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Concepcion del Uruguay » Miercoles Digital
Fecha: 22/02/2026 17:16
"La reforma laboral no avanza solo por sus artículos, sino por el lenguaje que la legitima. Antes de discutirse en el Congreso, se impone en el sentido común, redefiniendo qué entendemos por derechos, pérdidas y progreso", argumenta el autor del texto.. Por JUAN MARTÍN GARAY (*) La reforma como escena central La reforma laboral volvió a ocupar el centro del debate público. Se la presenta como inevitable, técnica, casi natural. Una corrección necesaria para un sistema que ya no funciona. Sin embargo, antes de entrar en el detalle jurídico o económico, conviene detenerse en algo previo: el modo en que se la narra. Porque ninguna reforma que altera derechos se vuelve posible sin una cuidadosa construcción de sentido que la preceda. Lo decisivo no es solo qué cambia la ley, sino cómo la sociedad es inducida a percibir ese cambio. El relato que prepara el terreno Toda reforma profunda necesita un marco discursivo que la sostenga. En este caso, el discurso oficial evita cuidadosamente la palabra pérdida y la reemplaza por libertad. La protección laboral pasa a ser un obstáculo; la regulación, una traba; la estabilidad, un privilegio injustificado. Así, lo que podría percibirse como un retroceso se presenta como una modernización. Esta no es una improvisación: es una concepción precisa de la comunicación política. Quien define el marco desde el cual se discute, condiciona el resultado del debate. Cambiar las palabras para cambiar la realidad Esta lógica ha sido sistematizada por consultores como Frank Luntz, especialista en opinión pública y asesor de grandes intereses económicos en Estados Unidos. Su aporte central no fue diseñar políticas, sino enseñar a nombrarlas. En su enfoque, los hechos importan menos que el lenguaje que los envuelve. Aplicado a la reforma laboral, el método es transparente: no se quita un derecho, se amplía una opción; no se abarata el despido, se dinamiza el empleo. El conflicto se neutraliza en el plano semántico antes de expresarse en el plano social. El trabajador frente a un espejo distorsionado Uno de los efectos más profundos de este encuadre es la fragmentación del mundo del trabajo. El trabajador con derechos aparece como responsable indirecto de la exclusión de otros. El derecho de unos se transforma en el problema de muchos. Así, la reforma deja de enfrentar al trabajo con el poder económico y pasa a enfrentar a trabajadores entre sí. La norma no solo modifica condiciones laborales: redefine identidades, culpas ypercepciones. El antagonista funcional Para que la reforma avance sin resistencia masiva, el discurso necesita un blanco claro. Allí emerge el sindicalismo como antagonista privilegiado. Presentado como corrupto, anacrónico o corporativo, se debilita su función histórica de defensa colectiva. De este modo, cuando la reforma reduce derechos, no se vive comouna pérdida del trabajador, sino como una derrota de un actor previamentedesacreditado. El rechazo se canaliza, se ordena y se vuelve políticamente funcional. Mucho más que una ley La reforma laboral impulsada por Javier Milei y su fuerza política, La Libertad Avanza, no busca solo modificar un marco normativo. Aspira a instalar un nuevo sentido común donde la protección laboral resulte sospechosa y la precariedad sea presentada como oportunidad. No estamos ante una discusión técnica. Estamos ante una disputa cultural de largo alcance. Volver a nombrar para volver a debatir Señalar esta operación no es un ejercicio académico ni retórico. Es un acto político. Llamar a las cosas por su nombre permite correr el velo que transforma una pérdida en promesa. La reforma laboral debe discutirse por lo que es y por loque produce, no por el relato que la vuelve aceptable. Nombrar con claridad es el primer gesto de recuperación democrática del debate. Una reflexión hacia adelante La esperanza no reside en negar el conflicto, sino en comprenderlo. La historia demuestra que ningún marco discursivo es definitivo. Cuando una sociedad recupera la capacidad de analizar críticamente las palabras que la interpelan, vuelve a ser protagonista de su propio destino. Iluminar el lenguaje que rodea a la reforma laboral es el primer paso para discutirla de verdad. Porque solo cuando entendemos cómo se construye elsentido, podemos decidir conscientemente si ese camino conduce al futuro o si, en nombre del progreso, estamos aceptando retroceder. (*) Abogado y Concejal. Vicepresidente 1° del HCD de Concepción del Uruguay. Presidente del Bloque Juntos por Uruguay P J. Esta nota es posible gracias al aporte de nuestros lectores |
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