04/03/2026 10:52
04/03/2026 10:52
04/03/2026 10:52
04/03/2026 10:52
04/03/2026 10:52
04/03/2026 10:51
04/03/2026 10:51
04/03/2026 10:51
04/03/2026 10:48
04/03/2026 10:48
» Nova Entre Rios
Fecha: 04/03/2026 09:07
El BID estima un crecimiento 2026 cercano al 3,8%, por encima del promedio regional y en sintonía con las proyecciones del FMI. El Banco Interamericano de Desarrollo proyectó que Argentina registrará un crecimiento 2026 cercano al 3,8%, cifra que supera el promedio regional del 2,1% y a grandes economías como Brasil y México. Tras liderar la recuperación regional en 2025, el país también queda alineado con la estimación del FMI de alrededor del 4%. El BID advierte que ese impulso surge tras una contracción profunda y que persisten limitaciones estructurales que dificultan sostener el ritmo. Aunque la inflación mostró signos de descenso y el desempleo está relativamente contenido, las debilidades en productividad y la dependencia del empleo como motor siguen siendo desafíos centrales. El rol del litio en el crecimiento de Argentina. El informe pone el foco en la transición energética y en el llamado triángulo del litio Argentina, Bolivia y Chile que concentra reservas globales significativas. El BID define el momento para el desarrollo del recurso como una ventana de oportunidad estratégica y estima que su valor potencial podría equivaler a varias veces el PBI del país. Pero convertir ese potencial en crecimiento real exige reglas claras, estabilidad política, licencia social y cumplimiento ambiental. El organismo resalta que la región ofrece una zona de paz, aunque la inseguridad jurídica, la volatilidad macroeconómica y los conflictos socioambientales frenaron inversiones y ralentizaron proyectos en el pasado. Los puntos que podrían comprometer el crecimiento 2026. En lo laboral, Argentina exhibe tasas de desempleo bajas en perspectiva histórica, pero con alta informalidad y empleos de distinta calidad. El BID indica que gran parte del dinamismo reciente se apoyó más en la expansión de la fuerza laboral que en aumentos de productividad; sin mejoras en formación será difícil consolidar avances sostenibles. El país es muy sensible a choques externos: subas de tasas internacionales, caídas en los precios de commodities o salidas de capital suelen amplificar efectos adversos. El BID ubica al riesgo país local entre los más volátiles de la región, lo que complica el acceso a mercados en episodios de aversión global y encarece el financiamiento. En lo fiscal, la deuda pública llegó al 125% del PBI en 2023 y el BID proyecta que podría situarse cerca del 85% tras los ajustes recientes. No obstante, advierte que buena parte de esa reducción respondió en gran parte a la licuación de pasivos por la inflación y no necesariamente a cambios estructurales permanentes. En materia monetaria, la falta de metas de inflación claras y un esquema cambiario no consolidado generan presiones persistentes y expectativas inestables. El crecimiento 2026 podría verse condicionado por ese contexto; la expansión de stablecoins y pagos en moneda extranjera revela la desconfianza hacia el peso y la fragilidad de las instituciones monetarias.
Ver noticia original