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  • Las contundentes criticas de Flavio Briatore a los cambios en la Fórmula 1 y su futuro

    » La Nacion

    Fecha: 23/02/2026 08:30

    Las contundentes criticas de Flavio Briatore a los cambios en la Fórmula 1 y su futuro Normalmente, para adelantar se pisa a fondo el acelerador. Ahora hay que levantar el pie, describió con ironía el italiano - 5 minutos de lectura' Hay frases que no buscan consenso, sino hacer ruido sobre la mesa. Y en el paddock de la Fórmula 1, pocas voces manejan ese timing con la contundencia de Flavio Briatore. A los 75 años, con cuatro décadas de boxes, títulos y experiencia a cuestas, el actual asesor ejecutivo de Alpine F1 Team no necesita matices para hacerse oír. Su sentencia sobre el nuevo rumbo reglamentario de la categoría fue tan directa como incómoda: Los fanáticos solo entienden el 20 por ciento. La frase, lanzada en diálogo con el sitio especializado Motorsport, no es aislada, sino el síntoma de un debate más profundo que atraviesa a la máxima categoría en plena transformación tecnológica. La electrificación creciente, la gestión energética sofisticada, los modos diferenciados para rectas y curvas, la eliminación del DRS y la redistribución del protagonismo entre motor térmico y unidad eléctrica configuran un ecosistema radicalmente distinto al que moldeó la identidad histórica del campeonato. Para Briatore, el riesgo es evidente: que la Fórmula 1 deje de ser un duelo visceral entre hombre y máquina para convertirse en un laboratorio rodante donde el piloto administra más que ataca. Normalmente, para adelantar se pisa a fondo el acelerador. Ahora hay que levantar el pie, describió con ironía amarga. En esa inversión conceptual acelerar menos para ir más rápido el italiano detecta una amenaza existencial. El nuevo reglamento establece que los motores de combustión interna entreguen una potencia equiparable a la de los eléctricos. El resultado es una ecuación estratégica compleja: hay que ahorrar energía, regenerarla en frenadas, decidir cuándo liberar el extra para intentar un sobrepaso y, en definitiva, gestionar la batería como si fuera un segundo volante invisible. El piloto ya no compite solo contra el rival y el cronómetro, sino contra el porcentaje de carga. Esa sofisticación, celebrada por ingenieros y fabricantes en nombre de la eficiencia y la sostenibilidad, es vista por Briatore como una pendiente resbaladiza. Su comparación con la Fórmula E no es casual. Recuerda los primeros años de la categoría eléctrica, cuando pilotos experimentados como Lucas di Grassi dominaron un escenario donde la administración energética era tan determinante como la velocidad pura. Conducir esos coches era más un ejercicio de ingeniería, resumió. La advertencia apunta a una mutación en la jerarquía de valores. Si la gestión de la batería eclipsa el instinto competitivo, si el cálculo desplaza al arrojo, si la telemetría domina al talento, ¿qué queda del ADN que convirtió a la F1 en la cúspide del automovilismo? Briatore no niega la necesidad de evolucionar, pero sí cuestiona el equilibrio. Al menos tenemos que explicar lo que realmente está pasando, reclamó, consciente de que la complejidad técnica puede ampliar la brecha entre espectáculo y comprensión. El italiano pone el foco también en una tendencia paralela: la minuciosidad reglamentaria. Debates interminables sobre límites de pista, penalizaciones milimétricas, interpretaciones variables. Para una generación acostumbrada a los datos y a las simulaciones, el lenguaje técnico no es necesariamente una barrera. Pero para el espectador tradicional, el que busca épica más que algoritmos, el riesgo de desconexión es real. Sin embargo, su mirada no es monocorde. Briatore distingue con claridad el éxito comercial de la categoría bajo la órbita de Liberty Media y la gestión de Stefano Domenicali. Desde que el grupo estadounidense tomó el control en 2017, la F1 amplió mercados, multiplicó audiencias y transformó su narrativa global. Hace diez años, teníamos que llamar a todas las puertas hasta que nos dolían los dedos. Hoy la gente te llama, reconoció. El negocio florece. La marca se expande. El show crece. La paradoja es evidente: nunca fue tan potente como producto y, al mismo tiempo, tan discutida en su esencia deportiva. Briatore, que condujo a Benetton y luego a Renault a la gloria con figuras como Michael Schumacher y Fernando Alonso, sabe que la F1 siempre fue tecnología de punta. Pero también fue ruido, riesgo y decisión instantánea. Tenemos que conservar las carreras, tenemos que conservar el sonido. Eso es la F1, sentenció. Su regreso a Enstone a mediados de 2024 no fue un gesto nostálgico. Es la base histórica del proyecto que él mismo moldeó, primero como Benetton y luego como Renault. En ese entorno volvió a ejercer influencia y a detectar talento, como ya hiciera en el pasado. Su respaldo a Franco Colapinto como apuesta de futuro encaja en esa tradición de intuición y apuesta fuerte. La discusión de fondo, sin embargo, excede nombres propios. Se trata de definir qué quiere ser la Fórmula 1 en la próxima década. Briatore no ofrece un plan detallado, pero sí una alerta. En su visión, si el espectador necesita un manual técnico para entender por qué un piloto levanta el pie en plena recta, algo esencial se diluye. La F1, sostiene, debe ser comprensible en su núcleo dramático: el más rápido gana porque fue más valiente, más preciso o más talentoso, no porque optimizó mejor un algoritmo de consumo. Otras noticias de Fórmula 1 Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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