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La Plata » El dia La Plata
Fecha: 01/03/2026 02:49
Supieron contarse por decenas en el Centro y ser cita obligada de expertos. Hoy, el juego se refugia en un puñado de locales que buscan conjugar calidad, servicio y convocatoria juvenil Francisco L. Lagomarsino Francisco L. Lagomarsino Como una marea que avanza y retrocede sin apuro, en La Plata el pool supo ser sensación más de una vez. La primera, en los años 60 del siglo pasado, cuando las mesas coparon bares y clubes de barrio y el juego convivía -y competía- con el billar tradicional. La segunda, a mediados de los 80, cuando -según recuerdan los habitués del paño- todo el mundo ponía pools y en el centro llegaron a contarse más de 50 boliches. Y hubo un nuevo impulso a comienzos de este milenio, cuando el fenómeno volvió asociado a una previa entretenida y accesible. Hoy, el juego sigue vigente, pero con otra lógica: la de los grupos de amigos que eligen los locales como puntos de encuentro. Darío Liguori, dueño de un salón en la zona de plaza Rocha, y otro a metros de plaza Malvinas, sintetiza ese recorrido con una mirada retrospectiva: El auge más reciente se dio unos diez o doce años atrás. Después, agrega sin vueltas, la cosa cayó mucho. Y compara los rasgos actuales de su clientela con los de sus antecesores. Si bien va gente a los pools, por ahí no es el típico público de pool el que va, el que practica, que juega torneos y demás hoy es más como una salida social entre amigos, que no son jugadores de pool, sino que van a tomar algo, a divertirse y terminan jugando. En esa definición aparece una de las claves actuales: el pool dejó de ser el centro exclusivo de la escena para convertirse en parte de una experiencia más amplia. Los dos locales de Liguori suman 33 mesas, cuya adquisición y mantenimiento insumen una inversión considerable. Tenemos todas mesas de las buenas, y cada una ronda los 5 mil a 6 mil dólares, detalla. A eso se agregan tacos, bolas y paños, con el desgaste lógico del uso cotidiano. Obviamente, como todo, se desgasta; sobre todo el tema de los paños y lo que son los tacos. Eso lleva un mantenimiento mensual también. La calidad, sostiene, exige recambio constante y atención técnica. El pool es un juego divertido y se puede jugar a cualquier edad. Eso no va a morirse nunca El perfil de los clientes varía según el salón. En uno, tenemos un público más joven, llamalo más facultativo, de 18 a 21 años, explica. Son ingresantes y estudiantes universitarios que adoptan el spot como punto de encuentro. En cambio, el otro local ya tiene una edad más elevada, promedio 30 años, mayoritariamente. Allí predominan grupos grandes de amigos, o una parejita, o dos o tres amigos, aunque -aclara- no hay tanto nivel de jugadores, ni expertos; algunos te vienen, pero no es el fuerte, por lo menos de nuestros locales. Las mesas se alquilan por 8 mil pesos la hora, y suele haber promos. Si alguien juega media hora, paga la mitad, y si juega dos horas, el doble. El servicio de bar acompaña esa dinámica. No es indispensable, pero sí, obviamente, una parte de bar tenemos que tener, porque la gente que va algo te toma explica Darío. No hay shows ni espectáculos en vivo: solamente ofrecemos buena coctelería, sobre todo en el local que atrae a la gente más grande, comida y las mesas de pool. Casi en el microcentro, a dos cuadras de plaza Moreno está uno de los salones decanos de la Ciudad, donde el pulso de la demanda se coteja con el calendario académico. Mailén Pennisi, encargada, lo explica: La realidad es que el pool siempre tiene momentos fuertes y otros más bajos. En nuestro caso, dentro del mismo año, porque tenemos mucho público universitario. La estacionalidad se siente especialmente en verano: Cuando los estudiantes se van, que suele ser a partir de diciembre hasta febrero, el negocio, en lo que respecta a las mesas de pool, baja sensiblemente. Ellos son los que llenan el lugar. La ubicación y los horarios son, en este marco, factores clave para el éxito. Estamos en una ubicación muy estratégica, que nos ayuda un montón; somos uno de los lugares que cierra más tarde que el resto, y eso nos beneficia, porque al cerrar el resto, después todo el mundo viene para acá. Al frente de un espacio que lleva abierto 26 años, Mailén no duda de la vigencia del juego. Al pool lo pueden jugar todas las edades, todas las personas. Eso no se va a cortar nunca, no va a morirse nunca. Creo que es un juego divertido, fácil de aprender y al alcance de cualquiera. La expectativa es clara: Esperemos estar otros 26 años más. El local, en calle 48, cuenta con 16 mesas 14 en planta baja y dos en el piso superior y una estructura pensada para sostener calidad. La realidad es que más que trabajoso es costoso, admite Pennisi sobre el mantenimiento. Un paño dura aproximadamente entre 4 y 6 meses, por lo que el recambio es periódico. Las punteras de los tacos se reemplazan cuando se rompen y las tizas -que duran muy poco- se cambian dos o tres veces por semana. En cuanto al equipamiento personal, es tolerado y bienvenido. Siempre y cuando los jugadores no quieran usar los tacos que tenemos para los clientes, son libres de poder comprarse uno y traerlo. Un taco de buena calidad hoy debe rondar los 20 mil a 30 mil pesos, de ahí para arriba. Muchos suman un guante para que pueda resbalar el taco al momento de taquear, que cuesta entre 3 mil y 4 mil pesos. Llevar tiza suena a detallismo extremo: Tenemos unas muy buenas, marca Master; no son algo en que la gente deba gastar. Pero hay muchos que tienen la personal y la pueden traer tranquilamente revela Pennisi. Hoy es como una salida entre amigos, que van a tomar algo, a divertirse y terminan jugando El movimiento, en su salón, cambia según la franja horaria. A la mañana suelen venir chicos más jóvenes, de colegio; y a la tarde, chicos de colegios o facultades. Por la noche, especialmente después de la medianoche, rige la mayoría de edad: Toda persona que ingrese y quiera permanecer tiene que ser mayor de 18 años. Los picos son claros: Viernes y sábado son los días más explosivos. En las últimas semanas, añade, los domingos también viene muchísima gente. Como en los demás pools, allí el entretenimiento se fracciona y se cobra por tiempo. Si se quedan 40 minutos, eso se les cobra. No se redondea. La hora en sí vale 9 mil pesos. Las contiendas suelen ir de la mano de alguna bebida. No somos un negocio que tenga comida de carta; tenemos una bastante sencilla, lo básico para acompañar al juego. Obviamente, algo hay que tener. A diferencia de otros salones, el de calle 48 sí organiza torneos para sus habitués. Los hacemos en las mesas 1 y 2, que están preparadas de otra manera, con un mejor paño indican: son torneos de primera y segunda categoría, y cuando se generan viene todo el mundo a ver a esos jugadores; es un placer verlos. En paralelo con los expertos, trabajan la renovación generacional. Estamos enfocados en atraer al público más joven y le damos mucha bola a eso; hacemos hincapié en la buena atención asevera Mailén. Para quienes esperan su turno, sumaron juegos de mesa: La gente está sentada tomando algo mientras tanto, y les damos juegos para que se diviertan. El estilo de los bares de Liguori es diferente. No organizamos torneos, anticipa: Puede haber jugadores que practican y que participen en algún circuito externo, pero el salón no gira en torno a eso. La realidad es que cada cual está en su mundo; no mira al de al lado no es que la gente se junta y los mira: Uy, qué bien que juegan. El emprendedor sostiene que a diferencia del billar tradicional o de las bochas, que fueron muriendo, algo así como la quiniela, que juega la gente grande nada más el pool mantiene una renovación constante. En vez de ir los pibes a un bar y sentarse en una mesa, por ahí se les dice Che, vamos ahí, que de paso hay un pool, jugamos un ratito.... Entre los salones platenses más recordados, aparecen el Rivadavia (50 entre 7 y 8) y los salones de 1 y 44, 7 y 53, 8 entre 55 y 56, 7 entre 42 y 43... Después de los 60, la segunda explosión del pool llegó a mediados de los 80. En esa etapa, todo el mundo ponía pools en La Plata y en el centro llegaron a contarse más de medio centenar. Ese renacer no fue aislado: pegó primero en la costa atlántica, luego en Buenos Aires y finalmente acá. Los bares incorporaron mesas como atractivo central, con estética estadounidense, luces de colores sobre el paño y rock de fondo. Hoy, lejos de los picos de otras décadas, los salones que permanecen activos apuestan a la ambientación, la coctelería, la gastronomía y el encuentro como formas de continuidad y vigencia. 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