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» La Nacion
Fecha: 24/02/2026 16:30
Encontrá las guías de servicio con tips de los expertos sobre cómo actuar frente a problemas cotidianos: Adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying, transtornos de la conducta alimentaria y más. Síndrome de Tourette: qué es y cómo se evalúan los episodios de desinhibición en público como el ocurrido en los BAFTA Un insulto racista durante la gala reabrió un debate sobre los límites entre un tic involuntario y una conducta deliberada; cómo se define clínicamente el trastorno - 6 minutos de lectura' Durante la ceremonia de los BAFTA Awards en Londres, transmitida por la BBC, un episodio inesperado abrió un debate que va mucho más allá de una gala de premios. Mientras los actores Michael B. Jordan y Delroy Lindo presentaban un galardón, el invitado John Davidson gritó un insulto racista desde la platea. La cadena emitió el programa en diferido dos horas más tarde, pero no editó el exabrupto, que permaneció también en su plataforma digital hasta la mañana siguiente. El conductor de la ceremonia, Alan Cumming, se disculpó en vivo y explicó que la persona no tenía control sobre lo que había dicho. Más tarde, la BBC pidió disculpas formales por no haber eliminado el contenido ofensivo. Davidson asistió a la gala luego de que su vida inspirara la película I Swear. Según se informó, tiene diagnóstico de síndrome de Tourette. El episodio generó indignación entre artistas y activistas, pero también instaló una pregunta médica inevitable: ¿puede el síndrome de Tourette provocar un exabrupto de ese tipo? Qué es el síndrome de Tourette El síndrome de Tourette es un trastorno del neurodesarrollo definido clínicamente por la presencia de tics motores múltiples y al menos un tic vocal (fónico), con inicio en la infancia y evolución fluctuante, explica el neurólogo Alejandro Andersson. Aunque en algunos casos poco frecuentes puede incluir la emisión involuntaria de palabras socialmente inapropiadas, un fenómeno conocido como coprolalia, la gran mayoría de las personas con Tourette no presenta ese rasgo. El contexto de alta carga social o emotiva actúa como un factor precipitante. La anticipación ansiosa, la necesidad imperiosa de realizar un sonido o movimiento y el esfuerzo de supresión voluntaria, sumados a la activación del sistema nervioso autónomo por estresores externos, aumentan la probabilidad y la intensidad de los tics. Existe una paradoja: intentar suprimir conscientemente un tic en un evento importante genera mayor tensión premonitoria y termina disparándolo con más fuerza. Es como intentar no pensar en algo de manera voluntaria: cuanto más se intenta, más aparece, describe el neurólogo Hernán Pavón, del Hospital Alemán. Según los criterios diagnósticos actuales del DSM-5-TR, deben coexistir tics motores, como parpadeo, muecas, sacudidas o movimientos más complejos, junto con al menos un tic vocal, como gruñidos, carraspeo, palabras o ecolalia durante más de un año, con inicio antes de los 18 años y sin que puedan atribuirse a sustancias u otra enfermedad neurológica. Los tics pueden ser simples, breves y repetitivos, o complejos y más elaborados. Andersson detalla que muchas personas experimentan antes del tic una sensación premonitoria, una tensión interna o urge, que se alivia momentáneamente al ejecutarlo. Desde el punto de vista neurobiológico, el cuadro se asocia a una disfunción en los circuitos cortico-estriado-tálamo-corticales, con participación relevante del sistema dopaminérgico (es el conjunto de neuronas del cerebro que usan dopamina como neurotransmisor para comunicarse). Un punto clave, subraya el especialista, es que no es la gravedad lo que define el diagnóstico, sino la combinación de tipos de tics y su duración. Puede haber Tourette leve y, en cambio, trastornos de tics crónicos aislados con mayor impacto funcional. Coprolalia: el rasgo más visible y menos frecuente En el imaginario social, Tourette suele asociarse con insultos involuntarios. Ese fenómeno tiene nombre clínico: coprolalia. Sin embargo, Andersson es categórico: Aunque es el rasgo más mediático del síndrome de Tourette, en la práctica clínica es claramente minoritario. Se presenta aproximadamente en el 10 al 15% de los pacientes, e incluso en menos del 10% en series más estrictas. Es más frecuente en formas moderadas a severas y en personas con comorbilidades como trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o mayor carga de tics complejos. Esto implica que la gran mayoría de los pacientes con Tourette no presenta coprolalia, y que existe un sesgo social importante al sobrerrepresentar estos casos en los medios, advierte. Además, no se trata simplemente de decir malas palabras. La coprolalia es un fenómeno involuntario, irresistible y egodistónico: la persona reconoce su inadecuación y, muchas veces, siente vergüenza o intenta suprimirlo. Puede manifestarse de forma explosiva, en voz baja o incluso de manera internalizada. Desde el punto de vista neurológico, Andersson detalla que refleja un fallo en la inhibición de respuestas. Hay una disfunción en circuitos que normalmente filtran conductas automáticas, con participación del estriado, la corteza orbitofrontal y el cíngulo anterior. También intervienen estructuras límbicas como la amígdala y la ínsula, lo que ayuda a comprender por qué el contenido suele ser emocionalmente cargado o socialmente tabú. En términos simples, no es un trastorno del lenguaje, sino una desinhibición de programas motores del habla. Clínicamente, estos episodios reflejan un sistema de inhibición bajo presión máxima en un entorno que exige un control máximo por sus consecuencias sociales. El estigma que rodea al síndrome de Tourette, potenciado por la sobrerrepresentación de la coprolalia en los medios, tiene efectos reales en la calidad de vida de personas cuya presentación habitual no incluye componentes socialmente inaceptables, agrega Pavón. Ante un episodio en público, como el ocurrido en los BAFTA, Andersson sugiere que es importante evitar una interpretación simplista. Es un error frecuente asumir automáticamente Tourette ante cualquier exabrupto, señala. Para pensar en coprolalia asociada a Tourette, el episodio debería ser súbito, breve y estereotipado, precedido por una sensación premonitoria, con alivio posterior y antecedentes claros de tics motores y vocales desde la infancia. Además, suele haber repetición de patrones similares. En el caso de los BAFTA, la BBC explicó que el exabrupto se debió a tics verbales involuntarios asociados al síndrome de Tourette y pidió disculpas por no haberlo editado antes de la emisión. El grupo activista Tourettes Action sostuvo que comprendía el daño causado, pero recordó que ese tipo de expresiones no reflejan las creencias ni el carácter de la persona. El episodio deja al descubierto dos tensiones. Por un lado, la necesidad de comprender que la coprolalia, cuando existe, es involuntaria y minoritaria dentro del espectro del Tourette. Por otro, el riesgo de utilizar el diagnóstico como explicación automática de cualquier conducta inapropiada. Otras noticias de Salud Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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