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  • Estados Unidos y la ficción de su inocencia

    » Clarin

    Fecha: 05/03/2026 07:33

    Durante los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX, la idea de nacionalidad se convirtió en un tema dominante en el pensamiento europeo. Al concluir la época del Iluminismo y surgir el Romanticismo, las aspiraciones de fraternidad universal fueron desplazadas en muchos casos por un fuerte sentimiento nacionalista. En este contexto, cada país comenzó a afirmar su singularidad étnica, lingüística, y mítica. En muchos casos, se recuperaron mitologías nacionales; cuando no existían, se crearon. Todo ello se difundió con entusiasmo, siempre con el propósito de construir un sentimiento de pertenencia colectiva y un destino común. Estas mitologías se transformaron en ficciones orientadoras, que animaron a los franceses a sentirse franceses, a los ingleses ingleses y a los alemanes alemanes. Lamentablemente, en muchos casos ese nacionalismo también era una mitología de exclusión usada para des-nacionalizar a grupos que, según algunos, no tenían lugar en la familia nacional. Aunque Estados Unidos era un país relativamente nuevo, también contó desde sus orígenes con ficciones orientadoras potentes, en especial el sueño puritano de fundar una Nueva Jerusalén en tierras americanas. Los puritanos se veían como los nuevos israelitas, llamados por el Señor para ocupar la nueva tierra prometida. Su labor no era solo un objetivo social, sino una sagrada misión destinada a fundar la Sión del Nuevo Mundo y servir de luz a las naciones corruptas del Viejo Mundo. El sueño puritano se reveló como una ficción orientadora muy adaptable. Las generaciones siguientes de estadounidenses lo transformaron en conceptos como el destino manifiesto (e.g., que los Estados Unidos debía a ocupar todo el continente norteamericano), el liderazgo del mundo libre, y la convicción de que Estados Unidos debía aspirar a una moral superior respecto a otras naciones. Esa ficción del país modelo ha inspirado algunos de los movimientos más nobles de la historia estadounidensepor ejemplo, la abolición de la esclavitud, la expansión del sufragio, las luchas por los derechos civiles para grupos raciales minoritarios, y la asimilación de millones de inmigrantes de todas partes del mundo. Lamentablemente, lo que era aspiración para algunos norteamericanos se convirtió en una realidad alternativa produciendo una ficción orientadora que a lo largo de los años ha resultado nefasta: la ficción de la inocencia del país. Uno de los museos más impactantes del mundo es La Topografía del Terror en Berlín. El museo documenta con un lujo de detalles la historia y los horrores del movimiento nazi. La idea del museo casi me impacta más que el museo mismo pues ilustra la voluntad de una mayoría de los alemanes de la posguerra para enfrentar su pasado nazi con una honestidad brutal. Debido a la ficción de su eterna inocencia, muchos norteamericanos no están dispuestos a confrontar la historia (y la actualidad) de los Estados Unidos con esa misma honestidad. El genocidio de los indígenas, los miles de africanos esclavizados, el racismo legalizado en las leyes Jim Crow después de la Guerra Civil (1861-1865), y el racismo que subyace en la política anti-inmigración del trumpismotodos son horrores que muchos norteamericanos no pueden reconocer como errores porque no concuerdan con la ficción de la inocencia del país. Carl Magnus, uno de los personajes de la pieza musical A Little Night Music de Stephen Sondheim, parecería encarnar esa ficción de la inocencia. Un soldado, Carl Magnus es alto, rubio, guapo, musculoso, y tonto. En cierto momento, se da cuenta de que su amante Désiree (su amante, no su esposa) está en una relación amorosa con otro hombre. Incapaz de creer que Desireee le pondría cuernos, Magnus canta una canción que incluye la línea, she wouldnt, therfore she didnt. (No lo haría, así que no lo hizo.) Esta línea resume lo básico de la ficción orientadora de la inocencia en los Estados Unidos. El país no podría equivocarse, así que no se equivocó. A pesar de toda la evidencia en contra, hay norteamericanos que todavía son incapaces de reconocer los tremendos errores de la Guerra en Vietnam, la invasión de Irak, o la guerra interminable en Afganistány ni hablar del genocidio de los indígenas o la persistencia del racismo. Trump es un especialista en ese tema. El horrendo trato de los inmigrantes, el sabotaje de la investigación científica por Robert Kennedy Junior y sus secuaces, la insensata manipulación de los aranceles, los asesinatos de inocentes barqueros venezolanos, el secuestro de Maduro, y los nuevos ataques a Irán (para hacer una lista corta) no son errores porque no podrían ser errores. Igual que la Desiree imaginada por Carl Magnus, el país no podría equivocarse, así que no se equivocó. Obviamente, hay un buen porcentaje de norteamericanos que no participa de esa ficción de la inocencia. Tal vez en un momento futuro, una mayoría del pueblo norteamericano podrá dar tanto peso a los logros del país (que son muy impresionantes) como a sus tropiezos. Bajo los trumpianos y su afán por los hechos alternativos, esto no va a ocurrir. En este momento, parecería que las fantasías, tipo Carl Magnus, predominan. Sobre la firma Newsletter Clarín

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