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» TN
Fecha: 07/03/2026 06:04
Marc Eugène apenas habalaba castellano cuando llegó a la Argentina en el 2003. Acababa de egresar como chef de una escuela de hotelería de Francia y tenía un sueño: recorrer el país como mochilero, conocer el campo y no tocar su tarjeta de débito, sino mantenerse con su labor. Tenía la ilusión de trabajar de gaucho. Era otra época, no había celulares y uno estaba más libre, dijo a TN el francés, como se lo conoce en San Telmo, donde abrió un bistrot en el 2015. Leé también: En Quilmes, una pizzería napolitana abrió en un estacionamiento abandonado con un horno italiano único Marc se bajó del avión con pocas cosas: un par de zapatos, una mochila, algo de ropa, una camarita Kodak descartable, un pasaje abierto y las ganas de recorrer cada rincón de la Argentina. En una estancia de Caleta Oliva, logró convencer al jefe de una comparsa de esquiladores de tomarlo a prueba. Me decía sos muy petiso y muy blanco, no vas a llegar, pero igual, le dio una chance. Me dijo agarrá tu mochila, tirala arriba del colectivo y nos vamos. Y así fue que Marc recorrió toda la Patagonia, yendo de estancia en estancia, hasta Ushuaia. Ahí se quiso embarcar en un barco de pesca, pero por falta de algunos documentos, no pudo y trabajó de mozo. Después de un tiempo, puso rumbo para el norte. Cuando no podía trabajar en el campo, trabajaba de lo mío, explicó. Después de un año, llegó a Bolivia. Por primera vez quiso usar su tarjeta de débito pero... se había olvidado del código! Marc se volvió a Francia, volvió a estudiar y siguió unos años sus andanzas por Irlanda, Suecia y Estados Unidos hasta recalar de nuevo en París. Trabajaba en un hotel cerca de la Ópera y me sentía un número, no era interesante, entonces volví a pensar en la Argentina. Extrañaba al país y la cálidez de su gente, sostuvo Marc. En el viaje conocí cosas muy lindas, gente muy linda, conocí todo los pueblos, a la Argentina del interior y me encantó, recordó. También veía más accesible el sueño de tener un boliche propio de este lado del Atlántico. Y, casi por primera vez, descubrió a Buenos Aires. Siempre decía, nunca Buenos Aires, porque la veía como muy ruidosa, mucho quilombo, pero tenía ese lado cosmopolita que también me atraía, sostuvo. Leé también: En Villa Crespo, una moderna cantina china que está inspirada en Hong Kong y el cine de Wong Kar-wai Una propuesta de trabajo en San Telmo lo acercó a ese barrio, que lo terminó conquistando y le recordaba algo del lado bohemio, artístico y pueblino del barrio de Montmartre donde creció. San Telmo es como el Montmartre argentino. Tiene esa cosa de saludarse con los vecinos, gente sencilla, que no se toma demasiado en serio. Aunque fue medio por azar, siempre me deje llevar por el viento, se sinceró Eugène. El cocinero francés empezó de abajo, en una pizzería del barrio. Un amigo me decía tenés un supercurriculum, pero sos muy verde y necesitás tener más calle porque sino te van a comer todos, los proveedores, los empleados.... Marc siguió su consejo y luego estuvo dos años como encargado de un restaurante en el barrio, hasta que un día de 2015, apareció un local en alquiler en una esquina de la avenida San Juan, a dos cuadras de su trabajo. Quería ponerle Chez Eugène, pero me convencieron de ponerle Lo del francés, como me decían los vecinos. Y estuvo acertado. Al principio, Marc pensaba a su local más como un bar y hasta hacía pizzas, pero la gastronomía gala fue ganando terreno y Lo del francés se convirtió en un verdadero bistrot parisino en Buenos Aires. Marc Eugène abrazó la francesitud. En el local, son miles los guiños: desde las remeras a rayas de los mozos (que los franceses sí usan, a diferencia de las boinas), hasta las banderas pintadas en los respaldos de las sillas, una réplica de la Torre Eiffel, citas de galos famosos y hasta una pared pintada de bleu, blan, rouge al estilo Mondrian. Qué comer en Lo del francés En la carta abundan los clásicos, con un twist modeno. La soupe a loignon, que hace con una receta de su abuela a la sumó queso raclette gratinado, el queso camembert al horno o la terrine de campagne (un paté casero de cerdo marinado). También figuran las tradicionales quiches, ensaladas, un conejo a la mostaza de Dijon o la estrella de la casa, el boeuf bourguignon -el clásico estofado de res con vino tinto, panceta, hongos, zanahorias y hierbas- que sale todo el año. Marc lo sirve con unas pommes dauphine, unas deliciosas bolitas rellenas de puré de papa. Leé también: Dos amigos resucitaron una icónica pizzería de Villa Pueyrredón: horno a leña, recetas de la nona y 0 delivery También hay otras especialidades, como los mejillones, recuerdo de sus vacaciones en las playas de Francia, o clásicos del suroeste como los magrets de canard con una salsa de naranja, que salen con un crujiente milhojas de papas. Eugène contó que probó con servir caracoles, pero que no le funcionó. Sí hay lugar para el steak tartare (carne picada cruda), que si bien no es el que más sale hay quienes lo piden. Y para los que están en busca de una buena milanga, el francés tiene su versión en su bodegón: la milanesa florentine" con espinaca a la bechamel y huevo mollet. También ofrece una burger des sommets, una hamburguesa con aires alpinos que lleva queso raclette, panceta y papas rústicas Los postres mantienen el tono de la carta,con una exquisita tarte tatin de manzana caramelizada, una marquise de chocolate 70% y una espectacular crème brûlée. En estos más de diez años, Marc Eugène atraveso de todo. Es fácil abrir un negocio en la Argentina, pero es muy difícil mantenerlo. Hay que adaptarse todo el tiempo, opinó el francés de 41 años. Leé también: Una cocina le cayó encima cuando tenía un año y hoy es uno de los mayores chefs del país: Fue el destino Desde la pandemia y con la caída del poder adquisitivo, cambió bastante la clientela, antes eran todos del barrio y ahora vienen de otras zonas a probar comida francesa, creo que vienen también por el ambiente cálido, es un combo, dijo Marc, que cumplió su sueño de tener su bodegón francés donde comer à la bonne franquette, en un ambiente acogedor y sin tanta ceremonia. Entre los clientes, están los que vuelven de un viaje a Francia y vienen a comer porque ya extrañan, o los que buscan soñar un poco con que están en París porque no les alcanza para el pasaje. Para todos ellos, el francés tiene algo preparado, platos caseros, sabores de Francia hechos con amour y cariño.
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