24/02/2026 15:49
24/02/2026 15:48
24/02/2026 15:48
24/02/2026 15:48
24/02/2026 15:48
24/02/2026 15:48
24/02/2026 15:48
24/02/2026 15:47
24/02/2026 15:47
24/02/2026 15:47
» La Nacion
Fecha: 24/02/2026 14:16
En una extensa entrevista, el actor repasa las sensaciones que lo acompañaron en sus primeros años de carrera, recuerda Generación X y habla de su gran amistad con el director Richard Linklater - 10 minutos de lectura' ¿Vieron las conferencias de prensa donde los deportistas anuncian su retiro?, pregunta Ethan Hawke frente a una taza de cappuccino. Mirá si vengo y te digo que la carrera que venís construyendo con tanto esfuerzo se termina entre los 38 y los 42 años. Vas a tener que resetear completamente tu vida, pero a vos lo único que te importa es seguir jugando al fútbol o al béisbol. Para Hawke, esas conferencias de prensa son tan tristes y conmovedoras como una obra de Samuel Beckett. Es como ir a tu propio entierro, ya no sabés quién sos ni que te depara el futuro. Es aterrador. ¿Por qué tanta empatía con los deportistas obligados a retirarse a temprana edad? Al fin y al cabo, Hawke tiene 55 años y acaba de ser nominado al Oscar por tercera vez, en este caso como protagonista de Blue Moon, del director Richard Linklater, último hito de una carrera de décadas que incluye películas como Generación X (1994), Día de entretenimiento (2001) y una seguidilla de 9 películas en colaboración con Linklater, entre ellas Boyhood: momentos de una vida (2014) y la trilogía Antes de (1995-2013). Pero Hawk reconoce que desde su salto a la fama a los 18 años con La sociedad de los poetas muertos, siempre le preocupó que su éxito se evaporara de la noche a la mañana. Cuando era joven tenía casi una obsesión patológica con eso. Quería estar seguro. Esa misma ansiedad lo ayudó a darle forma a su personaje en Blue Moon, donde interpreta a un artista cuyos mejores días ya han pasado. La película transcurre en tiempo real a lo largo de una noche de alcohol de 1943 y Hawke interpreta al letrista Lorenz Hart, cuya fructífera colaboración con el compositor Richard Rodgers (Andrew Scott) se arruinó debido al alcoholismo de Hart. Rodgers ha empezado a trabajar con un nuevo letrista, Oscar Hammerstein II, y en la fiesta después del estreno del nuevo musical ¡Oklahoma! en el club Sardis, Hart debe enfrentar la dura realidad de que su antiguo socio y tal vez el mundo todo han seguido adelante sin él. Tanto el actor como su personaje son narradores natos, pero hasta ahí llegan las similitudes: para interpretar al diminuto y poco agraciado Hart, Hawke se afeitó la cabeza, adoptó un peinado que no lo favorece y modificó su postura corporal para encarnar a un hombre de tan solo 1,50 metros de estatura pero con suficiente presencia como para cautivar a toda una sala. El director Linklater contactó por primera vez a Hawke para este proyecto hace una década, pero quería esperar a que el actor envejeciera un poco y pudiera transmitir de forma convincente toda una vida de agridulce remordimiento. ¡Pude plasmar tanto de mi propia vida en Blue Moon!, dice Hawke. Esta es una profesión maravillosa en ese sentido, porque podés aprender de tus propias alegrías, desamores y relaciones y ponerlas al servicio de otra cosa. Este personaje es muy diferente a cualquiera que hayas interpretado. ¿Por qué creés que Linklater pensó en vos para este papel? Él sabía que no hay nada que me guste más que estar sentado en un bar toda la noche, hablando sin parar. Además, la sensación de estar quedando relegado es algo que me preocupó toda la vida. Cuando sos joven pensás: En cualquier momento se olvidan de mí ¿Sobreviviré?. Cuando con Rick (Linklater) nos hicimos amigos, yo ya había alcanzado la fama temprana y no quería que esa fama me sumergiera en formol y no me dejara crecer. Rick pensó que este papel podría llegarme porque es un miedo que me atormenta. ¿Y uno se da cuenta cuando el reflector te deja de enfocar y pasa al siguiente? Ah Es evidente hasta por el modo en que los demás interactúan con vos. Primero vino el revuelo y la atención mediática con La sociedad de los poetas muertos, y después se acalló. Luego salió Generación X y la sensación volvió. Uno siente el calor de los reflectores, pero muy pronto aprendí que algunos de los mejores momentos de mi vida fueron cuando todo ese revuelo se acallaba. Y es una gran lección, porque dejás de actuar por miedo. Tenés que permitirte cambiar de piel, cometer errores y volver a intentar. Y siempre te mantuviste ocupado... Creo que parte de mi obsesión por hacer documentales, teatro y escribir novelas es asegurarme de que nadie me lo pueda quitar: había aprendido lo suficiente como para encontrar otra forma de aportar lo mío. El problema con la actuación es que sos tan bueno como la oportunidad que se te presenta, y siempre estás luchando por un papel o un buen partenaire. Siempre envidié a los Charlie Parker del mundo, que se encierran a practicar tres años el saxo aunque nadie los escuche. Yo podría encerrarme a ensayar Shakespeare todo lo que quiera, pero si no me eligen para el Rey Lear, no puedo tener éxito. No conozco muchos directores como Linklater, que tuvieran la confianza o la audacia de esperar una década para que te expresaras en este papel. Es algo único, ¿no? Todos están tan apurados, y él no. Pero ahora ustedes están buscando financiación para su décima película juntos. ¿Les sigue costando? Sí, es muy difícil. Sería más fácil hacer Antes del amanecer 4, algo ya conocido, pero Rick hace cosas que no tienen una comparación obvia. Pasé por todo esto con él en Boyhood y fue difícil convencer a los ejecutivos de los estudios de que tenían que esperar 13 años para empezar a recuperar dinero. Siempre decían: Para entonces ya me van a haber echado. ¿Una nueva nominación al Oscar los ayuda a asegurar financiamiento? ¡Más les vale! No hay mejor manera de empezar una reunión que con una felicitación. Ese es el propósito de nuestro maquiavélico juego de ajedrez. ¿Actualmente es tan difícil hacer películas como Blue Moon? La mayor diferencia es el cambio de tamaño del lienzo: ahora la pregunta es si la película se va a estrenar en salas de cine o en Netflix, o si se puede hacer en formato miniserie. Y, por supuesto que la respuesta siempre es sí, que todo es posible. O sea, piensen en sus películas favoritas. ¿Podríamos hacer Casablanca en formato miniserie? Supongo que sí. ¿Sería mejor? A menudo siento que es como estirar la cerveza con agua y ver si te sigue haciendo algún efecto. El año pasado me tocó entregarle a Peter Weir el premio a la trayectoria en el Festival de Venecia. Estaban proyectando Capitán de mar y guerra y él estaba mirando la copia, y era perfecta porque claro, era una copia digital. Peter sintió que había hecho un pacto con el diablo: Al final de tu vida, todas tus películas se conservarán perfectamente y estarán disponibles para todo el mundo en cualquier momento. ¿Aceptás?. Y él respondía: Sí, claro. Pero la letra chica del pacto es esta: Tus películas no le van importar a nadie. ¡Ay! Así se siente Weir. Dice: Genial, tengo la copia perfecta de Capitán de mar y guerra, pero ahora todo el mundo la ve y dice: Debería ser una miniserie. ¿Alguna vez pensás que eras un joven actor de cine en la última mejor época posible? ¿Cuál es esa película de Woody Allen donde todas las generaciones piensan eso? ¿Medianoche en París? Una parte de mí también piensa: Bueno, a veces tienen razón. No se me escapa que la industria va cambiando sutilmente todo el tiempo. Detrás no hay ningún villano con malas intenciones, y algunos de esos cambios van a ser enormemente positivos, así que me siento muy agradecido de haber podido trabajar en la época en la que me tocó trabajar. Así que trato de no bajar los brazos y ni pensar que detrás de todo hay un interés comercial. Pero también ha habido grandes cambios. Hoy en Estados Unidos ya no se puede filmar una película chica en una sola locación como Blue Moon. Tuvieron que ir a Irlanda para que fuera financieramente viable. Sí. El mejor ejemplo que tengo es la trilogía Antes de... La primera entrega, Antes del amanecer (1995), se hizo con un estudio. La segunda es de 2004 y la hizo la Warner Independent, que era la división de cine independiente de un estudio. Y la tercera película (2013) la hizo un griego maravilloso que conocimos y que financió todo. En el derrotero de esas tres películas queda claro lo que pasó. Ahora es más difícil, pero obviamente sigo haciéndolo. Sigo creyendo. Últimamente pienso mucho en esa idea de salir a vender, y lo que significa ahora... Pienso en eso constantemente. Esa es la tensión central en Generación X. ¡Y casi no hago Generación X justamente porque me preocupaba estar vendiéndome! Me ponía furioso cada vez que me ofrecían aparecer en la tapa de una revista, porque en mi interior pensaba que el éxito era algo intrínsecamente poco cool. Pero ahora, si no te vendés, nunca vas a tener público. Y si te vendés, se adueñan de vos y el artista queda sin ninguna posibilidad de salir adelante. Recuerdo cuando tenía mi compañía de teatro, estábamos en la ruina y no podíamos pagar la sala. Lo único que la empresa Smirnoff quería era organizar la fiesta y darnos 10.000 dólares a cada uno, que necesitábamos desesperadamente, pero tuvimos que ponerle etiquetas Smirnoff a todo, y mis amigos decían: Ni hablar. No hacemos arte para vender vodka. Y ahora es como: Bueno, George Clooney está con una marca de tequila. Ya no es vergüenza de monotear el dinero. Así que creo que es un dilema. Mentiría si no te dijera lo orgulloso que estoy de estar sentado acá, hablando de una película de Richard Linklater que se ajusta a la filosofía que tenía de joven. Pero al mismo tiempo, el mundo cambió, ¿no? Y no quiero quedarme estancado en el barro. ¿Siguen las películas siendo tan importantes como antes para los jóvenes? Algunos no logran sentarse en el cine sin mirar sus teléfonos. Con esto que voy a contar va a quedar en evidencia mi edad, pero en el vuelo de ida había una sección de películas clásicas y estaba Un amor en Florencia. Ya hace cinco días que llegué a Los Ángeles, ¿y saben dónde estoy realmente? Estoy en Florencia, besando a Helena Bonham Carter. ¡Qué película tan perfecta y que gran recreo de mi propia vida! Eso es lo que buscamos en el cine, y creo que a veces el celular no inyecta tanta adrenalina que no nos damos cuenta de que necesitamos un recreo, y el cine es un gran recreo. De todos modos, creo que el tiempo está de nuestra parte y que la gente se va a dar cuenta. ¿Seguís confiando en eso? Es tan antiguo como la humanidad, ¿no? Dionisio subiéndose al escenario, cantando y el público enloquecido. Llevé a mi hijo a ver El Padrino y nos voló la cabeza. Creo que con su película Nouvelle Vague, Rick Linklater está enganchando a toda una generación para que vaya a ver Sin aliento, que sigue teniendo un increíble atractivo. Así que algunas cosas siguen funcionando, pero mientras tanto hay que pasar el filtro. Me parece que tenemos que ser un poco más indulgentes con nosotros mismos. Traducción de Jaime Arrambide Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
Ver noticia original