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Parana » AIM Digital
Fecha: 23/02/2026 19:09
La caída del líder del Cjng reconfiguró el escenario criminal en Jalisco y volvió a exponer la fragilidad institucional frente al narcotráfico. La muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, marcó un punto de inflexión en la política de seguridad de México. El operativo que terminó con su vida fue presentado como un golpe decisivo contra una de las estructuras criminales más expansivas del continente. El Cjng había consolidado su base en Jalisco y extendido su influencia a distintos puntos del país mediante el control de rutas del narcotráfico, economías ilegales y redes de protección que incluyeron vínculos con actores institucionales. Su crecimiento no respondió solo a la violencia, sino también a la capacidad de ocupar territorios donde la presencia estatal resultó débil o fragmentada. Durante años, la organización combinó coerción con mecanismos de regulación informal. En zonas atravesadas por la precariedad laboral y la falta de infraestructura, el cartel impuso reglas, intervino en conflictos locales y condicionó dinámicas económicas. Esa inserción territorial profundizó un esquema en el que la frontera entre autoridad formal y poder criminal se volvió difusa. La eliminación de su principal referente no implicó el desmantelamiento automático de la estructura. La experiencia mexicana mostró que la caída de un liderazgo suele abrir disputas internas, reacomodamientos y nuevas escaladas de violencia. El negocio ilegal que sostuvo al Cjng continúa operando sobre redes financieras, logísticas y sociales que no dependen de una sola figura. En el plano político, el hecho volvió a instalar la discusión sobre el alcance real del Estado frente a organizaciones que lograron infiltrar o condicionar decisiones públicas. La noción de narcoestado circula en ese debate para describir situaciones en las que las instituciones no solo combaten al crimen organizado, sino que resultan atravesadas por él. La muerte de El Mencho representó un episodio relevante en la agenda internacional de seguridad. Sin embargo, el desafío estructural permanece: recuperar control territorial, fortalecer la autonomía institucional y reducir las condiciones sociales que facilitaron la expansión del poder criminal. De la Redacción de AIM
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