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  • Memorias del 24 de Marzo

    » Clarin

    Fecha: 07/03/2026 07:12

    La visión que ha predominado sobre la última dictadura militar afirma que el presidente de facto Jorge Rafael Videla y quienes lo sucedieron tenía la primacía de las decisiones políticas, mientras el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, concentraba todas las estrategias económicas. Dos libros publicados en el contexto de los 50 años del golpe del 24 de marzo del 76, matizan esa visión. Alejandro Bonvecchi y Emilia Simison, en Cómo gobernó la dictadura. Facciones, instituciones y políticas en el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) (Edhasa), analizan con exhaustividad los archivos de la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL), un organismo creado por las propias Fuerzas Armadas en reemplazo del Congreso, en donde se debatían, modificaban o rechazaban los proyectos de ley presentados por el Poder Ejecutivo, así como las Actas de la Junta Militar y el Boletín Oficial. El análisis de esta documentación inédita permite observar el verdadero funcionamiento interno del llamado Proceso de Reorganización Nacional mostrando la existencia de facciones y pujas internas en el tratamiento de los más diversos temas, como el alcance de la represión ilegal o la reforma de la economía. Lleva también a relativizar dos hipótesis centrales: 1) la idea de que los jerarcas militares gobernaron de manera completamente arbitraria y discrecional, cuando en gran medida lo hicieron constreñidos por reglas que ellos mismos se impusieron para compartir el poder; 2) la idea de que el programa económico implementado fue el pergeñado por el equipo dirigido por Martínez de Hoz, cuando en rigor las facciones opuestas a él consiguieron limitar, bloquear o revertir varias de sus principales iniciativas. En el mismo sentido, Carlos Malamud, en Golpe militar y dictadura en Argentina (1976-1983) (Catarata), realiza una minuciosa reconstrucción del contexto histórico en el que se produjo el 24 de Marzo y la imposición de un régimen que terminó condenado al fracaso, producto de sus propias contradicciones, y embarcando al país en la única guerra que la Argentina libró en el siglo veinte. Una guerra cuya derrota terminó precipitando el final de aquella dictadura y la recuperación de la democracia. Una moraleja sigue vigente, medio siglo después: las dictaduras, por más justificativos que encuentren e ideologías que esgriman -"de derecha" o "de izquierda"- no sirven para instaurar o restaurar un orden. Solo sirven para encubrir o suspender un desorden, o, en el peor de los casos (y este fue uno de ellos), transformar ese desorden en un régimen de terror. Sobre la firma Newsletter Clarín Newsletter Clarín

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