá de los americanos y el jefe de La Casa Blanca hace lo que hace pensando en las elecciones de medio término que, por ahora, vienen con pronóstico reservado. Por eso, en medio del combate contra la teocracia iraní, decapitó a la responsable de la seguridad interna, una trumpista de lealtad probada, porque alguien debía comenzar a pagar el costo político de las brutales redadas anti-migrantes que afectan la imagen del magnate. No solo eso: el efecto inmediato de la guerra sobre los precios en Estados Unidos influye directamente en el voto y la demora de un alivio en la economía interna preocupa a los republicanos. La perspectiva de un pato rengo en Washington por el doble efecto de la derrota y del impedimento de ser reelecto, que Trump intenta sortear, tendrían aquí un impacto cierto que puede influir en la política económica libertaria. En el momento de mayor volumen político, Milei busca imitar a Trump. Y se vio en la Asamblea Legislativa. El Presidente, con esa performance, dio el puntapié inicial a su campaña por la reelección en 2027, eligiendo hablar a los fantasmas del pasado. Cualquier no avisado no hubiera entendido un discurso donde se vio a quien apostrofaba, pero no a los insultadores funcionales desde las bancas que reúnen a la diáspora peronista. Porque, como dice un veterano justicialista, hoy no hay peronismo, hay peronistas. A pesar de la épica defensa de su política económica, hay signos de fragilidad -recaudación para abajo, que obligará a un nuevo ajuste, señales evidentes de recesión, pérdida del valor del salario- que no restan valor al equilibrio alcanzado y a la baja de la inflación. Pero son síntomas que hay que tener en cuenta en medio de tanto ditirambo. La estrategia de la Casa Rosada es mostrar que hay un pasado que está emboscado y que puede volver con Cristina a la cabeza, aunque resulta difícil de imaginar hoy esta resurrección. Sin embargo, la microeconomía comienza a pesar mucho en el estado general de la sociedad. Ya hay mediciones serias que muestran que las principales preocupaciones se enfocan en los precios, tarifas y como llegar a fin de mes. Milei, para sumar contrincantes, subió al cuadrilátero a los empresarios, alguno de los cuales agravió seriamente. La intención presidencial es, como con otros sectores, disciplinarlos y sofocar cualquier reacción que su política de amplia apertura provoque. La primarización de la economía argentina, la que Milei expuso en el Congreso, es la asunción del rol que el país debe tener en este nuevo y tumultuoso orden mundial en formación. Según esa visión, el costo social de la reconversión dolorosa obligará a los que puedan nuevos aprendizajes y roles en una economía de servicios. Conseguida la reforma laboral, necesaria para modernizar una legislación que respondía a otra realidad, ahora viene la reforma política, enderezada aparentemente a terminar con viejas conductas pero que en el fondo responderá a las necesidades de la reelección de Milei. Estas versiones sobre boleta única pero incluyendo el nombre del Presidente para que arrastrar candidaturas, es bastante parecida a la boleta sábana. Salvo que ahora bastaría con hacer una cruz para votar todas las categorías, según los primeros borradores. El ala política del gobierno que controla Karina Milei con Lule y Martín Menem se ha constituido, más allá de las palabras, en el sector más pragmático: las negociaciones de Diego Santilli con los gobernadores o las de los Menem con otros sectores, como el judicial, muestran que la negociación obliga a concesiones mutuas para lograr objetivos. En la puja con Santiago Caputo, que es pública y sin cuartel, no se ahorran nada. Una muestra: se dice que Sebastián Amerio, hombre de Caputo, se enteró de su remoción como segundo de Justicia por medio de Rodolfo Tailhade, un kirchnerista paladar negro, a quien le habría anticipado Lule Menem de la novedad. Y otra muestra de pragmatismo y eficiencia es que el ex macrista y ex larretista Juan Bautista Mahiques haya desembarcado en Justicia. Tiene experiencia en el trasiego de la política y el derecho y, por cierto, se mueve como pez en el agua entre sus contactos de todo tipo con jueces, políticos, empresarios y periodistas. Estuvo fugazmente como vicerrector de la Universidad de la AFA pero se fue a tiempo. Siempre tuvo el ojo supervisor de los problemas legales que enfrentaba la AFA, y, sobre todo, Pablo Toviggino. Los que saben dicen que Mahiques no tiene buena relación con Daniel Angelici, otro personaje que siempre se menciona en las sombras de la política. Un irónico observador aseguró que la designación de Mahiques provocó un estallido de alegría en el campamento de Karina Milei, por la conquista para esa fracción del Ministerio de Justicia, y una sensación de alivio en la famosa quinta de Pilar que le atribuyen a Toviggino. Sobre la firma Newsletter Clarín Newsletter Clarín
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