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» Clarin
Fecha: 26/02/2026 07:01
La Confitería del Molino retomó las visitas guiadas gratuitas y nuevamente se transformaron en un furor. Todos los viernes a las 12 se habilitan las reservas en la web oficial y los cupos disponibles vuelan. En cuestión de dos o tres minutos la ticketera se bloquea y aparece el anuncio "¡cupos agotados!". Semana a semana, El Molino despierta la curiosidad de vecinos y turistas que aprovechan la visita para conocer las entrañas del edificio que fue mucho más que un despacho de café, comidas y delicias dulces. Fue una auténtica usina: sede de encuentros políticos, de eventos sociales y fiestas. Icono del Art Nouveau -obra del arquitecto italiano Francisco Gianotti, autor también de la Galería Güemes-, en sus subsuelos funcionaba prácticamente una planta de elaboración de panificados que, además, proveía insumos a otras confiterías históricas, como LAiglon, la Richmond y La Ideal. Originalmente la visita guiada llevaba a la gente por el primero piso, la planta baja y uno de los subsuelos; además por la azotea y lo que debería ser el centro cultural, ubicado en el departamento del segundo piso que pertenecía al propietario original, Cayetano Brenna. Duraba una hora y media. Ahora la visita se encuentra limitada al primer piso, PB y subsuelo. Pero antes, como ahora, concluye con un cafecito de cortesía. Justamente el momento del café motiva la duda eterna: ¿qué pasa con la reapertura de la confitería? Hoy -a casi 12 años de la sanción de la ley que la declaró de "utilidad pública" y a 8 años de la toma de posesión por parte del Palacio del Congreso- continúa siendo una pregunta sin respuesta. El Edificio del Molino se encuentra administrado desde el Congreso, a través de una "comisión especial". Se trata de un órgano de asesoramiento que se creó ex profeso para darle seguimiento de todo cuanto acontece con la confitería; no sólo el proceso de restauración, sino también el de mantenimiento y el de licitación de la confitería. En este caso en particular, es una bicameral, y debería estar integrada por ocho diputados y senadores. Actualmente están nombrados sólo dos, Martín Menem y Victoria Villarruel, cada uno de ellos representando a las cámaras de Diputados y Senadores, respectivamente. Laura Oriolo es la secretaria administrativa de la comisión. A través de licitaciones públicas, solo se llevan a cabo tareas de mantenimiento; por ejemplo, el servicio de ascensores, salas de máquinas y monta platos. Durante 2025 hubo otras ocho licitaciones, también de mantenimiento de fachadas, de instalaciones sanitarias, servicio de limpieza y plagas y compra de ropa de trabajo. Sin información oficial sobre el avance de la puesta en marcha de la confitería (tampoco sobre el motivo por el cuál se redujo el circuito de las visitas), en off the record Clarín pudo saber que no hay novedades sobre su licitación y que se encuentra sin ningún tipo de avances. "No hay nada", dijeron. Lo que si se sabe es que el subsuelo ya está en condiciones de operar como cocina o "cuadra", como se conoce al área de trabajo o cocina de una panadería o confitería. Ya para septiembre de 2024, en una visita que pudo hacer este diario, las autoridades de ese momento, daban por finalizada la restauración de la planta baja -donde se encuentra el salón principal de la confitería- y el subsuelo. A nivel espacial, la confitería histórica se encuentra en la planta baja y el salón de fiestas en primer piso. Había tres subsuelos: en el primero funcionaba el área de elaboración de pastelería, los productos de confitería y el molino harinero; en el segundo, las cisternas, salas de máquinas y mantenimiento; y el tercero tenía el depósito de combustible. Las obras en el tercer subsuelo fueron toda una aventura subacuática. Sí, porque se encontraba totalmente inundado. Era prácticamente una pileta. Un equipo de buceadores trabajaron sumergidos para evaluar las estructuras y el posible peligro de colapso. Una vez que se logró desagotar por completo ese subsuelo, el equipo de restauración tomó la decisión de consolidarlo, rellenarlo de concreto y que quede sellado por siempre. Volviendo a la confitería, a fines de septiembre de 2024 -cuando se re colocó la marquesina- también concluyó una obra no tan visual pero sí muy importante: una escalera que comunica la planta baja con los dos subsuelos que tiene el edificio. Esta circulación no existía pero para los estándares de seguridad y las normativas de evacuaciones vigentes, era vital. Cómo la marquesina, fue realizada en hierro por los trabajadores metalúrgicos del astillero Río Santiago. Como indica la Ley 27.009 -que declaró de utilidad pública y sujeto a expropiación, por su valor histórico y cultural, el inmueble- el paso siguiente es el llamado a licitación para que un privado obtenga la concesión y provea servicios gastronómicos. La concesión debe ser entregada bajo ciertas condiciones que se encuentran especialmente formuladas en la ley como, por ejemplo, que el concesionario produzca en el lugar insumos de panadería y pastelería. En su origen, este edificio planteó un enorme desafío. Porque Gianotti tenía que llevar a cabo el ambicioso desafío que le propuso Cayetano Brenna, el dueño original de la confitería. Con el Molino unificó y amplió -con hormigón armado- tres edificios colindantes que tenían una estructura con perfiles de hierro. No sólo lo logró, sino que unificó todas las fachadas con una ornamentación art nouveau que se convirtió en bandera. El Molino sabe de desafíos. Su apertura será sin dudas uno más de los capítulos de este edificio que resignificó el legado patrimonial de la Ciudad de Buenos Aires. SC Sobre la firma Newsletter Clarín
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