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» Clarin
Fecha: 26/02/2026 07:01
Tendría que hacer un cuadro sinóptico para explicar mi historia, bromea Camila Corrado (23) en una charla con Clarín. No exagera. La joven, oriunda de Villa Lugano, generó una gran repercusión en redes sociales cuando contó en el programa de streaming Nadie Dice Nada (Luzu) su biografía familiar, que parece un rompecabezas imposible de armar. La historia trasciende por lo inusual y por la forma en que se fue revelando: no solo descubrió que su padre llevaba una -o varias- vidas paralelas, sino que también, y con ayuda de Facebook, se enteró de que eran 18 hermanos. Camila tenía seis años cuando empezó a intuir que algo no cerraba. En su casa vivía con seis hermanos -los primeros dos, fruto de una relación anterior de su madre- y en un hogar que se sostenía como podía. Las primeras señales fueron pequeñas y, en ese momento, difíciles de decodificar. "Mi papá siempre tenía fotos de chicos desconocidos guardadas en su billetera, y cada vez que le preguntábamos quiénes eran, respondía que eran hijos de unos compañeros de trabajo". Con el tiempo, se sumaron otros indicios: llamados de mujeres que atendía su mamá y que nadie sabía bien quiénes eran. Ausencias sin demasiadas explicaciones y una escena que años después cobraría otro sentido: una vez, siendo muy chica, su papá la llevó a la casa de una mujer que no conocía. Allí vio a una bebé. No lo sabía entonces, pero era su hermana. La búsqueda que reveló a los otros hermanos Según explica Camila, mi mamá siempre nos contó la verdad. Esa verdad, sin embargo, tenía límites. En ese momento, la mujer sabía que su marido tenía otros hijos, pero no cuántos ni con cuántas mujeres. Teníamos una idea, pero no sabíamos hasta qué punto, sostiene. Con el tiempo, el rompecabezas empezó a mostrar su verdadera dimensión. Primero aparecieron dos hermanos mayores, de madres distintas, cuya existencia la familia conocía. Después, el resto. El punto de quiebre llegó cuando, ya más grandes, comenzaron a buscar por apellido en Facebook. De repente había un montón de Corrado. Muchos eran muy parecidos a mi papá, recuerda. Ahí entendieron que no se trataba de una sola familia paralela, sino de varias. Hijos sueltos de relaciones anteriores, un matrimonio formal con siete hijos y, de manera intercalada, cinco hijos con la madre de Camila. Muchos de ellos coincidían en edades, lo que terminó de confirmar que las historias se habían superpuesto durante años. El impacto fue inmediato. Éramos muy chicos, fue todo muy shockeante. Un día me desperté y tenía como diez hermanos nuevos, dice. A su vez, su padre era policía, por lo que asegura que su trabajo le permitía sostener esa vida llena de mentiras e infidelidades. En un intento por blanquear la situación, el hombre organizó un encuentro familiar para que algunos de sus hijos se conocieran. Nunca estuvieron los 18 juntos. Ese día éramos siete de un lado, y cinco del otro, recuerda. La escena quedó grabada en su memoria. Por un lado, la novedad de conocerse entre hermanos; por otro, una tensión difícil de nombrar. Era una mezcla de sensaciones. Estaba bueno, pero también estaban los celos. Todos queríamos la atención de papá, explica. Con el correr de los años, aparecieron más nombres. Algunos llegaron por redes sociales; otros, porque ellos mismos buscaron el contacto. Uno de mis hermanos buscó a mi papá para poder llegar a nosotros, porque quería tener vínculo. Fue algo muy lindo, cuenta Camila. El último capítulo se escribió en 2024. Tras una pelea familiar, Camila dejó de hablar con su padre. Meses después, en un estado de WhatsApp subió una foto de un chico y decía algo así como qué hermoso mi hijo. No sabíamos quién era, recuerda. No se trataba de un bebé, sino de un joven que tenía casi su misma edad. La confirmación llegó rápido y reabrió viejas heridas. Me indignó. Sentí que era otra vez lo mismo, que nunca cambió la forma de manejarse, dice. Con ese hijo, el número final quedó en 18 hermanos. Infidelidades y engaños El descubrimiento también mostró la marca emocional que había dejado en las mujeres involucradas. Sentí mucha bronca e impotencia por una situación que ellas no tuvieron control, explica Camila. Con el paso del tiempo, su mirada se volvió más comprensiva. Hoy, de adulta, entiendo que fueron víctimas de una violencia psicológica total. Respondieron como pudieron. La separación definitiva de sus padres llegó poco después del nacimiento de su último hijo. "Él siempre le decía a mi mamá que se estaba divorciando, pero eso nunca sucedía. Después de que la verdad saliera a la luz, mi mamá dijo ya está, resume. Para ella, no se trató solo de infidelidades reiteradas, sino de un entramado de engaños sostenido durante años. No fue una, no fueron dos: fueron varias mujeres al mismo tiempo, señala. Algunas atravesaron situaciones especialmente delicadas, y todas -remarca- quedaron atrapadas en una dinámica que no eligieron. El vínculo en la actualidad Hoy, el vínculo con su padre es prácticamente inexistente. Muchos de los hermanos tampoco mantienen relación con él. Desapareció, asegura Camila. Tras iniciar una relación amorosa, se mudó al interior de la provincia de Buenos Aires y el contacto pasó a ser cada vez más esporádico. Dejó de atender el teléfono. Aprovechó y se alejó de todos. Sin embargo, la joven afirma haber logrado construir lazos fuertes con sus hermanos. Se lleva muy bien tanto con los cuatro hijos que su padre tuvo con su mamá como con los dos del matrimonio anterior de ella. Con el resto, el contacto existe, aunque es intermitente y depende de los tiempos y procesos de cada uno. Yo siempre naturalicé mi familia, porque con mis hermanos y con mi mamá tengo una cercanía muy linda. Para mí la familia es unión y amor. Si necesitan algo, estoy como sea. Los defiendo a muerte, afirma. Lo vivido dejó marcas. Cuando nos enteramos de todo, me generó un trauma con el tema de la confianza. Se me destruyó todo, reconoce. No hizo terapia - debería, dice entre risas-, pero encontró contención en sus hermanos. Entre nosotros nos salvamos de quedar locos. Fue muy chocante. Sobre la firma Newsletter Clarín
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