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» TN
Fecha: 26/02/2026 10:51
En la infancia y la juventud, las amistades suelen surgir de manera espontánea: la escuela, el barrio o el trabajo facilitan los encuentros. Pero en la adultez, sostener los vínculos requiere intención, tiempo y una elección más consciente. En algunos casos, puede pasar mucho tiempo sin que dos amigos se vean, pero igualmente se mantiene contacto diario a través de mensajes de voz y conversaciones sobre la vida cotidiana. La distancia no debilita el vínculo, sino que lo transforma. Leé también: Bebidas energéticas y adolescentes: alertan por daños en el riñón, el corazón y la salud mental Según la periodista Allie Volpe, especializada en bienestar y relaciones, estas amistades profundas cumplen una función clave: ofrecen estabilidad emocional, identidad compartida y un espacio de confianza que no siempre se encuentra en otros ámbitos. El valor de clasificar los vínculos Aunque puede sonar frío o calculador, los especialistas sostienen que reconocer que no todas las amistades ocupan el mismo lugar es saludable. En la vida adulta, las relaciones suelen dividirse de manera natural en distintos niveles: - amigos íntimos o de confianza - amigos cercanos - vínculos sociales o circunstanciales Aceptar esta estructura evita expectativas poco realistas y reduce frustraciones. La investigación en psicología social muestra que las personas suelen mantener un círculo reducido de relaciones profundas generalmente entre tres y cinco que concentran la mayor parte del apoyo emocional. Intentar que todos los vínculos tengan la misma intensidad no solo es imposible, sino que puede generar agotamiento social. Calidad antes que cantidad Uno de los cambios más importantes con el paso del tiempo es que las personas priorizan relaciones significativas por sobre la cantidad de contactos. Las amistades cercanas aportan beneficios concretos: menor estrés, mayor sensación de pertenencia y mejor salud mental. Además, los vínculos duraderos funcionan como un archivo emocional, donde se preserva la historia personal. En el caso de distancias físicas extremas, mantener pequeños rituales de contacto como mensajes breves o audios ayuda a preservar la cercanía. Cómo cuidar el círculo importante Los expertos coinciden en algunas estrategias simples para fortalecer las amistades clave: - mantener contacto regular, aunque sea breve - compartir aspectos cotidianos, no solo eventos importantes - aceptar que los vínculos atraviesan etapas de mayor y menor intensidad - invertir tiempo de calidad en el grupo más cercano También recomiendan liberar presión sobre las relaciones más periféricas. No todos los amigos tienen que ser confidentes, y eso no disminuye el valor del vínculo. Una decisión emocional, no social En la adultez, las amistades ya no dependen tanto del entorno como de las elecciones personales. Clasificar los vínculos no significa jerarquizar a las personas, sino entender qué lugar ocupa cada relación en la propia vida. Ese enfoque permite cuidar mejor el círculo íntimo sin culpa ni sobrecarga, y aceptar que las conexiones profundas aunque sean pocas son las que realmente sostienen el bienestar emocional.
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