05/03/2026 08:58
05/03/2026 08:57
05/03/2026 08:54
05/03/2026 08:53
05/03/2026 08:51
05/03/2026 08:51
05/03/2026 08:51
05/03/2026 08:51
05/03/2026 08:50
05/03/2026 08:49
» Clarin
Fecha: 05/03/2026 06:35
Carolina Kopelioff empezó a actuar a los 17 años en la serie juvenil Soy Luna, en el rol de una adolescente tímida llamada Nina. Cuando terminó la ficción, en 2018, la actriz decidió allanar su propio camino por fuera del mundo Disney. De bajo perfil, aunque muy comprometida con su arte, Carolina se convirtió en una de las actrices más multifacéticas y de las más convocadas de su generación. "Me gusta mucho estudiar los personajes", admite, en diálogo con Clarín. Recientemente, la artista de 29 años fue parte del elenco de la segunda temporada de En el Barro (Netflix) donde interpreta a Nieves, la hija rebelde de La Gringa (Verónica Llinás), una madre monstruosa con quien tiene un vínculo marcado por la violencia. La joven reclusa también es el interés amoroso del personaje de L- Gante, en su primera vez en una ficción de pantalla chica. A la vez, Carolina tiene dos obras en cartel: Un tiro cada uno en el Teatro Callejón -donde también comparte escenario con su compañera de En el Barro, Camila Peralta- y La Gaviota en el Teatro San Martín. Allí la actriz cumplió un sueño: interpretar a la trágica Nina. Este 2026 le trae Cautiva, una serie para TNT dirigida por Jazmín Stuart y Paula Hernández, que marca su primer protagónico en ficción. La producción se basa en un caso argentino real y es la historia de una monja de clausura que vivió en un convento durante más de una década, sobreviviendo a los castigos de la madre superiora y alejada de sus seres queridos. -¿Cómo te incorporaste a "En el barro? -Hice un casting, obviamente. De hecho fue loco porque yo había audicionado para la primera temporada y no quedé. Cuando supe que se iba a hacer la segunda, se ve que les había gustado mi perfil y me llamaron directamente. Fue un golazo. Todas las actrices de la serie son muy compañeras, todas con muchas ganas de hacer en conjunto. Había mucha propuesta, mucho juego y diálogo sobre cómo encarar las escenas. Me pareció un proceso de mucho aprendizaje y cuidado hacia la otra. -Tu personaje, Nieves, es una reclusa que quiere hacer su camino en la música urbana. ¿Rapeabas antes de la serie? -No, para nada. Yo canto, pero el rap es algo muy particular. Al principio me costó, aprendí copiando a otros raperos y con mucho laburo lo logré. -¿Cómo te preparaste para asumir el papel? -Lo preparé mucho sola con mi coach y también tuve charlas con los directores. Después te vas metiendo en tema con los elementos externos: me tiñeron de pelirroja, fui a las pruebas de vestuario, empecé a ver el set de la cárcel... Yo había visto El Marginal, así que tenía idea de por dónde iba el proyecto, pero la verdad es que se termina de armar ahí, cuando ves la celda. -Con Verónica Llinás tenés una dinámica de madre e hija llena de violencia -Eso estuvo buenísimo porque es una actriz que admiro hace mucho tiempo. Ver su entrega y trabajar con ella fue espectacular, al cien por ciento. -Se ven muy reales las escenas en que te agrede. ¿Te llegó a pegar en serio? -¡Nunca! Para esas escenas contamos con los efectistas, que están justamente para cuidar a las actrices y no lastimarnos de verdad. A partir de los efectos de la cámara, se piensa qué podemos hacer para que esos momentos sean verosímiles. Obviamente, yo terminaba cansada, porque las escenas son muy heavy emocionalmente y físicamente. Creo que eso es lo duro de estos rodajes. Pero después de escuchar el corte nos cag. de risa, la pasábamos muy bien. Video -La contraparte de Llinás es L-Gante, que debutó como actor en esta serie. ¿Cómo lo acompañaste en las escenas que tienen juntos? -Él estuvo súper predispuesto y con muchas ganas de aprender. En realidad no lo vi mucho porque su participación es pequeña, pero el día que grabamos estuvo bueno. La escena que compartimos no es solo de sexo, tiene mucha carga emocional e información importante para la serie. Se trata de un quiebre. Estuvimos varias horas trabajándola y charlando. Me gustó mucho el resultado. -Hablando de encierros, próximamente se estrena Cautiva. ¿Qué fue lo más difícil de darle vida a un personaje que existe en la vida real? -Yo no tenía mucha idea del tema. Tuve que aprender sobre religión y sobre las monjas de clausura, específicamente las Carmelitas Descalzas. Hablé con Silvia, que es la persona a la que le pasó esto verdaderamente, y fue fundamental. Yo quería saber qué es lo que sentía cuando estaba encerrada, qué se le pasaba en la cabeza por esos momentos para hacer las escenas de la forma más verosímil posible. No se puede creer que esto pase actualmente: ella entró en el 99 y salió en el 2010. Es un montón de tiempo. -También es pensar cómo abordar un lugar que existe hace tantos siglos... -Está buenísimo poder darle luz a esos lugares donde no tenemos idea de qué pasa ahí dentro. Fue muy interesante pero también muy cansador. Hay muchas torturas físicas, así que las escenas fueron duras, pero la serie está espectacular. -¿Es tu primer protagónico? -Hice otros protagónicos pero en cosas más chicas, como en la serie Supernova donde éramos tres los protagonistas y estaba más repartido. Pero sí, es mi primera vez como protagonista. Y fue difícil, porque tal vez terminaba de rodar y a la noche tenía una función de La Gaviota. Las dos Ninas Kopelioff se compromete con cada historia que va a contar y admite que le divierte cambiar de estilos de ropa y de pelo para encarar cada personaje. Así posee el rango para haberle dado vida a una adolescente llamada Nina que usa anteojos y estudia en una escuela musical (Soy Luna, Disney), hasta una actriz rusa del siglo XIX que quiere montar una obra de teatro en el campo (La Gaviota). En el medio de esas dos Ninas, está su interpretación en Cromañón, la serie (Amazon Prime) como una joven de Villa Luzuriaga que trabaja en el boliche donde ocurre la tragedia del 2004. También su Inés Zorreguieta, la hermana menor de Máxima en la serie de HBO que cuenta la historia de la reina argentina de Países Bajos. Más allá de ser roles tan distintos, para la artista hay un hilo conductor entre los papeles que decide llevar a las plataformas, cine o al teatro: "Interpreto mujeres más jóvenes de lo que soy, pero que siempre tienen una transformación, pasan de algo luminoso a algo más oscuro porque algo les sucedió en la vida. -Tu primer rol fue en la serie de Disney Soy Luna. ¿Alguna vez temiste quedarte encasillada como actriz infantil? -No, nunca. Entendí que era un camino y que los proyectos te llegan según tu madurez personal y actoral. Por ejemplo, hace poco filmé en Uruguay una serie llamada Catedrales (basada en el libro de Claudia Piñeiro), donde interpreto a una chica de 18 años. Lo que le pasa al personaje es tremendo y yo sé que con mis 18 años reales no hubiera podido hacerlo. Hoy, siendo más grande pero pareciendo más chica, sí puedo. Cada cosa tiene su tiempo. -¿Qué podés adelantar sobre el regreso de Soy Luna? -Son dos capítulos. Lo lindo es que cada personaje mantuvo su esencia. Al principio me preguntaba cómo iba a volver a hacerlo después de cuatro años, pero en el ensayo con Karol (Sevilla) y Male (Ratner), empezamos a escucharnos y sentimos que el personaje ya estaba en nuestro cuerpo. La historia es hermosa, hay canciones y personajes nuevos. Es un agradecimiento a la gente que viene pidiendo la serie hace tantos años. -¿Pasa algo entre tu personaje y el de Agustín Bernasconi? -Algo así (risas). -Respecto a las series para plataformas, además de Cautiva y Soy Luna, vas a estar en la segunda temporada de Máxima ¿Qué tal fue filmar en Países Bajos? -Tuve que laburar en inglés y estuve allá tres meses sola. Fue una experiencia linda, pero por momentos difícil, como todo. Era un alivio grabar con Delfi Chaves (interpreta a la reina Máxima) porque podíamos hablar en castellano. La verdad no vi la serie todavía, pero la primera temporada me parece que está bárbara. -En la obra La Gaviota, en el Teatro San Martín, también interpretás a un personaje llamado Nina. ¿Cómo fue meterte con ese texto clásico de Antón Chéjov? -El personaje de Nina y su monólogo final es algo que todas las que estudiamos actuación hicimos alguna vez en clase. Es un texto que habla de la profesión de las actrices y que nos atraviesa. Fue muy significativo porque dos años antes yo había hecho un casting para otra obra en esa misma sala, usando el texto de Nina, y tiempo después me encontré haciéndolo ahí mismo. Además Rubén Szuchmacher es un director muy exigente con las palabras, los puntos y las comas. Fue un sueño estar en ese teatro que una admira tanto, por donde pasaron tantos actores. -Pasaste por cine, series y teatro. ¿Dónde te sentís más cómoda? -Honestamente, cada lugar tiene algo diferente. En el teatro independiente, como la obra que hago con mis amigas (Cami y Fiamma), encuentro un espacio de libertad, adrenalina y juego que es inexplicable. Pero el cine y la tele me fascinan. Soy fanática de las series y me encanta la sorpresa de llegar a grabar con una idea y que el director te proponga otra cosa. Me gusta hacer todo porque todo lo disfruto. -Trabajás desde muy chica ¿Alguna vez quisiste probar otra cosa fuera de la actuación? -Nunca pensé hacer otra cosa. En un momento estudié guion para tener herramientas y darle forma a ideas propias. De hecho, una idea de una peli que tuve con un amigo se terminó filmando en Brasil, aunque finalmente yo no pude hacerla. Me gusta estar en la creación desde el principio, pero siempre dentro del arte. Tuve la suerte de que lo actoral empezara a suceder ni bien terminé el colegio, así que sigo por acá. DD Newsletter Clarín
Ver noticia original