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Parana » Uno
Fecha: 21/02/2026 09:57
La Argentina atraviesa una caída record del consumo de vino, un hecho que genera gran preocupación en la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar). Al respecto, el presidente de la entidad, Mario González, comparó: En la década del 70, 80, se tomaban 90 litros per cápita en Argentina, y hoy estamos en 15,7. Si bien la crisis económica a nivel país profundiza esta situación, el dirigente observó que esta baja tiene que ver sobre todo con los cambios de hábitos y de consumo, y aclaró que no sólo se están produciendo en Argentina, sino que a nivel mundial. El consumo de vino no repunta: impactan la situación económica y los cambios de hábitos En la década del 70 se tomaban 90 litros de vino per cápita al año, y hoy sólo 16. Más allá de la baja del poder adquisitivo, influyen las costumbres Los comercios del rubro en Paraná no están ajenos a esta tendencia, en la que el sector enfrenta un escenario que además del cambio de hábitos, combina una transformación cultural y una reconfiguración de la oferta. Sin embargo, lejos de hablar de una bebida en retirada, los referentes locales aseguran que el vino se está adaptando a una nueva era. Así lo analizó Santiago Arévalo Maya, sommelier de una reconocido comercio de la capital entrerriana abocado a la venta mayorista y minorista de bebidas y afines. En este marco, describió un panorama desafiante pero no terminal: Estamos viviendo una baja histórica, pero el vino va a seguir existiendo. Es una bebida que tiene miles de años de historia y forma parte de la cultura en todo el mundo, aseguró. Según explicó, el quiebre se produjo luego del pico de consumo durante la pandemia. Hasta 2022 el consumo de bebidas alcohólicas venía creciendo. Después de la pandemia hubo un pico y desde ahí comenzó un desplome importante a nivel internacional, detalló, y sostuvo que el retroceso es visible en las góndolas y en los volúmenes de venta. Nuevos hábitos que frenan el consumo de vino Santiago aclaró que la caída del consumo no es un fenómeno exclusivo del vino: afecta a toda la industria alcohólica. Incluso grandes multinacionales como Diageo compañía británica dedicada a la fabricación y distribución de bebidas alcohólicas, que produce marcas como Johnnie Walker, Smirnoff y Gordons muestran una tendencia clara: aumentan los stocks mientras los ingresos se sostienen. La razón es que se vende menos volumen, pero más productos de alta gama. Es decir, menos botellas, pero más caras. Así, uno de los principales cambios detectados es la transformación del consumo masivo hacia uno más selectivo. Quien antes tomaba tres vinos de gama baja, hoy prefiere tomar uno de gama media-alta, explicó el sommelier paranaense, y señaló que esta tendencia se observa especialmente en los segmentos económicos y medio-bajos, que son los más golpeados por la retracción del consumo. La gama alta, en cambio, se mantiene relativamente estable. Este comportamiento responde tanto a la crisis económica como a un cambio cultural más profundo: mayor conciencia sobre la salud, auge del fitness y expansión de bebidas sin alcohol. En ese sentido, el mercado ya comenzó a adaptarse. Bodegas tradicionales desarrollaron espumantes sin alcohol y se amplía la oferta de vinos desalcoholizados. Incluso cervecerías artesanales lanzaron variedades sin graduación alcohólica. Competencia y modas El vino tampoco compite solo. En la última década enfrentó el auge de la cerveza artesanal y del gin, que tuvo un crecimiento explosivo y una caída igualmente abrupta. Fue una moda muy vertical en su ascenso y también en su descenso. Hoy el gin está prácticamente muerto en volumen de distribución, afirmó el Santiago. A su vez, observó que el consumo también se ve impactado por factores externos: en países donde se legalizó la marihuana, se observó desplazamiento del alcohol; además, ciertos medicamentos y tendencias saludables reducen el interés por las bebidas alcohólicas. El desafío argentino Del vino que se produce en el país, 75% se destina al consumo interno y el 25% se exporta. En este sentido, Argentina es reconocida globalmente por el Malbec, pero esa fortaleza también es una limitación. Somos el mayor exportador de Malbec del mundo, pero eso es un poco tramposo porque no hay tanta competencia. A nivel internacional, el rey de las tintas es el Cabernet Sauvignon, explicó Santiago, y acotó que el problema es que en ese segmento Argentina compite con gigantes históricos como Francia, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, países con larga tradición en Cabernet Sauvignon. Esto plantea un desafío estratégico: diversificar la oferta y fortalecer variedades con mayor demanda global.
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