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Fecha: 28/02/2026 05:43
Pasó de las palabras a los hechos: el presidente Javier Milei, que apoda al empresario Javier Madanes Quintanilla Don Gomita Alumínica, la semana pasada eliminó un arancel que protegía la producción local de aluminio que favorecía a su empresa, Aluar. Luego, en un tuit, recordó también su desprecio por Don Chatarrín de los Tubitos Caros, en referencia a Paolo Rocca, el CEO de Techint. Con Rocca ya había pasado de las palabras a los hechos, cuando un año atrás liberó la exportación de chatarra que beneficiaba a la industria siderúrgica nacional abaratando el insumo. De ahí el malicioso apodo de Don Chatarrín. Leé también: Por qué las encuestas muestran que el cierre de Fate es negativo para el plan económico de Milei Milei incluso le puso título a su belicoso posteo en la red X: BATALLA CULTURAL. Una guerra insólita Esa insólita guerra del economista libertario contra los empresaurios en la Argentina tiene antecedentes: el presidente Néstor Kirchner buscaba siempre culpar de la inflación a los empresarios codiciosos que subían los precios. Durante un discurso por cadena nacional, Kirchner apeló al slogan publicitario de la cadena de supermercados COTO -yo te conozco: Señor Coto, yo lo conozco bien a usted, dijo. El truco de comunicación funcionó bien durante años: la política económica del kirchnerismo generaba inflación, pero el Gobierno les echaba la culpa a los empresarios, que para no tener problemas con el poder político, hacían silencio y ponían la otra mejilla. El que calla, otorga: durante años, los argentinos compraron la curiosa teoría de que los culpables de la inflación eran los formadores de precios o grupos concentrados con los que el kirchnerismo se quitaba el sayo de la inflación crónica. El encuestador Lucas Romero también apeló a la red X para sintetizar la estrategia populista que entrevé detrás de la ofensiva de Milei contra los industriales argentinos: Si va a haber destrucción del tejido industrial, hay que transformar a los industriales en enemigos públicos. Los industriales deben ser los causantes de los males argentinos, analizó el politólogo fundador de la consultora Synopsis. ¿El Gobierno libertario apela a la misma estratagema comunicacional que el kirchnerismo? El período kirchnerista no fue particularmente pródigo en inversiones. ¿Esta vez será distinto? Qué dicen las encuestas Un panel de encuestadores, consultores políticos y profesionales de comunicación empresaria llegó a la conclusión de que esa hostilidad del Presidente hacia los empresarios industriales nacionales es una actitud poco productiva para atraer inversiones. Esa fue la opción más tildada en ese sondeo a profesionales organizado por la revista Imagen, y ante media docena de preguntas con opciones múltiples de respuesta, la segunda más elegida fue No suma nada y genera un conflicto inútil en una economía en recuperación. Lo más llamativo es que el 70 por ciento de los 65 panelistas califica el vínculo con el empresariado del primer presidente economista de la historia argentina de regular a muy malo. Pero lo más desconcertante para los profesionales de comunicación que asesoran a los empresarios argentinos es no saber cómo pararse ante Milei. Cuando Techint perdió ante una empresa india la licitación para proveer los caños para un gasoducto del consorcio SESA (con YPF, PAE y Pampa Energía) que explota el yacimiento de Vaca Muerta, Milei recordó su frase de que el que tenga que quebrar que quiebre. Pero semanas más tarde, cuando la fábrica de neumáticos Fate -de Madanes Quintanilla- tiró la toalla ante la apertura importadora y cerró dejando sin trabajo a más de 900 empleados, la respuesta de Milei -nuevamente en la red X- fue insinuar que se trataba de una conspiración en su contra: ¿Conspiranoico yo? Fin. El que tenga que quebrar, que quiebre, pero, si quiebra, es una conspiración contra Milei: el cierre de Fate fue muy sonoro por el peso de la marca y el volumen de la empresa, pero fue un caso más que se sumó al de otras 22.000 empresas que bajaron definitivamente sus persianas desde que asumió Milei: que quiebren, pero que no se note. Ante esta actitud contradictoria del mandatario argentino, los panelistas convocados por la revista Imagen se mostraron divididos: la respuesta más frecuente (40 por ciento) fue que se trata de una contradicción que puede afectar potenciales inversiones. Sin embargo, otro 28 por ciento cree que es una contradicción en su discurso que solo notan analistas políticos, e incluso el 25 por ciento sostiene que Milei tiene razón y que los de Fate deberían haber separado el cierre de la empresa unos días del paro: la coincidencia de bajar la persiana justo el día previo al último paro nacional sindical es lo que Milei retrató como conspiración en su contra y -de paso- se colocaba en víctima de lo que -en realidad- es una tragedia para cientos de empleados y muchos proveedores locales. El mecanismo de desplazar la culpa y colocarse en el lugar de la víctima -tan propio del kirchnerismo- funciona por un tiempo: Javier Milei tuvo una inesperada segunda luna de miel con el electorado a fines del año pasado, luego de su triunfo en las elecciones legislativas del 26 de octubre. Pero a fin de febrero ya buena parte de esa recuperación se había esfumado. Según el Latam Pulse Argentina de la encuestadora Atlas Intel Bloomberg -la que mejor acertó el triunfo electoral de Javier Milei sobre el peronista Sergio Massa en 2023- la aprobación del Presidente está cerca de su mínimo histórico de 40 por ciento de septiembre del año pasado, y su desaprobación volvió al mismo nivel de 55 por ciento de medio año atrás: no le sobra nada de imagen; y por eso la advertencia de los profesionales de comunicación y consultores políticos es relevante. Leé también: Mundo al revés: la política de Milei anda mejor que la economía de Milei Kirchner podía usar a los empresarios como chivo expiatorio para el fracaso de su política económica porque esa actitud era consistente con el viejo discurso peronista de combatir al capital. El electorado del libertario, en cambio, es más variopinto y menos proclive a odiar al empresariado. Ese votante necesitaría que el discurso oficial reemplace a los tan mentados empresaurios con algún tipo nuevo de empresario, ya que el estado no corre más. El problema: la avalancha de inversiones y nuevas empresas para reemplazar a los empresaurios se está haciendo esperar.
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