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Fecha: 07/03/2026 23:18
En el discurso inaugural de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, el presidente Milei hizo caso omiso de las buenas formas, y calificó a los representantes de la oposición de corruptos o ignorantes en numerosas ocasiones. Tan numerosas que alimentaron la sensación de que esa parte del evento - las digresiones - era la que más le interesaba. El discurso estuvo plagado de anuncios difusos alrededor de las 90 reformas estructurales que abarcaran todas las áreas de gobierno. Reformas impositivas, de la legislación electoral, de los códigos civil y comercial. Nada concreto, aunque sí necesario para atender al plan de gobierno. Por eso dedicó un parco reconocimiento al Congreso más reformista de la historia, al que debe las reformas ya convertidas en ley y del que depende para avanzar con las siguientes. El Presidente debe hacer equilibrio entre los insultos, la auto celebración y la necesidad de contar con aliados para pasar leyes en 2026, pues en 2027 las piezas ya estarán buscando ordenarse y, probablemente, será tarde. Por la falta de anuncios concretos, resalta tanto lo otro: el hábil manejo de la escena con el que el Presidente se interrumpió a menudo para escupir insultos a la oposición. Cabe recordar que en agosto del año pasado, el presidente Milei había prometido no insultar más a la oposición. Ese rapto de moderación de Milei, en vísperas de las elecciones legislativas, quedó definitivamente en el olvido el domingo pasado. ¿Por qué, si la sensación que flota en el aire es que no tiene oponentes y se encamina a la reelección sin tropiezos a la vista? Quizás en esa misma comodidad esté la respuesta: en la política del siglo XXI, ganar una elección depende más de la abyección que genere el opositor que de la adhesión que genere uno mismo. Para Milei, enterrar al kirchnerismo dejaría abierta la puerta a que alguien que no provoque tanto rechazo ocupe el espacio de la oposición. No es un buen negocio electoral. Milei, el que viene de fuera de la política, se ha convertido en un político profesional, con un proyecto político definido: la reelección. Se nota en su discurso, que aplica tácticas de la vieja política, se nota en el manejo de la política económica, que se resiste a seguir los lineamientos liberales de la campaña de 2023 y sacrifica ideales en pos del rédito que ese sacrificio tiene en las encuestas de opinión, y se nota las formas, que vuelven a ser las que le rindieron fruto en las campañas. Nos pueden gustar más o menos su gobierno o sus formas, pero son las que son. Más allá de los gustos personales, quizás haya que verlas como parte integral de un plan de gobierno y de un plan político. El Estado de la Nación, un anglicismo que hemos adaptado para describir el discurso que inaugura las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, cayó víctima del plan político. El domingo pasado, Milei inauguró las sesiones ordinarias y, al mismo tiempo, inauguró la campaña presidencial de 2027.
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