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  • De la Semana Trágica a las marchas contra el ajuste: la historia obrera argentina vuelve a escena

    Parana » AIM Digital

    Fecha: 27/02/2026 20:11

    La Argentina tiene una tradición sindical y de lucha obrera que marcó su historia política y social. Cada vez que el país atraviesa reformas económicas profundas, el movimiento de trabajadores reaparece como actor central. El momento actual, con el gobierno de Javier Milei impulsando cambios estructurales, vuelve a poner esa tradición en primer plano. Los orígenes: sangre y organización Las primeras grandes luchas obreras del siglo XX dejaron una marca indeleble. La Semana Trágica de 1919 en Buenos Aires expuso la tensión entre el movimiento obrero y el Estado, con una represión que dejó centenares de muertos. Poco después, la Patagonia Rebelde mostró el mismo conflicto en el sur del país, con huelgas rurales que terminaron en fusilamientos. En aquellos años, sindicatos anarquistas y socialistas empezaron a consolidar estructuras de representación que luego darían forma a un sindicalismo más organizado y de alcance nacional. El peronismo y la consolidación sindical Con la irrupción de Juan Domingo Perón en la década de 1940, el movimiento obrero pasó a ocupar un lugar central en el poder político. La alianza entre el Estado y los sindicatos transformó derechos laborales en política pública: vacaciones pagas, aguinaldo, convenios colectivos. La creación y consolidación de la CGT como central obrera fortaleció una estructura sindical que, con matices y fracturas, se mantuvo como actor decisivo durante décadas. Dictadura, resistencia y democracia Durante la última dictadura militar (1976-1983), el movimiento obrero sufrió persecución, desapariciones y pérdida de derechos. Sin embargo, también protagonizó paros y movilizaciones que contribuyeron al desgaste del régimen. Con el retorno democrático, los sindicatos recuperaron protagonismo en las disputas salariales y en los debates por reformas estructurales, especialmente en los años noventa, cuando las privatizaciones y la apertura económica generaron un fuerte aumento del desempleo. El presente: reforma, ajuste y calle Hoy, con un gobierno que promueve desregulación económica, reforma laboral y reducción del gasto público, el movimiento sindical enfrenta uno de los escenarios más desafiantes desde la recuperación democrática. Las marchas contra proyectos oficiales, los paros sectoriales y las advertencias de la CGT reflejan una tensión clásica en la historia argentina: cuando el Ejecutivo impulsa transformaciones profundas del modelo económico, el sindicalismo mide fuerzas en la calle. El discurso oficial plantea que las reformas son necesarias para modernizar la economía y atraer inversiones. Desde el sindicalismo, la respuesta es que el costo del ajuste recae sobre trabajadores formales e informales, con pérdida de poder adquisitivo y precarización. Una constante histórica La historia obrera argentina muestra un patrón repetido: crisis económica, intento de reforma estructural y reacción sindical. No siempre con los mismos liderazgos ni con idénticas demandas, pero sí con una lógica persistente de confrontación y negociación. El momento actual no es una excepción. La discusión no es solo salarial o normativa. Es, como tantas veces en el pasado, una disputa por el modelo de país y por el lugar que ocupa el trabajo en la estructura económica y social. En ese marco, las movilizaciones recientes no pueden leerse como hechos aislados. Son parte de una tradición que atraviesa más de un siglo y que, frente a cada giro político, vuelve a hacerse visible en las calles. De la Redacción de AIM

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