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» La Nacion
Fecha: 23/02/2026 17:12
Construir con telas, hablar con color: Olga de Amaral transforma el Malba en un laberinto universal A los 93 años la artista colombiana, una de las pioneras del arte textil a nivel global, protagonizará desde el jueves su muestra más importante en América Latina en las últimas tres décadas - 6 minutos de lectura' Miles de hilos suspendidos en el centro de la sala conforman nueve piezas que parecen atravesadas por rayos de color. Rodearlas produce un doble movimiento: el propio y el de las múltiples facetas que revelan las Brumas que Olga de Amaral comenzó a producir a los ochenta años. Hoy, a los 93, la artista colombiana demuestra con estas instalaciones cinéticas hasta qué punto llegó con su experimentación constante, que la contó entre las pioneras del arte textil a nivel global. Desprendidas de la pared, sus obras ganan tres dimensiones y son a la vez pinturas, esculturas, ambientes. Así lo confirma su mayor exposición en América Latina en las últimas tres décadas, que se inaugurará el jueves en el Malba. Cuerpo textil llega un año y medio después de que la Fundación Cartier presentara su primera gran retrospectiva en Europa, que viajó luego al Instituto de Arte Contemporáneo (ICA) de Miami. Esta no es la misma muestra, aclara a LA NACION María Amalia García, curadora en jefe del museo, que tuvo a su cargo la curaduría junto con Marie Perennès. Si bien esta última curó además la anterior, se trata de dos propuestas distintas. Entre más de medio centenar de obras provenientes de colecciones públicas y privadas de Bogotá, Medellín y Nueva York, que transforman en un laberinto de color el segundo piso del Malba, se impone por ejemplo una adquirida el año pasado por Eduardo Costantini, fundador del museo. Es nada menos que uno de los paneles del Gran muro (1976), intervención site-specific concebida por encargo para el Peachtree Plaza Hotel (hoy Westin) de Atlanta, Estados Unidos. Este fue un gran desafío para ella en términos de realización explica García- porque si bien empezó muy pronto a trabajar con asistentes, acá ya son quince personas trabajando con elementos pretejidos sobre una estructura de fondo. Esa obra monumental que ocupa toda una pared de 3,6 por 4,5 metros contrasta con otra pequeña exhibida justo enfrente: una de sus primeras experimentaciones con arte textil. Entrelazado en blanco y turquesa (1965) es similar a la que presentaría dos años después en la III Bienal Internacional del Tapiz de Lausana, Suiza, donde fue la primera artista latinoamericana invitada a participar. A pocos metros cuelga también el tapiz multicolor que incorpora crin de caballo, premiado en el Salón Nacional de Colombia de 1971. Un año después de que sorprendiera con sus Muros tejidos en la Biblioteca del Banco de la República con una muestra destinada a demostrar el potencial de la construcción de esos volúmenes entrelazados. El verdadero beneficio radica en que se despierte interés por un trabajo considerado, por mucho tiempo, como artesanía dijo sobre ese premio la artista en una entrevista con El Tiempo, reproducida en el catálogo bilingüe-. Solo desde que el Museo de Arte Moderno de Nueva York presentó hace tres años una exhibición de Muros tejidos, comenzó a despertarse el interés por el tejido. Ella fue la única latinoamericana en participar junto a artistas pioneros de Estados Unidos y Europa de Wall Hangings, la muestra de 1969 en el MoMA curada por Mildred Constantine y Jack Lenor Larsen. Él era un diseñador que la ayudó mucho. Se conocieron en Bogotá y siguieron el vínculo en Nueva York, donde le organizó una primera exposición en su showroom, dice García mientras señala esa invitación. El material de archivo incluye además bocetos realizados en cuadernos de los comienzos de Olga: las mantas guajiras realizadas con tres metros de tela que se volvieron tan famosas en 1957 que llegaron a protagonizar treinta desfiles de moda en Colombia. Ese año se casó con quien sigue siendo su compañero: Jim Amaral, también artista y descendiente de portugueses e italianos. Con él fundó en Bogotá Telas Amaral, un taller dedicado a la producción de tejidos funcionales para interiores. Dos décadas después lo mudaron a una casa de estilo tudor de los años cuarenta, hoy llamada Casa Amaral, que incluye un espacio de exhibición de productos. Olga y Jim se conocieron mientras estudiaban en la Academia de Arte Cranbrook, en Michigan. En ese centro heredero del pensamiento de la Bauhaus -que promovía la integración del arte, la arquitectura y el diseño industrial, y tenía un campus con talleres textiles y de cerámica, pintura y escultura-, Olga se formó con la diseñadora textil finlandesa Marianne Strengell. Allí viví mis más íntimos momentos de soledad, allí nació la certeza del color, sentí su fuerza, sentí que amaba el color casi como algo tangible, allí aprendí a hablar en color, recuerda la artista citada por Perennès en el catálogo. Si bien vivió y trabajó principalmente en Bogotá, donde nació en 1932, su obra se vio continuamente facetada por experiencias vividas en Estados Unidos y Europa, o enriquecida por los viajes a Japón, Perú y Venezuela observa Perennès-. De estos desplazamientos quedan, en sus archivos, imágenes heterogéneas fotografías antropológicas de esculturas antiguas o de paisajes, que forman un verdadero museo imaginario donde se tejen los ecos de las culturas que atravesó. Entre esos ecos se destaca por ejemplo el dorado que resalta en muchas de sus piezas exhibidas hacia el final del recorrido de la muestra, como las series de Alquimias y Estelas. En estas últimas, una doble cara con tonos más oscuros le da aún más profundidad a su porte totémico. Desde los años ochenta, recubrir con gesso y pintura acrílica las tiras pretejidas le permitió experimentar con el color, así como adherir hojas de oro o papel japonés. Otras piezas, con nudos, parecen evocar los quipus ancestrales recuperados también en la obra de Cecilia Vicuña. Perú, país que conoció en 1969, tiene según García privilegio en su narrativa e inspiración, fundamentalmente por el desarrollo textil del imperio incaico. De Colombia, aparecen numerosas menciones a la estatuaria megalítica de la cultura San Agustín. También, entre otras referencias a su tierra natal, están el dorado colonial de las iglesias y el de los Muiscas. Respecto del oro, Olga no se limita a estas referencias y señal a la ceramista británica Lucie Rie y su poética de la reparación con dorado retomada de la técnica japonesa del kintsugi. Esto da cuenta de que su universo no se restringe a referencias de nuestro continente. La heterogeneidad es altísima. Para agendar: Olga de Amaral. Cuerpo textil desde el jueves 26 a las 19 hasta el 11 de mayo en Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415) Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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