07/03/2026 09:29
07/03/2026 09:27
07/03/2026 09:26
07/03/2026 09:26
07/03/2026 09:26
07/03/2026 09:25
07/03/2026 09:25
07/03/2026 09:24
07/03/2026 09:23
07/03/2026 09:22
Buenos Aires » Infobae
Fecha: 07/03/2026 07:46
La Unión Europea se mantiene en vilo ante el posible impacto de la guerra en Oriente Medio. La operación militar de Estados Unidos e Israel que acabó con la muerte del líder supremo del régimen iraní, Alí Khamenei, está siendo respondida por Teherán con ataques masivos de drones y misiles contra las bases estadounidenses en los países aliados en Oriente Medio. En medio de este conflicto, la milicia Hezbolah, aliada de Irán, también ha llevado a cabo ataques contra activos de EEUU e Israel, extendiendo la violencia por toda la zona. Y en este contexto, una de las mayores preocupaciones es la repercusión que tendrá esta guerra en los precios de la energía. Porque Teherán no apunta solo a objetivos militares, sino a instalaciones energéticas clave en el suministro global. Uno de sus primeros ataques estuvo dirigido contra la refinería de la mayor petrolera del mundo, Saudi Aramco, en Arabia Saudí, y después contra las mayores instalaciones de gas licuado (GNL), en Qatar, que llevó a la compañía a interrumpir su producción por seguridad. Esta estación es responsable del 20% del suministro global (unos 110.000 millones de metros cúbicos al año). La interrupción temporal del principal suministrador de gas catarí y el bloqueo sobre el estrecho de Ormuz por el que se transporta diariamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y el 30% del gas licuado han provocado que se disparen los precios del gas natural licuado (GNL) y el petróleo en nuestro continente. Incluyendo España. Y es que, a pesar de que no importa petróleo de Irán de manera directa, el mercado lo considera un producto homogéneo y global y cualquier alteración en el flujo mundial repercute en los precios para todos los compradores, lo que a su vez repercute sobre el consumidor. Este jueves, la gasolina en España registró su mayor subida en ocho meses. Las reacciones de los mercados llegaron pocos días después del inicio de los ataques. Este lunes, el índice referencia de los contratos europeos de gas natural, el TTF de Ámsterdam, escaló más de un 40% en un día, en torno a los 45 dólares. Hoy se encuentra ya en los 50 dólares. Kennedy afirma que el ataque del pasado lunes sobre las instalaciones de Ras Laffan nunca había ocurrido en los 30 años de historia de las exportaciones cataríes de GNL. La pérdida de volumen de suministro es potencialmente comparable a la pérdida del gasoducto ruso hacia Europa en 2022, asegura Seb Kennedy, analista de mercados de gas y GNL y periodista independiente. Aunque eso dependerá de la duración del corte. En el caso del barril Brent, el principal referente en Europa, los inversores llegaron a pagar ese mismo día un 7% más. Esto es solo la reacción de los mercados. El impacto real de la pérdida física de gas aún no se ha reflejado en los precios domésticos. No sabemos cuál será el impacto porque los cargamentos de GNL tardan varias semanas en llegar a su destino", añade Kennedy. La guerra pilla con las reservas en mínimos Ana Maria Jaller-Makarewicz, analista principal de energía de IEEFA Europa, alerta que la situación que enfrenta Europa es la mayor llamada de atención sobre la urgencia de acelerar la electrificación del sistema energético desde la invasión total de Ucrania. Una vez más, vemos que la seguridad energética está en peligro por las interrupciones del suministro, la dependencia de las importaciones, la volatilidad de los precios y la incertidumbre del mercado, afirma. La guerra en Oriente Medio ha sorprendido a Europa con las reservas de GNL bajo mínimos desde 2022, pues se encuentran en cerca del 30% de la capacidad. El bloque ha tratado de reducir la dependencia de las importaciones de GNL y el petróleo. Pero, aunque el año pasado la energía eólica y solar generó más electricidad que los combustibles fósiles, esto solo afecta al sector eléctrico, que representa el 20% del consumo energético. El 80% restante proviene en su mayor parte de petróleo y gas. Sin el GNL catarí, el reto de rellenar los almacenamientos europeos es inmenso. ¿De dónde llegarán estas importaciones? Los expertos prevén que Europa buscará gas natural licuado de Estados Unidos, lo que podría aumentar los precios para los hogares. Desde 2022, la energía ya ha sido cara, y este año podría subir aún más en toda Europa, especialmente en los países que dependen más de las importaciones de gas. En este sentido, los países de la UE más afectados serán Italia, que representó el 57% de esas importaciones de LNG, Bélgica (20%) y Polonia (el 19%). La dependencia del gas ruso como antecedente Los europeos todavía recuerdan los estragos de la pasada crisis energética. Especialmente Alemania, la primera economía de la UE, que fue la más golpeada por su alta dependencia de la energía rusa: llegó a recibir aproximadamente la mitad de sus importaciones de gas natural y el 25% de petróleo. Berlín basó su crecimiento durante años en el bajo coste de este combustible, pero el estallido de la invasión a Ucrania, el chantaje de Moscú y el posterior cierre de los gasoductos dispararon los precios en su factura eléctrica, cuadruplicando los costes de la energía, incluida la calefacción. En el caso de España, también se notó. Fue entonces cuando el Gobierno aprobó la excepción ibérica, que contempló el tope en el precio del gas para contener el de la electricidad en plena crisis energética. El Ejecutivo ya ha adelantado que tiene preparado el mismo mecanismo en el caso de que los precios de los hogares vuelvan a catapultarse. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha afirmado este martes que se mantendrá encima de los precios intentando minimizar el impacto para los ciudadanos y para nuestras empresas, incluidos transportistas y grandes industrias. Los riesgos potenciales para la seguridad nacional Los europeos también contienen el aliento ante lo que podría significar un aumento del riesgo terrorista y de las células durmientes que la República Islámica podría reactivar en los países europeos. Sobre este asunto ha hablado el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien recordó que la participación europea en la guerra de Irak en 2003 trajo inestabilidad, terrorismo y crisis económica. Los ministros de Interior de la UE se reunirán este jueves en Bruselas para debatir las repercusiones del entorno geopolítico actual para la UE. Aunque en un inicio la crisis en Siria sería el tema principal a tratar, el momento en el que se produce la reunión coloca Irán como el principal asunto a tratar entre los ministros. En el orden del día figuran también varias cuestiones relacionadas con la migración. En este sentido, además de la amenaza a la seguridad nacional, existe el riesgo de que el recrudecimiento del conflicto desencadene una migración masiva. El presidente de EEUU, Donald Trump, y su homólogo israelí, Benjamin Netanyahu, han declarado que redoblarán sus esfuerzos para forzar un cambio de régimen en Irán, pero en ningún momento se han referido explícitamente a la protección humanitaria. Tras la muerte del líder supremo, Alí Khamenei, la Guardia Revolucionaria queda muy tocada, lo que podría desembocar en una transición forzada también por las presiones de las calles. Pero la oposición iraní sigue siendo frágil en términos de organización. Aquí está otra de las principales incógnitas. Una desestabilización de la región podría llevar a millones de personas a huir de sus países. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tiene en mente esta preocupación y así lo trasladó en una conversación mantenida con el presidente turco Erdogan. La inestabilidad en la región nos afecta profundamente a ambos, por lo que una estrecha coordinación es esencial. Agradezco los esfuerzos del presidente para prepararse ante el posible impacto de esta crisis en la migración, afirmó la dirigente comunitaria. En Oriente Medio está el antecedente de la guerra civil de Siria en 2016, que provocó la movilización de tres millones de refugiados fuera de las fronteras. De ellos, 1.2 millones acabaron en territorio de la UE. Y en Europa continúa la invasión rusa de Ucrania, tras la que millones de personas han abandonado sus hogares en busca de refugio en la UE y los países vecinos. A diferencia de con Siria, los europeos se volcaron con los millones de ucranianos que llegaron a las estaciones de trenes europeas. Hasta ahora, más de cuatro millones de ucranianos se han beneficiado de la protección de asilo en la región. De repetirse la crisis humanitaria en Irán, la UE afrontará la primera prueba de fuego de su nuevo Pacto de Migración y Asilo, aprobado en 2023 y que entrará en vigor en junio de este año. El nuevo mecanismo refuerza los controles legales y posibilita repartir la carga administrativa de modo más equitativo entre los países miembros y las naciones externas involucradas. El deber de gestionar correctamente los procedimientos migratorios corresponde a los países que reciben a las personas en primer lugar, con el objetivo de impedir desplazamientos posteriores entre Estados miembros de la Unión Europea. Por su parte, la solidaridad implica que los Estados que no enfrentan la llegada inicial de migrantes deben respaldar a las naciones costeras, ya sea aceptando reubicaciones o proporcionando apoyo económico.
Ver noticia original