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  • Murió el exvocero presidencial de Fernando De la Rúa, Darío Lopérfido

    Parana » Cuestion Entrerriana

    Fecha: 27/02/2026 12:43

    Murió a los 62 años Darío Lopérfido, el exvocero de Fernando de la Rúa y exsecretario de cultura de la Ciudad de Buenos Aires y exdirector del Teatro Colón. El exfuncionario, que también ocupó distintos cargos públicos vinculados a la gestión cultural, padecía ELA (esclerosis lateral amiotrófica). Lopérfido vivía en Madrid con su familia, desde donde el año pasado confirmó que sufría esta enfermedad neurodegenerativa: Yo también estoy enfermo. Hay enfermedades que te matan más rápido. Esta tiene esta cosa de la imposibilidad física, y eso es lo que más duele. La noticia fue confirmada por allegados a su familia. En los últimos meses su estado de salud se había deteriorado de manera acelerada. Fiel a su estilo directo y provocador, Lopérfido había decidido anticiparse a los rumores y contar en primera persona el diagnóstico en un texto publicado en el sitio Seúl, donde abordó la enfermedad con crudeza y sin concesiones retóricas. Dos meses antes de morir, Darío Lopérfido compartió algo estremecedor y penosamente realista: El Darío de antes de la enfermedad ya murió. Lo publicó en una columna titulada Tener ELA es una mierda, donde describió también sin ambages: Caminás pésimo, la voz se te vuelve de borracho y comés con el riesgo de que se te caiga la baba. Destacó, como cosa del pasado, que había sido un buen polemista; sin embargo, hasta el final de su vida siguió escribiendo columnas que creaban chispas. La ELA le había quitado la voz, el paso firme, la vida social. La pasión contendiente, no. Quizá no todo el Lopérfido de antes de la enfermedad había muerto antes de este 27 de febrero de 2026, cuando se conoció la noticia en Madrid, donde vivió los últimos años. Lopérfido no era un polemista de red social, algo hoy directamente vintage. Su ironía buscaba la estructura de un argumento. No siempre tuvo razón. En 2016 cuestionó la cifra de 30.000 desaparecidos de la última dictadura, una posición que contradice el consenso de los organismos de derechos humanos e hirió a tantas familias con muertos sin tumba. Pero otra característica de Lopérfido: una coherencia a pesar de los costos no rectificó su dicho. Años después, explicó: Me podría haber retractado y seguir tranquilo o mantenerme en mi posición. Eso hice y me siento orgulloso de mi actitud. Lopérfido era políticamente liberal, una expresión que en tiempos de libertarios no hay que dar por sobreentendida. Tenía como eje de su vida, según dijo en una entrevista, la defensa de la libertad. Lo repitió al asumir la dirección de la Cátedra Vargas Llosa, iniciativa literaria internacional, cuando habló del intelectual francés Albert Camus como un guía intelectual: ayuda a pensar que cualquier forma de autoritarismo es cuestionable, ninguna ideología o dogma se puede superponer al hombre. Había votado a Milei por su antikirchnerismo visceral, pero lo criticaba: La pobreza sigue siendo enorme, la educación sigue en declive, la seguridad sigue siendo una preocupación, la corrupción no se ha erradicado. Y cuando el presidente argentino cantó con el Chaqueño Palavecino le recordó que lo suyo era el gobierno, no el espectáculo. Lo comparó con Carlos Menem, sin visos de elogio. De su gestión como secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires salieron dos instituciones que sobrevivieron largamente a su fundación. El Festival Internacional de Buenos Aires nació en 1997; el BAFICI, en 1999. El festival de cine independiente se consolidó como el más importante de América Latina y una referencia internacional bajo directores artísticos como Quintín, Sergio Wolf y Marcelo Panozzo. En febrero de 2015 asumió como director general y artístico del Teatro Colón, la histórica ópera porteña y la más importante de América Latina. Durante su gestión incrementó la presencia de figuras internacionales y de argentinos con carreras en el exterior, inició las transmisiones por streaming y abrió los ensayos al público. Mauricio Macri lo designó representante especial para la promoción de la cultura argentina en Berlín. Para los que nos gusta la música clásica, resumió Lopérfido, es como estar en Disneylandia. Duró nueve meses. Lopérfido vivió sus últimos años en Europa. Ya con la ELA avanzada, Lopérfido grabó en Madrid el ciclo El hombre rebelde: entrevistas con entre otros el venezolano Leopoldo López, el escritor Sergio Ramírez exiliado de Nicaragua, y Yunior García, dramaturgo cubano disidente. Vargas Llosa murió en abril de 2024 sin saber que su colaborador tenía ELA: el diagnóstico se reveló al mes siguiente. Lopérfido había empezado con un problema de movilidad en una pierna; luego notó que se extendía a su mano izquierda. Como era diestro, comentó: Por suerte puedo escribir. La ELA, contó en Seúl, es una enfermedad sin épica: no hay tratamiento dramático para que los demás vean que uno la está peleando. Lo que sí había era deterioro constante y sin anécdotas. Lo más heroico que te puede pasar es caerte, escribió. Yo me caí bastante, pero caerse da un poco la imagen de idiota. Era ateo pero no fanático, como Christopher Hitchens, aclaró porque simplemente no podía creer en dios. Lo vivo, más bien, como una falta. Me hubiese gustado. Ante la enfermedad incurable eso tenía consecuencias prácticas: Si tenés ELA, la única alternativa para no convertirte en una planta delante del televisor es expandir la actividad cerebral al límite. Fue en ese contexto que grabó su última entrevista con el escritor Martín Caparrós, quien también sufre de ELA y vive en Madrid. Se conocían hace años y se respetaban a pesar de pensar distinto en, básicamente, todísimo todo: Él es de izquierda y yo liberal, y eso no es motivo para no tener una buena relación. Lopérfido había leído el libro de Caparrós sobre la enfermedad, Antes que nada, y decidió contarle que compartían el diagnóstico un par de días antes de grabar. Para alguien que, como Lopérfido, había explicitado su defensa la libertad individual frente al Estado, el dogma y la corrección política, la muerte asistida que es legal en España era evidentemente parte de la conversación: el derecho a elegir el camino del propio cuerpo. Uno no puede decidir nacer, pero puede decidir morir. Vivir no debe ser obligatorio. La definió como la más liberal de las muertes y como el mayor logro de la humanidad para quienes no tienen esperanza y sólo conviven con el infierno. No había tomado esa decisión, aclaró al hablar del tema, pero saber que estaba disponible lo aliviaba. Era una posición que había tenido siempre. La ELA sólo la había vuelto personal.

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