01/03/2026 02:55
01/03/2026 02:55
01/03/2026 02:49
01/03/2026 02:49
01/03/2026 02:49
01/03/2026 02:49
01/03/2026 02:49
01/03/2026 02:49
01/03/2026 02:49
01/03/2026 02:49
» La Nacion
Fecha: 01/03/2026 00:53
El regreso de Scrubs: cómo es el revival de una de las series de médicos más divertidas de la televisión La impronta de la sitcom dominó su narrativa en los años 90, al igual que los asuntos del corazón y el humor; tras un revival frustrado, volvió ahora con sus personajes originales - 8 minutos de lectura' En un tiempo lejano, las series de médicos también se permitían una sonrisa. Mucho antes de que se impusiera el vértigo del tiempo real con The Pitt, el éxito de HBO Max, los médicos también podían divertirse con las vicisitudes de su profesión y los desencuentros del romance. Scrubs debutó ya hace 25 años en la cadena NBC, consiguió éxito de público y respaldo de la crítica, para pasar en 2009 a ABC en una octava temporada que funcionó, de alguna manera, como despedida temporal del elenco original. Tras un revival frustrado en la novena temporada -que fue bautizado Escuela de medicina-, ahora llega el reencuentro con los personajes originales, en el mismo hospital de enseñanza médica Sagrado Corazón de California, donde el tiempo ha seguido su curso y las historias retoman su rumbo. Estrenada en la plataforma Disney+ en estos días, esta renovada Scrubs asume su herencia nostálgica, su impronta de comedia y nos trae nuevamente a Zach Braff como Jonathan JD Dorian, a la doctora Elliot en la piel de Sarah Chalke, y a todo ese equipo que no sabíamos cuánto extrañábamos. No hay demasiados preámbulos en el primer episodio, titulado con astucia Mi regreso. Una puerta de vidrio con letras rojas que anuncian Emergencias se abre y una camilla con un paciente herido hace su entrada. De frente, el rostro expectante de JD escucha el anuncio: Disparo en el tórax. No tocó el corazón, pero sí el pulmón. A partir de allí, el frenesí al que nos tienen habituados: la camilla rodando sobre el piso, los médicos ataviándose con máscaras e instrumental, indicaciones a los gritos, maniobras de salvataje. A los pocos segundos, una voz en off acompaña: La profesión médica puede llevarte por diferentes caminos. Es JD y su reflexión nos acerca a su presente. Si tienes suerte, te lleva al lugar en el que deberías estar. Un movimiento preciso y el paciente se estabiliza. Mientras JD anuncia la entrada al quirófano, médicos, enfermeros y pacientes vivan su nombre. ¡Dorian! ¡Dorian!. ¿Ha llegado al lugar en el que se supone debería estar? Referente La historia de Scrubs nunca fue muy diferente del resto de las series de médicos. En lo tardíos años 90, ER Emergencias y Chicago Hope fueron las estrellas: hospitales en la misma ciudad, elencos potentes, retratos del fragor de la profesión médica y un asomo a la vida personal de los que allí trabajaban. La primera, creada por Michael Crichton, duró 15 temporadas y desde entonces se convirtió en una referente para el género. Para muchos, el siguiente mojón en el universo médico fue Greys Anatomy, creada en 2005 por Shonda Rhimes, distintiva por su espíritu novelesco y su elenco rotativo. Pero no, antes estuvo Scrubs. Desde 2001 apareció como la contracara de esa solemnidad que parecía surcar los pasillos de los hospitales de Chicago, y en el Sagrado Corazón el aprendizaje de la profesión podía llegar con calidez y un dejo de ironía. La impronta de la sitcom dominó su narrativa, al igual que los asuntos del corazón y la fantasía de JD, y sus amores e inseguridades sobre el rumbo de su vida se convirtieron en el principal alimento del relato. Y el humor, en equilibrio entre la esperanza y el cinismo, su marca distintiva. Este regreso generó mucha expectativa. La misma que el retorno de muchas de las series que se reflotaron en los últimos años como una oleada de nostalgia que encontró en el pasado el refugio a la crisis creativa que amenaza hoy al streaming. Frasier, Murphy Brown, Will & Grace fueron parte de esta estrategia de echar mano a los éxitos de la comedia de situación para intentar una apuesta con ganador asegurado. Pero no siempre es fácil recuperar aquel público, aggiornar las historias al presente, encontrar una chispa distintiva y no una mera réplica. No todas lo consiguen, y en ese desconcierto Scrubs parece decidida a encontrar un hueco donde ubicarse. Ya desde el inicio de esta, que cronológicamente sería la décima temporada, despeja los errores de la novena que había intentado correr del centro a los protagonistas para dar luz sobre nuevos personajes, nuevas historias, un paraguas general apoyado sobre la educación médica. No, no, aquí son los mismos de siempre, con problemas y preocupaciones nuevas. Porque sí, el tiempo ha pasado para todos. En ese sentido, lo que vimos al comienzo, la urgencia, el salvataje y los papelitos de celebración -con un autógrafo en un tatuaje incluido-, no es más que uno de los sueños de JD, esos a los que ya nos tenía acostumbrados. En su despertar descubrimos su verdadera realidad, con un bisturí sobre la uña encarnada de un paciente en la consulta privada. Ser médico privado no supone una diversión constante -retoma su voz en off, algo desilusionada-, pero tengo más tiempo para ver a mis hijos. Y sí, parece que no vamos a ver el fragor de la sala de urgencias y los vítores al héroe de la jornada sino la rutina de un trabajador de la medicina que debe lidiar con la vida real día a día. Eso sí, con el humor de siempre. Poco a poco nos enteramos que regresó al Sagrado Corazón cuando uno de sus pacientes se desmayó repentinamente, que vive a una hora del hospital en el estado de California y que las cosas para esa institución médica no cambiaron demasiado. Siempre con la sala de espera atiborrada de gente, camilleros entrando y saliendo, médicos corriendo, estudiantes aprendiendo cómo será ese futuro con el que todavía sueñan. Esa nostalgia es un guiño de entrada, siempre neutralizado su sentimentalismo con el humor del que hizo gala desde sus comienzos: afilado, inesperado, entrañable. Y a medida que avanzan los minutos descubrimos que muchos de los que estaban allí antes siguen estando ahora: el doctor Christopher Turk (Donald Faison) sale corriendo del quirófano para recibir a JD y descubrir que los saltos del águila de su juventud ahora pueden ser malos para el nervio ciático; se escuchan los retos de la enfermera Carla Espinosa (Judy Reyes), con la que Turk está casado y tienen cuatro hijas; y, por supuesto, aparece la doctora Elliot Reed (Sarah Chalke), con la que JD se escondió en un armario por primera vez y así comenzó su historia de amor. Uno de los ejes de Scrubs fue el romance, como en casi todas las sitcoms y como en muchas series de médicos. Sin llegar al extremo de los cruces promiscuos de Greys Anatomy ni tampoco al profesionalismo a ultranza de la nueva The Pitt -donde lo poco que vemos de amor es una miradita de reojo entre operación y operación-, Scrubs siguió los pasos de la historia de amor de JD y Elliot, a quienes creíamos casados y con hijos. Hay que decirlo: algo ha cambiado en ese terreno y esa es parte de las sorpresas de esta nueva temporada. Los diálogos entre ellos combinan el sarcasmo con esa atracción inocultable, eso sí, ahora en otro momento de la vida, después de idas y vueltas, reproches y alegrías, la terapia de pareja tan odiada y necesaria. Y también se suman alguna que otra disputa con las caras nuevas, como el doctor Park (Joel Kim Booster), una especie de alter ego y férrea competencia del agotado JD, y la feroz Sibby Wilson (Vanesa Meyer), la administradora del hospital, más atenta a la planilla de recursos humanos que al cuidado de la salud. Y, por supuesto, hace su merecida aparición el doctor Cox (John C McGuinley), quien ahora no llama a JD novato sino veterano. Los tiempos cambian para todos. Nuevamente creada por Bill Lawrence -responsable de Ted Lasso y la exitosa Shrinking, con Harrison Ford y Jason Segal-, Scrubs retoma su viejo pulso, como si hubiéramos seguido su pista día a día desde hace 25 años. Un cóctel de nostalgia y humor, un homenaje al espíritu de las viejas sitcoms, sin las risas grabadas pero con la misma astucia en los guiños hacia su cómplice espectador. En un mundo en el que las series reciclan las mismas cuatro o cinco coordenadas -investigadores atormentados y asesinos despiadados; clima hostil y puesta en escena sombría; narración in media res con vuelta al pasado, y trasfondos familiares escalofriantes- el humor algo inocente y placentero de este grupo de médicos, enfermeras y pacientes llevando a buen puerto su rutina y el bienestar de la vida ajenas, se siente como un bálsamo. Eso era y es Scrubs, hospital, romance y un entretenimiento que no olvida los dilemas de la profesión médica, aunque los presente con una sonrisa. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
Ver noticia original