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» La Nacion
Fecha: 27/02/2026 11:57
Oona ONeill, la hija del escritor Eugene ONeill, tenía 17 años cuando conoció al actor y director Charles Chaplin, de 53 - 12 minutos de lectura' La primera vez que Charlie Chaplin la vio, Oona ONeill estaba sentada sola junto al fuego. Él tenía 53 años, tres matrimonios en su haber y varias relaciones escandalosas, en su mayoría con menores de edad. Además, atravesaba un juicio por paternidad. Ella tenía 17 y acababa de llegar a Hollywood con su madre para perseguir una carrera actoral. Todavía cargaba una herida antigua que la acompañaría por el resto de su vida: el abandono de su padre, el escritor ganador del Premio Nobel de Literatura en 1936, Eugene ONeill. Cada uno tenía su historia previa, su pasado. Claro que la de Oona era más breve, pero no por eso menos intensa ni menos trágica. ¡Papi, papi!" Oona nació en 1925, fruto del matrimonio entre el escritor y Agnes Ruby Boulton, también escritora, aunque de menor trascendencia. Tenía un hermano seis años mayor, Shane, y otros extramatrimoniales que no vivían con ellos. Shane fue en parte su consuelo cuando el padre los abandonó: Oona no llegaba a los tres años, y él ya tenía 10. Aunque ella era muy chica para entender lo que pasaba, extrañaba a su papá. Así lo asegura su biógrafa, Jane Scovell, en el libro Oona, living in the Shadows (Oona, viviendo en las sombras), quien agrega que la niña lo buscaba en vano, lo nombró apenas empezó a hablar, se derramaba sobre revistas y diarios buscando sus fotos. Preguntaba por su padre, cuándo iba a volver. Lo señalaba en las imágenes que encontraba y gritaba: ¡Papi, papi!. ONeill les manda cartas diciéndoles que los extrañaba, que pensaba en ellos todos los días antes de dormir. Les preguntaba qué hacían. Pero su verdadera intención era alejarse definitivamente, y hacerlo pronto: Necesitaba alguna provocación que justificara una rotura final, pero por el momento no quería ser olvidado, solo quería no estar ahí, cuenta Scovell. Y aunque les prometía que quería verlos, nunca lo hizo. De hecho, para julio de 1929, Agnes y Eugene se divorciaron. Oona no tenía cuatro años. Y después, cuando conoció a su tercera esposa, Carlotta, siguió manteniendo correspondencia con sus hijos por unos meses más. Pero ya en 1930 las noticias sobre el padre empezaron a escasear, hasta que dejó de escribirles. Su nueva esposa empezó a hacerlo por él, siguiendo sus órdenes. Hasta que también ella dejó de hacerlo. Cuando Oona entró en la adolescencia intentó acercarse en alguna que otra ocasión a su padre. Pero siempre era rechazada. Dejó de intentarlo. Mientras tanto, se convertía en una hermosa joven que llamaba la atención de los hombres con solo mirarla. Uno de ellos, nada menos que Orson Welles. Una línea directa a otro hombre Para 1940, Oona se había convertido en la debutante número uno. Una debutante era una joven de la élite, generalmente de 16 o 18 años, que hacía su entrada formal en sociedad para indicar que estaba lista para casarse, a través de bailes, fiestas y cenas. En ese contexto conoció al que luego se convertiría en el reconocido director de cine Orson Welles. Él tenía 26 años, ella, 15. La anécdota más conocida de la relación que se basó en algunos encuentros la contó él mismo en una entrevista televisada con David Frost años después. Relató que en la primera cita, tomó la mano de Oona para leerle la palma. Después levantó su cabeza y, mirándola profundamente a los ojos, declaró que veía una línea del amor que la llevaba directo hacia otro, un hombre mayor. Luego proclamó que sabía quién era ese otro hombre. En el futuro cercano, predijo Orson Welles, Oona ONeill conocería y se casaría con Charlie Chaplin, narra Scovell. Pero antes de que esa supuesta predicción se concretara, y mientras coqueteaba con el futuro cineasta y actor, la joven empezó una relación con un escritor en ciernes, Jerome David Salinger, más conocido por sus iniciales, J.D. Salinger, y por su obra El guardián entre el centeno. La historia la cuenta en profundidad el escritor Kenneth Slawenski en el libro J.D. Salinger: A Life (J.D. Salinger: una vida). Él tenía 22 años; ella, 16. Se encontraron cuando estaban de vacaciones en la costa de Jersey con amigos. Oona ya era conocida por su belleza misteriosa y encantadora. Enseguida empezaron un romance, y el escritor decía estar perdidamente enamorado de la pequeña Oona. Pese al flechazo, la relación tambaleó cuando volvieron a Manhattan, en Nueva York, en donde ambos vivían: todo dependía de ella. Paseaban por la Quinta Avenida, cenaban en restaurantes que él apenas podía pagar, asistían a cócteles en locales glamorosos donde se codeaban con estrellas de cine y miembros de la alta sociedad, todo lo que Salinger detestaba. Al poco tiempo empezaron a verse cada vez menos, hasta que en 1942 él se enlistó en el servicio militar. Lo destinaron a un cuartel en Bainbridge, Georgia. Pero la distancia no opacó lo que sentía por Oona. Le escribía cartas a diario. Mientras tanto, ella se mudó con su madre a Los Ángeles para impulsar su carrera como actriz. Se empezaba a alejar cada vez más del joven enamorado. El vínculo se deterioraba más y más. Enseguida empezaron los rumores, las primeras planas en los diarios que la vinculaban con el actor y director Charles Chaplin. El hombre [Chaplin] le había robado a la pequeña, la que él había idealizado y con quien soñaba casarse. El episodio más humillante para Salinger. Todos sabían lo que sentía por ONeill. Sus propios compañeros del ejército, a quienes con orgullo les había mostrado la foto de Oona, ahora lo miraban con compasión, destaca Slawenski. ¡P.D., acabo de conocer a Charlie Chaplin!" Por supuesto, los rumores eran ciertos. La hija del dramaturgo había conocido en Hollywood a Chaplin, gracias a la agente Mina Wallace, quien organizó una cena con ese fin concreto. Muchos años después, el actor contó en su autobiografía: Llegué temprano [a la cena] y, cuando entré a la sala de estar, descubrí a una joven sentada sola cerca del fuego. Mientras esperaba a la señorita Wallis, me presenté, dije que asumía que era la señorita ONeill. Ella sonrió. Contrario a mi idea preconcebida, noté una belleza luminosa, encanto y dulzura. Se asume que ella quedó impresionada, ya que le envió una carta a su amiga Carol Marcus diciéndole: ¡P.D., acabo de conocer a Charlie Chaplin!. Ella tenía 17 y él, 53. Para ese entonces, el actor y director más emblemático del cine mudo ya había pasado por tres matrimonios. Su primera esposa fue Mildred Harris, de apenas 16 cuando él estaba por cumplir los 30. Fue una relación caótica que terminó en divorcio pocos años después. En medio del matrimonio, mientras filmaba El chico, conoció a quien se convertiría en su segunda esposa. Allí conoció a Lillita MacMurray, una niña de 12 años que tenía una breve aparición como ángel. A los pocos años cambió su nombre a Lita Grey, y Chaplin la contrató para un papel más importante en La quimera del oro. Ella había cumplido 15; Charlie, 35. Aunque era una época diferente, y hoy habría sentido el odio de toda una sociedad con este tipo de noticias, en ese momento tampoco pasaba desapercibido. La propia Lillita contó en su propia autobiografía (Mi vida con Chaplin, una memoria íntima), por ejemplo, que una vez su mamá la encontró con él en el estudio, estaban solos en un cuarto y ella entró intempestivamente cuando alguien le dijo que los había visto juntos: Bueno... soy su madre, después de todo, le dijo al actor. A lo que él respondió, leyendo entre líneas: No me agrada el rasgo que toma su preocupación. No tengo el hábtio de ir seduciendo niñas de 12 años. Sin embargo, el biógrafo del actor, Peter Ackroyd, escribió en su libro que, en la primera jornada de rodaje, él le dijo a Lita: Cuando sea el momento y el lugar adecuados, vamos a hacer el amor. Y lo concretó. Ackroyd agrega: Cumplió su deseo unas semanas después en el sauna de su casa en Beverly Hills. Enseguida quedó embarazada, y él le sugirió que abortara. Pero la familia de Lita lo amenazó con denunciarlo por corrupción de menores o, directamente, pegarle un tiro. Terminaron casándose. Algunos estudiosos del escritor Vladimir Nabokov aseguran que esa historia y el nombre de Lita fueron la inspiración para su novela más emblemática, Lolita. A los 43 años, Chaplin conoció a Paulette Goddard, de 21, su tercera esposa y protagonista del éxito Tiempos modernos. Pero trabajar con él no era fácil, ni siquiera para ella. Se ponía de mal humor, se enojaba con todos, se deprimía. Paulette lo sufría en carne propia; estaba agotada. De todas formas, el casamiento se produjo cuando terminaron la grabación de la película, con la que ella creía que su carrera iba a despegar. Cuatro años después llegó su otro gran éxito, El gran dictador, en el que ella participó nuevamente como coprotagonista. Al terminar el rodaje, se divorciaron. Charlie tenía 53 años cuando conoció a otra aspirante a actriz, Joan Barry, de 22. Fue uno de sus vínculos más problemáticos. En su autobiografía recordó que ella empezó pronto con un comportamiento errático. Se separaron y volvieron. Ella lo perseguía, iba a su casa amenazando con suicidarse, entraba a la fuerza. El punto de inflexión llegó cuando le anunció que estaba embarazada de él, algo que negó rotundamente. Comenzó un juicio por paternidad que enseguida acaparó la atención de los tabloides. Él escribió: Parece mentira que después de ese sórdido episodio se produjera el acontecimiento más feliz de mi vida. Pero las sombras desaparecen con la noche, y después de la noche sale el sol. Ese sol era la entrada en escena Oona ONeill, una cena que los unió para siempre. Este va a ser el amor de mi vida Mientras Chaplin afrontaba el juicio que con el tiempo concluyó que él no era el padre también explotaban las críticas que lo catalogaban de comunista tras la aparición de El gran dictador. ONeill apareció ante él como una salvación. En su libro, detalló: A medida que iba conociendo a Oona no dejaba de sorprenderme por su sentido del humor y su tolerancia; siempre tenía en cuenta la opinión ajena. Esta y otras muchas razones fueron la causa de que me enamorara de ella. Oona acababa de cumplir 18 años, si bien confiaba en que no estaría sujeta a los caprichos de esa edad. Oona era la excepción a la regla, aunque al principio me dio miedo nuestra diferencia de edad. Pero ella estaba decidida, como si acabara de descubrir una verdad. El 14 de mayo de 1943, cuando ella cumplió 18 años, se comprometieron. Eugene ONeill se enteró y acusó a su exesposa de haber arreglado el romance. Ella respondió que no tuvo nada que ver y que, de hecho, desaconsejó la unión, pero Oona le había dicho: Si no me caso con Charlie Si no me das permiso, nunca me voy a casar con nadie. Este va a ser el amor de mi vida. Los medios empezaron a poner el foco en la diferencia de edad, que se sumaba, como una especie de escándalo, a los que ya acarreaba tras su último divorcio. En junio de 1943 la pareja se fugó a Carpintería, una ciudad costera al sur de Santa Bárbara, California. Se casaron en secreto: Oona entró temprano al ayuntamiento mientras Chaplin la esperaba afuera. Había una razón: se había casado tantas veces que sabía que los jueces tenían un botón bajo el escritorio que activaban si ingresaba una figura pública. Así avisaban a los medios. Ella, entonces, llenó los papeles por su cuenta y, cuando el juez preguntó ¿Dónde se encuentra el joven marido?, entró él. Pese a las habladurías que se generaron en torno a ese vínculo desparejo, Chaplin fue también una suerte de salvavidas para ella. La gente lo catalogaba como complejo de Electra, decían que Oona buscaba en un hombre mucho mayor para suplantar a su padre. Como planteó años después el escritor francés Frédéric Beigbeder en su libro Oona y Salinger, implicaban que sustituyó a Eugene con Chaplin. Pero Oona le dio al actor la estabilidad que no había conseguido en sus otros matrimonios. Estuvieron juntos hasta su muerte, el 25 de diciembre de 1977. Tuvieron ocho hijos y vivieron la mayor parte del tiempo en el exilio, en Suiza, adonde se mudaron en 1952 tras la persecución política del macartismo, una campaña anticomunista liderada por el senador Joseph McCarthy. Otra versión sostiene que fue el mismo gobierno de Estados Unidos el que no le renovó el permiso de ingreso al país tras su viaje a Londres de donde era originario para el estreno de Candilejas. La muerte de Chaplin la sumió en el alcoholismo y las fiestas. Los papeles se invirtieron y ahora era Oona la que salía con hombres más jóvenes. Como David Bowie, a quien conoció cuando el cantante se mudó a Suiza en 1976, cerca de ella. Él convenció a otro vecino, el pintor polaco Balthus, para que se la presentara. Oona tenía 55 años; él, 32. La atracción, dijo Balthus, fue inmediata. Con el tiempo se volvió cada vez más dependiente del alcohol. Según El País, de un modo lento pero irreversible Oona ONeill se dejó morir, no sin antes haber intentado algunas relaciones que no podían llegar a buen puerto. Había demasiada melancolía en ella. Falleció el 27 de septiembre de 1991, a los 66 años, por cáncer de páncreas. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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