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  • Cerró el mítico local de las famosas papas fritas souflé en la avenida Corrientes: qué dicen sus dueños

    » Clarin

    Fecha: 06/03/2026 06:25

    El pasado martes el Palacio de la Papa Frita bajó las persianas de su histórico local sobre la avenida Corrientes 1612 para sorpresa de sus empleados, quien no fueron notificados del inminente cierre. Según una empleada que habló con Clarín, la renovación del contrato de alquiler alcanzaba los 200.000 dólares, una suma exponencial que los llevó a trasladarse a un lugar más pequeño ubicado en Paraná 350. El cambio también dejó perplejos a los seguidores del clásico porteño, quienes esperan próximamente su inauguración para volver a comer las famosas papas soufflé, sello que distingue al restaurante. Este cierre alertó a los locales de la zona, ya que la suba de alquileres sumada a la caída del consumo es una cruda realidad que afecta a todos. A tan sólo unos metros del nuevo espacio donde se erigirá el Palacio se encuentra Pippo, otro emblemático restorán que está en pie desde 1936 y es reconocido por sus vermicelli al tuco y pesto. Pippo abre al público de martes a domingo de 12 del mediodía hasta las 12 de la noche. Afortunadamente no nos falta trabajo, la situación económica no nos afectó mucho, no nos podemos quejar, cuenta Walter Montenegro, quien es mozo del lugar hace 20 años y destaca que son los que tienen los precios más económicos de la zona. A pesar del buen rendimiento del local, Montenegro es consciente de que otros lugares la tienen más difícil: Como hay mucha competencia, los alquileres se encarecen, deben estar aproximadamente 15.000, 20.000 dólares, y no muchos pueden. Ubicado sobre Corrientes 1505 está Marín Café Resto. Carlos Rubén Araoz tiene 66 años y hace 46 se desempeña como empleado del café. Si bien los dueños cambiaron varias veces, él se mantiene sólido en su puesto. Recuerda con añoranza los viejos tiempos de cuando tomar un buen desayuno acompañado de la lectura de un diario era costumbre. Hay muchos cambios en el centro y hay que adaptarse a esos cambios. Uno cuando abría un local, sabía que iba a estar años. Ahora por ahí abren locales que están dos o tres años, se lamenta Araoz. Para él abrir hoy un local implica mucho sacrificio e incertidumbre. Reconoce que el estar sobre una avenida estratégica como Corrientes permite correr con un poco más de ventaja: Los locales que perduran mucho son los que estamos cerca de los teatros. La avenida Corrientes de Libertad a Callao se hace peatonal de noche y eso influye mucho, todos los que están hacia el costado son los más complicados, se ven muchas persianas bajas, lugares que cierran. Los cambios de dueño también pueden ser una complicación para mantener los negocios, ya que puede haber malas administraciones y muchos aprovechan el tránsito de gente en la avenida para subir el precio de los alquileres. En cuanto a los clientes, Araoz admite que la afluencia de turistas es clave para mantener la consumición a flote. Aunque para él, el eslabón más importante es la clase media. Si la clase media tiene plata, es la que consume. Entonces, como se ve, hay muchos despidos, hay muchos lugares que están despidiendo gente y bueno, ese eslabón es el que nos consume. Esperemos que se revierta, uno tiene esperanza. Para Andrea Abbruzzese, propietaria de la antigua chocolatería Bombonella en Corrientes 1479, la situación no está nada fácil. Nosotros alquilamos hace 85 años y tenemos un acuerdo con el dueño del local, pero estamos hablando de alquileres arriba de 3.000.000 de pesos, confiesa. Bombonella fue fundada en 1941 por su suegro y ella trabaja ahí desde hace 35 años. La define como la casa más linda y llena de chocolates de la calle Corrientes, su producto más vendido es el chocolate en rama. Cuando vos tenés un negocio no es fácil mudarte, porque la gente asocia tu lugar con un espacio físico y si no podés pagar el alquiler te tenés que ir, no hay otra vuelta, no tenés muchas opciones, remata Abbruzzese con sinceridad. Al igual que Araoz y Montenegro, ve la apertura y el cierre frecuente de varios locales. Recuerda el caso de La Martona, un bar tradicional de hace muchos años que debió cerrar sus puertas, se fueron y bueno, ya pasaron dos locales distintos por ese lugar. Desde su punto de vista, el consumo viene para atrás. En este momento debería haber por lo menos diez personas mientras estoy teniendo esta conversación y no entró nadie. Está muy parado todo, enfatiza Abbruzzese. El día en el que las ventas suelen tener su pico más alto es el sábado, día que se conoce como Corrientes 24. Hay otro movimiento y se nota: los bares llenos y los restaurantes más tradicionales con filas de personas que pueden llegar hasta la esquina. Hay una movida muy grande, hay muchísima gente, pero no te salvas con un sábado a la noche, admite y agrega, sé que por ahí suena feo y protestón, pero la realidad hoy es esa, hay que sobrevivir. Maestría Clarín / Universidad de San Andrés MG Sobre la firma Newsletter Clarín

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