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» La Nacion
Fecha: 01/03/2026 08:59
¿De qué va a vivir la Argentina? Cinco economistas debaten cómo encarar la reconversión productiva La apertura económica y la caída de la inflación dejaron al descubierto la falta de competitividad de muchos sectores, que deben adaptarse para sobrevivir; cinco economistas analizan cómo transitar ese proceso con el menor costo posible - 17 minutos de lectura' La complejidad del desafío que implica una reconversión productiva para la economía argentina porque detrás de ello hay personas- puede resumirse en la enorme cantidad de preguntas que están en pleno debate hoy. Si la transformación es inevitable en un país que necesita integrarse al mundo y todavía figura entre los más cerrados, ¿puede atenuarse el costo de la apertura económica en términos de empleo e impacto sectorial? ¿Qué hacer con la diferencia de velocidad entre la baja de aranceles y el avance de las reformas estructurales que les permitirían a los productores locales competir con los importados? ¿La Argentina debería seguir el ejemplo de otros países, caso Australia, para concentrarse en los sectores donde tiene ventajas comparativas y dejar de producir aquello en lo que no es eficiente? ¿Alcanzarán la energía, la minería, el agro, la economía del conocimiento y los servicios para motorizar el crecimiento y generar empleo para 46 millones de habitantes? Muchos de esos y otros interrogantes vienen de larga data, pero volvieron al primer plano con la noticia del cierre del fabricante de neumáticos Fate, las cifras del impacto que las importaciones están causando sobre sectores que gozaban de protección arancelaria como el textil- y los enfrentamientos oficiales crecientes con los popes industriales. Se trata, en el fondo, de la madre de las batallas para la Argentina: cómo insertarse con éxito en la economía global para cimentar un proceso de crecimiento sostenido, y hacerlo con sustento social. LA NACION consultó a cinco economistas con miradas diferentes sobre el desafío de la reconversión sectorial y los condicionamientos que impone el contexto (ver página 3). A continuación, tres aspectos del análisis que están sobre la mesa. 1) El punto de partida de la reconversión La Argentina está en un proceso de transición, pasando de un régimen económico a otro, y en ese tránsito cambia la renta intersectorial, señala Dante Sica, fundador de Abeceb y exministro de Producción. Se pasó de una economía cerrada, con déficit, inflación y que generaba señales de precios distorsionadas, a otra. Esas malas señales condujeron a malas decisiones de inversión, de empresas que abastecían una economía cerrada, sin la escala que tenían que tener, agrega. Para el economista, más que de apertura, hay que hablar de normalización del mercado. Acá no hubo una baja de aranceles para todos los sectores. Solo con normalizar ya hay muchas empresas que no son competitivas, porque tenían antidumping, cierres a la importación, tasas subsidiadas y restricciones a los dólares para importar. Cuando se limpia eso, no pueden competir, describe. Había que abrir la economía para aumentar la productividad sistémica y cambiar los precios relativos, que eran ridículos. Pero pasar de un esquema de economía cerrada con brecha cambiaria y tasas negativas a una economía abierta y normalizada tiene costos, observa Marina Dal Poggetto, directora de EcoGo, en referencia a la suba del desempleo inicial que acarrean los procesos de apertura y aumento de productividad. La pregunta ahí es si es manejable del lado de la política, apunta. En la visión de Jorge Vasconcelos, investigador jefe del Ieral de Fundación Mediterránea, para pasar de la fase de estabilización al crecimiento sostenido hay que terminar de remover el cepo cambiario. Los cepos fueron un destructivo período en el que los gerentes financieros prevalecían sobre los ingenieros de planta. La prueba de este daño es que dos años después de la salida de la crisis de fin de 2023, el uso de capacidad instalada de la industria es de sólo el 53,8 %, resalta, como muestra del golpe que ocasionaron sobre la productividad. A esa falta de incentivos para competir de muchos sectores se suman, a su juicio, otros tres obstáculos: una apreciación del peso de más de un tercio respecto del parámetro de 2003 (cuando la Argentina inició un proceso de crecimiento post 2001); impuestos distorsivos que pesan un 8% del PBI; y el rol de China, que hace 25 años inflaba a las commodities agropecuarias y ahora empuja a la deflación los precios de los productos industriales. La entrada de productos chinos es, justamente, el foco de conflicto en alza con los industriales locales. Sica añade una restricción que diferencia al caso argentino: la inexistencia de crédito. En otros países, una empresa va al banco y financia su reconversión. Acá, depende del capital propio, plantea. 2) ¿Se pueden amortiguar los efectos? Desde el año último muchos economistas advierten que la apertura corre varios cuerpos por delante de la baja de costos vía reformas que necesita la industria para enfrentar a la competencia importada. Esto se traduce en el empleo: solo en el sector manufacturero se perdieron 60.400 puestos entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, según las estadísticas de la Secretaría de Trabajo. ¿Se puede atenuar ese efecto en medio del proceso de cambio? Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo del think tank Fundar, dice que el Gobierno abrió la economía sin paracaídas y priorizó reducciones de impuestos a las importaciones antes que a la producción para contribuir a su estrategia antiinflacionaria. Eso tuvo costos relevantes que estamos viendo: la economía creció 4,4% en 2025 pero se destruyó empleo formal, es totalmente inédito desde que hay series estadísticas, cuestiona. Para amortiguar ese efecto, se muestra partidario de tener un tipo de cambio más alto. Por ahí la desinflación es un poco más lenta, pero eso evita llevarse puesto a parte del entramado productivo que después te cuesta mucho recuperar, indica. Abrir la economía con el dólar atrasado es peligroso, ya lo vimos, coincide Dal Poggetto, y menciona que el tipo de cambio real está hoy, tomando como base 100 el momento de la salida del cepo cambiario del gobierno de Macri, en niveles de 88. Para Sica, en cambio, el debate recurrente sobre el tipo de cambio es de segundo orden. La discusión [de la reconversión] es micro, de empresa. Hay que ser eficiente. Si el tipo de cambio sube a $1800, en un año se fue a precios. La discusión es la competitividad, la escala, la integración al mundo, opina. 3) ¿Quiénes generarán empleo en el nuevo modelo? La pregunta no es cómo salvar los empleos industriales, sino dónde se crearán los nuevos empleos, plantea Agustín Etchebarne, director general de la Fundación Libertad y Progreso, quien cree que la reconversión no es opcional, es estructural. En su visión, el motor del empleo que permitirá compensar la caída en los sectores perdedores serán los servicios, que representan más del 70% en otros países. Economía del conocimiento y contenidos figuran en esa lista, junto con el agro, energía, minería, construcción y los data centers para IA en el sur. ¿Y la industria? Vasconcelos cree que, con énfasis en la competitividad, la Argentina puede recuperar terreno en términos de exportaciones. Hay sectores que están en trayectoria ascendente y no desplegaron todavía todo su potencial, dice. En ese sentido, sostiene que es clave compaginar la apertura de la economía con un sólido entramado interno de pymes productoras de bienes y servicios competitivos, que contribuyan a reducir la informalidad. Las otras fuentes de empleo pueden provenir del agro y de las actividades intensivas en gas natural, un punto al que se suma Sica. En Brasil, que no tiene retenciones, los puestos de trabajo asociados al campo representan el 26,5% del empleo total, contra el 16% en el caso de la Argentina, compara Vasconcelos. El desafío es consolidar un proceso de crecimiento sin inestabilidad macro, la gran diferencia con los procesos de reconversión exitosos que siguieron otros países, señala Dal Poggetto: Si la economía crece 4 o 5% todos los años se puede absorber el desempleo. La visión de los economistas La agenda que viene es la micro, la de las empresas La Argentina está en un proceso de transición, pasando de un régimen económico a otro, y en ese tránsito cambia la renta intersectorial, describe Dante Sica, socio fundador de la consultora Abeceb y exministro de la Producción. La economía cerrada e inflacionaria, dice, generó incentivos distorsionados que hoy quedan a la vista con el grupo de empresas que no pueden competir apenas les levantan las restricciones. Acá se habla de apertura, pero lo que hay es una normalización del mercado, porque no hubo baja de aranceles para todos los sectores. Solo por normalizar, ya hay muchas empresas que no son competitivas. Lo eran cuando tenían normas antidumping, restricciones a la importación, tasa de interés subsidiada y reglamentos técnicos defensivos. Cuando limpiás todo eso, no pueden competir, completa la descripción. En el equilibrio que viene, la pregunta a responder es cuántas empresas se necesitan para la nueva dimensión del mercado, explica. Pone como ejemplo al sector de línea blanca, donde hay empresas que dejaron de fabricar en el país y otras que readecuaron su producción, concentrándose en menos productos de mayor volumen combinados con importaciones. El tamaño no da para tener 10 fábricas de heladeras, grafica. Sica señala que los cambios de incentivos se dan en todos los mercados, con una gran diferencia respecto del caso argentino: el acceso al crédito. En otros países, una empresa va al banco y financia su reconversión. Acá, depende del capital propio, sentencia. Por ese motivo, la agenda que viene es la de la micro, la de la empresa, más allá de los problemas de competitividad sistémica que debe resolver la política. Las empresas tienen que empezar a mirar lo que pasa adentro de la planta, porque las ineficiencias se trasladaban al precio y a los consumidores, remarca. En esa línea, cree que el planteo sobre el tipo de cambio es de segundo orden. Hay que ser eficiente. Si el tipo de cambio sube a $1800, en un año se fue a precios. La discusión es la competitividad, la escala, la integración al mundo Respecto de los sectores que pueden motorizar la reconversión, señala que la industria busca energía competitiva y mano de obra calificada, dos atributos que puede ofrecer la Argentina. Vamos a tener la energía más competitiva de la región. ¿Por qué no se va a desarrollar la petroquímica para exportar?, plantea. Hay que usar el tipo de cambio para no generar más daño del necesario La Argentina necesitaba un programa fiscal, un programa financiero y uno monetario para recapitalizar el Banco Central. Y en el programa micro, siempre dije que había que aumentar la productividad sistémica de manera tal de poder abrir la economía, manejando el tipo de cambio para no terminar de generar más daño del necesario, resume Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de la consultora EcoGo. Dal Poggetto afirma que había que avanzar en la reducción de aranceles y restricciones para cambiar los precios relativos, que eran ridículos, con incentivos perversos. Pero aclara que pasar de un esquema de economía cerrada y protegida, brecha cambiaria y tasa de interés negativa a un esquema de economía abierta sin brecha y normalización tiene costos en términos de una suba inicial del desempleo, según muestran las experiencias de otros países y la de la propia Argentina en los años 90. La pregunta es si es manejable desde el lado de la política. Debe estar combinado con un proceso de crecimiento sostenido en el tiempo. Lo que no hay que tener es un péndulo: la Argentina se abrió y se cerró cuatro veces desde los años 70 para acá, advierte. Dal Poggetto pone el foco en el tipo de cambio como un factor que permitiría atenuar el impacto. Están usando el dólar como ancla, con tasas de interés altas. Abrir la economía con el dólar atrasado es peligroso, ya lo viste, dice y detalla que, tomando la salida del cepo cambiario de Macri (fin de 2015) como base 100, el tipo de cambio está hoy en niveles de 88. El año pasado, luego de la corrección previo a las elecciones, llegó a 103, y ahora volvió a bajar, apunta. La prioridad es la desinflación, y la corrección de precios relativos va en el sentido correcto. Pero si la economía no tracciona, el Gobierno va a tener un problema en términos fiscales, alerta. Respecto del desafío de la reconversión, plantea además que, a diferencia de otros procesos, el mundo hoy se está cerrando y China está alocando una enorme cantidad de saldos exportables. Las importaciones de China subieron 60% el año pasado, tres veces más que las importaciones totales. Y ahí empieza el juego de los mecanismos que tiene China para subsidiar la energía y abaratar sus productos, indica. El problema, a su juicio, es que la Argentina va a contramano: cuando debía abrirse, se cerró. Hay un techo de cristal que complica el paso al crecimiento Para Jorge Vasconcelos, investigador jefe del Ieral de la Fundación Mediterránea, el imprescindible plan integral de reformas que encaró el Gobierno resultó más nítido en el plano fiscal y en la estrategia antiinflacionaria que en el resto de los frentes. En la apertura de la economía, un aspecto clave para relanzar la productividad, las señales fueron claras respecto del objetivo, pero no así de los instrumentos, opina y se detiene en dos aspectos concretos: el papel de la Argentina en el Mercosur a su juicio, se podría haber planteado una agenda más ambiciosa para impulsar su transformación en una zona de libre comercio- y el esquema de política cambiaria y monetaria. Ha habido cuatro esquemas [cambiarios] distintos entre 2024 y 2026 y sigue pendiente la eliminación del cepo para personas jurídicas, lo cual provoca marcada volatilidad en las tasas de interés, observa. La preferencia por el ancla cambiaria como instrumento de estabilización provoca notorias fricciones con el resto de los objetivos, agrega. Vasconcelos pone el foco en el daño que ocasionó el cepo cambiario. Desde principios de 2025 en Ieral venimos alertando sobre el techo de cristal que complica el empalme de la estabilización al crecimiento. Y el cielo raso está bajo en buena medida como herencia de los cepos, explica. La restricción financiera prolongada atentó contra los incentivos a la modernización de las empresas (salvo durante la gestión Macri, aclara) y es la causa de que hoy el uso de la capacidad instalada de la industria se encuentre en menos del 54%, un reflejo de las dificultades para competir por precio y calidad. El economista del Ieral cree que, si se elimina por completo el cepo, la Argentina tiene mucho terreno para mejorar su inserción en la economía global, sin ignorar que enfrenta restricciones que no existían a principios de los 2000, como un tipo de cambio real apreciado en un 30% frente al nivel de 2003, el lastre de los impuestos distorsivos (que pesan un 8% del PBI) y la mencionada pérdida de competitividad industrial. Suma un cuarto elemento: el rol de China, que hace 25 años inflaba a las commodities agropecuarias y ahora empuja a la deflación los precios de los productos industriales, ya que pasó de capturar el 5% de las exportaciones manufactureras mundiales a principios de los 2000, a nada menos que el 20% actual. La reconversión sectorial no es opcional, es estructural La reconversión no es opcional, es estructural, sentencia Agustín Etchebarne, director general de la Fundación Libertad y Progreso, consultado sobre el desafío que enfrenta la economía argentina, el rol de la industria y los sectores que generarán empleo a futuro. La industria manufacturera representa alrededor del 14% del empleo. Esto no es un fenómeno argentino: es una tendencia mundial. En Estados Unidos es el 8%, en Japón y España ocurre lo mismo (15%). La productividad industrial crece, pero el empleo industrial cae, dice Etchebarne. La pregunta no es cómo salvar los empleos industriales, sino dónde se crearán los nuevos empleos, plantea. Para el economista, la construcción y la minería pueden aportar el 8% del empleo. El gran motor del crecimiento, agrega, serán los servicios, que en las economías desarrolladas representan más del 70% del total. Ahí, enumera los sectores que tendrán un fuerte impulso en la próxima década, como la economía del conocimiento e inteligencia artificial (desarrollo de software, ingeniería de datos, ciberseguridad, automatización industrial) y el entretenimiento y contenido. La Argentina tiene un capital humano creativo extraordinario. Con apertura y estabilidad, puede exportar cultura como lo hacen Corea o España, afirma. Añade a esa lista los servicios interpersonales (educación personalizada, salud, turismo) y los servicios profesionales globales (consultoría, diseño, marketing) que, con estabilidad cambiaria, pueden exportarse sin mover personas. Los cinco sectores que a su juicio motorizarán el crecimiento son el agro, la energía, la minería, la construcción y los data centers para IA en el sur. La condición necesaria e indispensable es bajar el riesgo país entre 100 y 150 puntos básicos, al nivel de los países vecinos, advierte. Sin riesgo país bajo, no hay crédito barato, y sin crédito barato, no hay construcción masiva, subraya. Para acelerar el proceso, remarca que es necesaria una reforma tributaria integral, que simplifique y elimine impuestos distorsivos, en un acuerdo político con las provincias, y se muestra partidario de la dolarización. Si el país crece 45% anual sostenido, la recaudación aumenta por expansión de base imponible, no por presión tributaria, sostiene. Pero no hay que demorar la apertura económica. El Gobierno está abriendo la economía sin paracaídas Abrir la economía tiene costos y beneficios. Al ser sin paracaídas magnifica los costos y minimiza los beneficios, opina de entrada Daniel Schteingart, director de Desarrollo Productivo del think tank Fundar. Entre los beneficios de la apertura, menciona la baja de precios, el acceso a insumos de mayor calidad y la introducción de competencia para evitar los abusos locales (cazar en el zoológico). Entre los costos, cita las pérdidas de empleo y de capacidades productivas. ¿Por qué decimos que se abre sin paracaídas? Porque el Gobierno priorizó la apertura en desmedro de otras variables que podrían acotar el impacto, subraya. Menciona como ejemplo la reducción de impuestos a las importaciones con la baja de aranceles y la eliminación del impuesto PAIS- antes del recorte de otros tributos que impactan directamente en la producción, como el impuesto al cheque. Todos son impuestos que deberían bajar, aclara; el punto es la secuencia, agrega. Creo que el Gobierno apuntó a disciplinar lo más posible a los productores de bienes, como parte de su estrategia antiinflacionaria, y eso tuvo costos relevantes que estamos viendo en las empresas todos los días, afirma. Y remarca un dato: La economía creció 4,4% en 2025 pero se destruyó empleo formal, es totalmente inédito desde que hay series estadísticas. En el debate sobre la reconversión, Schteingart introduce también el factor del tipo de cambio. La combinación de apertura económica con tipo de cambio apreciado está teniendo efectos adversos en el entramado productivo, dice y menciona al economista argentino Alberto Ades, quien es partidario de que la Argentina tenga un tipo de cambio más alto para encarar la transición. Por ahí la desinflación es un poco más lenta, pero eso evita llevarse puesto a parte del entramado productivo que después te cuesta mucho recuperar, indica. El economista cuestiona también el desmantelamiento de herramientas de política industrial, al revés de lo que hacen desde Estados Unidos a Brasil y los países europeos, dice, que tienen políticas para sectores considerados estratégicos. Al Gobierno no le interesa y desmontó prácticamente toda la infraestructura de la política industrial existente. Había mucho por reformar, pero las herramientas hoy son prácticamente cero. 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