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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 07/03/2026 21:15
Podría estar muerta. Pero acá estoy escribiendo en una silla de ruedas, en el aeropuerto de El Calafate, tratando de no apoyar la pierna resentida por el golpe, relató la periodista Valeria Schapira tras su experiencia extrema en la Patagonia chilena. El accidente en el Parque Nacional Torres del Paine la obligó a enfrentar un intenso dolor físico y un proceso de retorno atravesado por el temor y la vulnerabilidad. La comunicadora narró que, durante su visita al parque trasandino, una ráfaga de viento cercana a los ochenta kilómetros por hora la arrojó desde una pasarela sin baranda. Según relató en Instagram y en una charla con Teleshow, la caída pudo haber resultado fatal. Durante el trayecto en solitario, Schapira sufrió el accidente al intentar tomar una fotografía para una pareja. Por mejorarle la foto a una pareja en Torres del Paine, quise sacar una segunda toma y una ráfaga de viento de casi 80 kilómetros por hora me empujó al vacío, escribió en Instagram. Agregó: Era una pasarela mal hecha, sin contención. Un viento inesperado y mis casi ochenta kilos cayendo de espaldas desde más de un metro de altura. El golpe provocó lesiones en su pierna y desencadenó una serie de desafíos para recibir ayuda en un entorno inhóspito. No me respondía la rodilla, contó en Teleshow, y reconoció que temió por la gravedad del daño inicial, sin poder apoyar la pierna y bajo el shock de la caída. Mientras aguardaba el regreso a casa, la periodista compartió en sus redes: Escribo para recordarme que estoy viva. Porque podría estar muerta. Y no es un chiste. El entorno de Torres del Paine impone condiciones extremas. Schapira admitió en Teleshow que, pese a su experiencia en lugares hostiles, subestimó el peligro. Esta cosa de que si estuve en la Antártida, ¿qué me va a tirar un vientito acá?, reflexionó. Relató que una guía de la excursión había advertido sobre el protocolo en caso de ráfagas intensas: háganse bolita. Además, un cartel advierte que, en caso de que el viento supere los 80 kilómetros por hora, el parque se cierra. En esta ocasión, la flecha que señala la velocidad del viento casi rozaba esa zona roja: las ráfagas indicadas eran de alrededor de 75 kilómetros por hora. La profesional, acostumbrada a destinos desafiantes, confesó: Minimicé el relato de una chica sobre los vientos. De hecho, cuando filmé la flechita esa, fue como premonitorio. Describió el instante en que se produjo el accidente: Sentí que volé para atrás... Caí boca arriba. No entiendo cómo no me golpeé la cabeza. Estaba lleno de piedras ahí. Tras la caída, el auxilio llegó de inmediato gracias a otros turistas y la guía. Me llevaron en un grito como cuatrocientos metros hasta la combi, relató. Una vez trasladada, recibió atención en la posta sanitaria local. Me bajaron de la combi en una camilla. Me dice la piba: Te corto la calza ¿Tenés otra ropa? No, le digo. Y cuando vi que ya podía estirar la pierna y levantar la calza, me di cuenta que la gravedad no era tanta, explicó en referencia al primer examen realizado por Constanza, una enfermera embarazada. La periodista reconoció que, por primera vez, tomó dimensión de su vulnerabilidad: Verme en una camilla de emergencias por primera vez me hizo tomar conciencia. Luego de la evacuación, con ayuda del personal y de otros visitantes, logró regresar a su hospedaje. La vuelta al hotel se realizó con el acompañamiento solidario de choferes del micro y del personal, quienes facilitaron cada paso hasta que Schapira pudo descansar y recuperarse parcialmente en la habitación. Ya en Puerto Natales, la experiencia cotidiana adquirió una nueva dificultad: Estuve tres días viviendo como un discapacitado... Me pude poner en la piel de un discapacitado, se sinceró Schapira a Teleshow. Refirió que el hotel no tenía ascensor y que debió depender del entorno y la empatía de desconocidos. Enfatizó: Toda la gente, tengo que decir, tuvo una voluntad maravillosa. Desde cada persona que me llevaba en un remis hasta los choferes del micro. El dolor persistía y la periodista sólo pudo caminar con ayuda de un bastón a la espera de una evaluación médica más precisa en Buenos Aires, ya que, contó, el dolor en la pierna persiste. El regreso a El Calafate insumió seis horas de viaje y varios traslados complejos. Bajando en aduanas y todo, describió. Subrayó cómo el trato humano compensó la falta de infraestructura adecuada, pero señaló con claridad: Una persona en una silla de ruedas no puede ir a ese lugar. En su diálogo con Teleshow, Schapira insistió en el valor de la solidaridad: Tengo una gratitud infinita, porque toda la gente hermosa, desde cualquier taxista hasta la gente de Aerolíneas Argentinas, que me puso la silla de ruedas, todo es gratitud. Afirmó sentirse afortunada, convencida de que sobrevivió gracias a lo que considera un milagro. Yo creo en los milagros, resumió. En su reflexión final, la periodista destacó que lo que la Patagonia no tiene de accesible, lo tiene de gente amable y solidaria.
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