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» TN
Fecha: 23/02/2026 10:32
Muchas veces mirar las fotos de nuestra infancia nos genera melancolía o tristeza dependiendo el momento en el que nos encontremos, pero es bueno recordar que esas imágenes están relacionadas a un momento de nuestra vida que no debemos olvidar. Según la ciencia, mirar nuestras fotos tiene muchos beneficios porque esas imágenes no solo cuentan una historia, también activan la memoria, regulan las emociones y ayudan a que el cuerpo baje el volumen del estrés. Un estudio pionero del National Institute for Dementia Education (NIDE) en Estados Unidos señala que las terapias de reminiscencia tienen potencial para mejorar temporalmente y ralentizar el avance del deterioro cognitivo y estas terapias estimulan la memoria evocando recuerdos personales con fotografías, música, olores u objetos antiguos. Todo lo que asociamos a emociones positivas y, sobre todo, a vínculo y conexión con seres queridos, activa zonas del cerebro y mecanismos de nuestro sistema nervioso relacionados con la calma y el bienestar, explica la psicóloga española Laura Palomares, y añade que eso tiene efectos casi inmediatos. Bajar de pulsaciones y ejercitar la memoria Mirar una foto de alguien a quien queremos, ya sea madre, amigo, pareja o, incluso, alguien que ya no está, puede cambiar nuestro estado emocional en cuestión de segundos y esto no es magia sino neurobiología. Las imágenes asociadas a vínculos seguros despiertan respuestas automáticas de calma, explica Palomares y esto es debido a que el cerebro reconoce esa cara, ese momento, esa historia compartida, y envía un mensaje claro al cuerpo de no estar solo, de estar a salvo. La explicación está en la inhibición del sistema nervioso simpático, el que se dispara cuando estamos en alerta constante. Al mirar fotos, se activa el parasimpático que favorece un estado más relajado, por eso muchas personas notan que, tras mirar ese tipo de fotos, la respiración se calma, el pulso afloja y la ansiedad baja un poco. Además, las fotografías no solo evocan recuerdos, también reactivan emociones y la experta señala que evocar sensaciones y recuerdos felices, sobre todo los ligados a vínculos amables y seguros, genera reacciones en el sistema límbico, que es el centro emocional del cerebro. En ese proceso, se liberan neurotransmisores como la oxitocina, relacionada con el apego, el bienestar y la sensación de conexión. Al activarse el sistema parasimpático se reducen los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Y eso tiene efectos beneficiosos incluso sobre el sistema inmunológico. Beneficios cognitivos de recordar En momentos de baja motivación, cansancio mental o saturación emocional, revisar fotografías de gente a la que queremos puede ser un pequeño reinicio para la mente. Despertar sentimientos positivos alrededor de alguien importante o de experiencias alegres favorece la relajación del organismo y, por tanto, mejora la concentración y la atención, indicó la psicóloga. Cuando el cuerpo se relaja, la mente funciona mejor, disminuye el ruido interno, se recupera la claridad y aumenta la flexibilidad cognitiva y eso nos ayuda a pensar con más amplitud y no quedarnos atrapados en bucles negativos. Además, recordar logros pasados ayuda a poner en perspectiva el presente, mientras que sentir que esos lazos existen y son un apoyo, da seguridad y favorece la valoración personal, por lo cual mirar fotos también puede fortalecer la autoestima y la sensación de que nuestra vida tiene sentido, incluso en momentos difíciles. Repasar nuestro álbum más personal puede ser una forma de atención plena cotidiana y accesible. Revisar imágenes con calma, deteniéndonos en los detalles y reconociendo las sensaciones que aparecen, puede ser un ejercicio muy fortalecedor, afirmó la experta, quien agregó que la clave está en la pausa consciente: detenerse en cada imagen, observar los gestos, recordar el contexto y notar qué emoción produce. Además, Palomares habló acerca de un matiz importante, ya que, a veces encontramos fotos de seres queridos que ya no están y, dependiendo del momento del duelo, habrá que hacerlo con más o menos intensidad y escuchando muy bien nuestra necesidad. No se trata de forzarnos, sino de respetar el proceso emocional en el que estemos, dijo. Una de las claves más potentes de esta práctica es que el vínculo con la persona de la foto no desaparece porque no está físicamente presente. Hoy sabemos que el calmante más potente para el estrés y la ansiedad son las buenas relaciones y los sentimientos de conexión con otros, señaló Palomares. Hábito de autocuidado El cerebro no distingue del todo entre una presencia real y una evocada con intensidad emocional, por eso, una fotografía puede activar los mismos circuitos de seguridad y apego que un abrazo recordado y eso viene a ser como una magnífica herramienta antiestrés. Lee también: El insólito lugar para meditar que recomiendan los expertos para contrarrestar la soledad y la tristeza Convertir la contemplación de fotos en un hábito de autocuidado puede ser recomendable, pero con matices, ya que, según la experta, es una buena herramienta de regulación emocional, pero siempre con la precaución de elegir fotos que evoquen sentimientos acordes a lo que necesitamos en ese momento. Un consejo práctico puede ser crear un pequeño álbum, digital o físico, con imágenes que nos hagan sentir bien y mirarlo conscientemente durante unos minutos puede convertirse en un ritual sencillo para bajar revoluciones y reconectar con lo importante.
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