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» Clarin
Fecha: 04/03/2026 06:36
La novedad este año es el robot semáforo. Está en la puerta de entrada al nuevo espacio didáctico. La luz verde indica que los estudiantes llevan el uniforme correctamente puesto. La luz amarilla señala que lo llevan desaliñado. La luz roja impide el paso. El ingenio infantil hace que los niños jueguen a pasar delante del robot con sus uniformes dispuestos de las más extrañas formas. Así inician algunos niños su primera mañana escolar: compitiendo por ver quién colecciona mayor cantidad de luces amarillas y rojas. Los que obtienen la luz verde quedan eliminados. A pocas cuadras, en otra institución, la voz en off de la maestra de ceremonias da la bienvenida a las familias. Destaca la llegada de quienes inician primer grado y subraya el Último Primer Día de los que este año dejarán primaria en busca de nuevos horizontes. La educación es una fábrica de comienzos que ya vienen con sus finales incorporados. En las escalinatas del Nacional Buenos Aires ya cierran las inscripciones para el curso de ingreso a 2027. Falta mucho, pero la carrera por pasar el examen ya ha comenzado. Al llegar al viejo edificio se percibe un nerviosismo especial. Es extraño que todavía hoy, en el siglo XXI, en plena era de la economía del conocimiento, el ingreso a un colegio tradicional genere tensiones de ese estilo. ¿Se ha transformado al mérito en un nuevo tipo de ansiedad hereditaria? Al anochecer, el individuo que por la mañana hizo de padre de niñas en edad escolar ingresa ahora a otro edificio. Es que él también regresa a clases. Su universidad inició el ciclo lectivo con Jornadas Internacionales dedicadas a Inteligencia Artificial. Hace unos días dictó la clase inaugural en un Posgrado. Ahora vuelve al aula para inaugurar su cátedra. Sube hasta la tercera planta. En uno de los entrepisos alcanza a otear la consigna del Centro de Estudiantes: por mayor presupuesto universitario. Y escucha, como al pasar, un comentario sobre si este año habrá clases normalmente. Pasa por bedelía, firma el acta y va al salón. Fiel al estilo en que se formó, ingresa sin saludar primero. Lanza un hola impersonal al aire y comienza a hablar: La historia está escrita como literatura, pero se consume como verdad. Hablará durante dos horas. Solo permitirá que le hagan una primera pregunta después de unos 40 minutos de exposición. La democracia del saber está después de la historia. Con el inicio de las clases una maquinaria invisible reinicia sus movimientos. Quedan atrás las vacaciones y los entretelones del verano. Recomienza la rutina de los días hábiles y también los viejos planes del fin de semana. Y dejada atrás la temperatura del receso, vuelven los debates en el grupo de WhatsApp de los padres. De las madres debería decirse. ¿Qué discusión encenderá las hogueras de este invierno? La vuelta a clases también trae sus guerras mínimas. Siempre está la complicidad de quienes no están en grupos. Pequeñas estratagemas en el arte de, por inclaudicable convicción, mantenerse al margen. Sobre la firma Newsletter Clarín
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