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  • Juan del kiosco

    Concordia » El Heraldo

    Fecha: 28/02/2026 08:30

    Juan del kiosco Uno no elige donde nace, lo deciden los dados del destino o el azar. Yo tuve la fortuna de nacer y crecer frente a la Plaza España, nuestro Patio grande como decía Jaime, mi viejo, cada vez que a la mañana admiraba la belleza de árboles y jardines y se llenaba los pulmones con el aroma fresco y perfumado de las flores. Un patio grande es un espacio compartido, común. Comunidad. El barrio de la plaza España era una gran comunidad. Una comunidad no se hace sola, se construye, y en la Comunidad de la Plaza había un gran Arquitecto. Ese literal y extraordinario Maestro Mayor de Obras, para el máximo desconcierto no habitaba un fastuoso estudio, sino que tenía un Kiosco, tan famoso y querido como su dueño. Era juan López un personaje afable, que aparcaba su bicicleta después del reparto de diarios y desprendía siempre de sus ojos luminosos y su sonrisa ancha un chascarrillo al paso a los niños que comprábamos unas golosinas antes de ir a la Escuela de la Placita, o los grandes que no compraban el diario sino bajo un extenso y placentero parlamento. Para mis ojos de niño el Kiosco de Juan era parte del Paisaje, estuvo desde siempre, como los árboles, el monumento a Sarmiento, los juegos, los jardines y las flores y no recuerdo ni cuándo ni cómo Juan empezó a ser un amigo, un Padre. Pero un Padre de todos, de todos los chicos y los jóvenes, no solo de nuestro barrio, sino de zonas aledañas, lo que, para su corazón sin fronteras, no sería otra cosa que un amplio vecindario. Siempre fue- no recuerdo ni cuándo ni cómo habrá empezado eso- un excepcional propulsor del deporte en el Barrio. La plaza fue el centro de operaciones del que partían las actividades comunitarias del fútbol, el atletismo, el deporte, las carrozas para los corsos. En su universo principiaba la diversión y la alegría. Bajo su gobierno era todo amistad, todos los chicos éramos iguales, compañeros, sin esa discriminación que encontrábamos viciada en otros ámbitos de la ciudad. En sus conceptos era fundamental en el deporte, además de cierta disciplina, lo lúdico. Es difícil medir la significación de moldear en los chicos un cuerpo de placer, de juego, en un momento histórico de cuerpos comprimidos y movimientos disciplinados en las filas de la escuela, en la que se tomaba distancia, con el brazo extendido, formados de menor a mayor, se levantaban los cuerpos sumisos cuando entraba la seño, se medían los pasos de marcha en los desfiles militarizados, y en nuestro Patio grande los placeros medían el límite permitido de los arrumacos de los amantes, nacidos de la bienvenida luz escasa de los bancos promisorios. Juan promovía una relación con el cuerpo libre y feliz. Juan, sin palabras, aunque hablara mucho, construía sentido, valores. Su visión del mundo despojado del pavoneo, de la vanidad y la estupidez del éxito era muy otra, era la amistad, la fraternidad, el disfrute del encuentro, humano. Muy otros eran sus valores claro, y vaya si calaron hondo en nosotros, sus hijos del barrio. Una vez, yo tendría diez o doce años, jugamos un torneo nuestro equipo, conformado por gurises de la plaza, el ex aeroclub, el tiro etc. contra una escuela de Nogoyá. Juan nos ordenó llevar espores porque los botines podían lastimar al rival. Yo atajaba y cuando vino el cuarto gol de una humillante goleada, miré al banco esperando el regaño o el enojo de nuestro maravilloso técnico que reía a carcajadas porque el gol había sido resultado un blooper. No era competir la cosa, no era ganar o perder como tragedia, era divertirse, era la alegría, aprender a ser felices. En el barrio organizó las carrozas con las que participamos de los corsos, aquellos antiguos de calle Entre Ríos, en los que nadie quedó afuera, en el que todos gozamos de la fiesta. Con un dinero que Salió de allí organizó López una jornada en Juan XXIII. Fue un encuentro conmovedor con chicos lastimados por el destino y la injusticia, futbol, merienda, sonrisas, alegría, solidaridad, infinita solidaridad y ternura, así era Juan López, eso transmitía, una sencillez y un desprecio por las cosas materiales y las vanas glorias, admirable. Del sol de su generosidad nació una generación de buenas personas. Hoy veo los hombres que fueron los gurises que crecieron con Juan y reconozco su sello de buenas personas. El miércoles 25 de febrero Juan se fue al fantástico cielo donde habitan los bondadosos y tiernos y nosotros nos quedamos, nostálgicos, con su luminoso recuerdo, con sus anécdotas y profundas enseñanzas que forjaron hombres y mujeres solidarias, sensibles, amables.¡ Juan López, querido amigo, Padre y Maestro de la Plaza España, tus enseñanzas y tu amor quedarán por siempre en los corazones de tus vecinos, los que tuvimos la fortuna de compartir con vos esta maravillosa aventura de la vida, en el Patio grande de la Plaza España, o en donde estés, en la estrella que estés, que se ensanche tu sonrisa amable para dibujar en tu alma la ternura que nos dejaste, gracias por siempre, y hasta siempre!

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