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» Clarin
Fecha: 25/02/2026 06:54
Aunque se fuma menos que hace un par de décadas, la adicción al tabaco sigue siendo una problemática de salud pesada y dificil de enfrentar para miles de personas, lo que acarrea un interrogante interesante: ¿Por qué algunos logran fumar poco (y hasta dejar de fumar), mientras que para otros, controlar el tabaquismo es una meta imposible? Un novedoso hallazgo genético que científicos estadounidenses y daneses publicaron este martes en la revista Nature Communications (versión gratuita de la prestigiosa Nature) esboza una primera respuesta a esta difícil pregunta. La duda de la que partieron los investigadores fue más o menos esta: además de la incuestionable pata psicológica que atañe la adicción al cigarrillo (común o electrónico), ¿existe alguna suerte de predisposición genética por la que algunos individuos son fumadores sociales (van y vienen del cigarrillo, sin mucho drama) mientras que otros precisan un pucho cada vez que terminan de comer, y otros -más extremistas- se liquidan un atado (o más de uno) por día? La pregunta importa porque el tabaquismo no sólo es perjudicial para la salud sino que es una adicción, y de las grandes. Según la Organización Mundial de la Salud, se asocia a 7 millones de muertes anuales, sin contar que es uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, y de una veintena de tipos y subtipos distintos de cáncer. Volviendo al paper, con el título Variantes codificantes raras en CHRNB3 se asocian con una reducción del consumo diario de cigarrillos en diferentes ascendencias, el trabajo no sólo revela la existencia de una predisposición genética sino que abre una esperanza en términos de terapéutica. Es decir que, en un futuro, alguna propuesta farmacológica seria (alejada de las creativas pero polémicas formas para ingerir nicotina "libre de humo") ayude, a quienes no logran hacerlo, a dejar de fumar. Aunque ya se había detectado el punto del genoma humano específico relacionado con la acción de la nicotina -el componente que hace que el tabaco sea tan estimulante y adictivo-, lo que no se conocía hasta ahora es que el gen en cuestión tuviera presentaciones diversas, con distinto tipo de funcionalidad. Son las distintas caras que tiene la estrella de estas líneas: el gen CHRNB3. La meta: dejar de fumar Esas caras son variantes del gen, precisó, en diálogo con Clarín, Ella Campbell, miembro del equipo de comunicación de Regeneron, la empresa biotecnológica estadounidense que participó de esta investigación, liderada por científicos de la Aarhus University, de Dinamarca, y del Departamento de Neurología, Facultad de Medicina de la Universidad de California (en Los Ángeles, Estados Unidos). Hicieron un estudio prospectivo grande. Secuenciaron los genomas de casi 38.000 fumadores, tomados de una base de datos de pacientes de México, que viene recolectando información desde los años 90. Y lo que vieron fue justamente la existencia de variantes genéticas asociadas al receptor de nicotina. En concreto, las personas con una de las variantes en particular (son casi una decena) fumaban entre 21% y hasta 78% menos cigarrillos por día que los que tenían la variante más prevalente en la población estudiada. Según vieron los autores, la variante asociada a menor consumo de cigarrillos aparecía más frecuentemente en personas de ascendencia indígena mexicana, un tipo de población que -remarcan los investigadores- suele estar poco o mal representada en las investigaciones científicas, en general. En paralelo y para validar los datos encontrados, el equipo observó patrones similares en muestras de alrededor de 130.000 personas de ascendencia europea (Biobanco del Reino Unido) y 180.000 de ascendencia asiática oriental (Biobanco de Japón), detalla la publicación. ¿Fumar tiene un costado hereditario? En nombre del equipo científico, Campbell contestó las preguntas de Clarín. Las variantes que identificamos son hereditarias: las personas nacen con ellas. Los portadores de estas variantes tienen una versión ligeramente diferente de la proteína CHRNB3 con la que la nicotina normalmente interactúa en el cerebro. Debido a esta diferencia, algo cambia en la forma en que su cerebro responde a la nicotina, y el resultado final es que tienden naturalmente a fumar menos cigarrillos al día, clarificó. Todavía no comprendemos completamente cómo ocurre esto a nivel biológico, y eso es algo que la investigación futura deberá explorar, agregó. ¿Se puede decir entonces que para muchas personas, dejar de fumar es tan difícil como ir en contra de su propia naturaleza? El tema es delicado y sólo enunciarlo puede dar lugar a pésimas interpretaciones, que esta cronista quisiera evitar. Porque, sea contra natura o no, nadie debería sentirse exculpado o más habilitado a fumar (total, es inevitable, lo que no sería cierto), ni tampoco menos responsable por el devenir de su salud y la de los convivientes, que como es sabido, ofician involuntariamente de fumadores pasivos. La implicación más profunda de nuestro hallazgo es que, en efecto, para muchas personas, fumar mucho o poco no es simplemente una cuestión de fuerza de voluntad, apuntó Campbell, y explicó: Algunos luchan genuinamente contra su propia biología, lo que dificulta mucho dejar el tabaco. Nuestro hallazgo refuerza la evidencia científica que respalda esta perspectiva. Nicotina: la llave hacia el tabaquismo Para entender cómo podrían actuar futuros tratamientos en contra del tabaquismo, vale aclarar que el tabaco es una sustancia adictiva, principalmente porque la nicotina (su componente decisivo) actúa sobre el sistema nervioso central. La palabra tabaquismo alude a una dependencia física y psicológica, que llega al punto de producir síndrome de abstinencia cuando el fumador pretende dejar el cigarrillo. La relación entre el gen mencionado arriba (CHRNB3) y el cigarrillo está en que ese pedacito del genoma humano codifica (es decir que tiene las instrucciones para...) una proteína denominada subunidad beta-3 del receptor neuronal de acetilcolina. ¿Qué hace la nicotina con todo esto? Fácil: el receptor neuronal funciona del modo indicado por el gen y la nicotina tiene una especie de "llave" para abrir y conectarse con el receptor neuronal. La clave del estudio es haber demostrado que esas instrucciones dadas por el gen en cuestión, no son siempre iguales. En algunas personas, la variante genética provoca, podría decirse, una adicción menos intensa. En busca de inhibir el interés por el cigarrillo En el paper, los autores remarcan varias veces que este podría ser el puntapié para desarrollar una línea de tratamientos eficaz contra el tabaquismo. ¿Cómo sería? Clarín se lo preguntó a Campbell. En cuanto a futuros tratamientos, estamos considerando diversos enfoques que, idealmente, imitarían la acción de estas variantes naturales. Este mismo principio se aplica a medicamentos como los inhibidores de PCSK9 para el colesterol, que también se inspiraron en personas nacidas con variantes naturales de pérdida de función. Para no esperanzar de más, aclaró que todo está en una fase inicial, y un posible medicamento basado en este hallazgo requeriría muchos más años de investigación y pruebas clínicas. Por fin (y sin por supuesto sugerir que el tabaquismo dependa plena o parcialmente de factores genéticos), este medio consultó si habían observado alguna cualidad genética particular en los no fumadores, o si tenían pensado estudiarlos. Campbell, con esto, concluyó: Nuestro análisis principal se centró en los fumadores actuales, ya que nos interesaba específicamente comprender qué impulsa las diferencias en la cantidad de tabaco que fuman las personas una vez que han empezado. Analizamos si las variantes en CHRNB3 influyen en la probabilidad de convertirse en fumador, comparando a quienes alguna vez han fumado con quienes nunca han fumado, pero no encontramos una asociación significativa. En otras palabras (cerró), ser portador de estas variantes no parece proteger fuertemente a nadie de empezar a fumar, pero una vez que fuman, tienden a fumar menos. Aún desconocemos si los portadores de estas variantes presentan otras particularidades de salud más allá del hábito tabáquico, y es una de las preguntas que deseamos explorar en futuras investigaciones. PS Sobre la firma Newsletter Clarín
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