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» La Nacion
Fecha: 21/02/2026 08:29
Cuádruple campeón del Abierto de Palermo e integrante de una dinastía de este deporte, repasa su carrera y analiza la actualidad: las reglas ridículas, los polistas que juegan otro deporte y su orgullo como padre - 31 minutos de lectura' Siempre fue distinto. En una cancha de polo y afuera también. Hacía goles sin tener un taqueo excelso como otros número 1, pero además era una pesadilla para los rivales a la hora de detectar puntos flacos, errores o simplemente provocarlos con astucia. Una mente brillante. Y cuando la mayoría de los jóvenes de su edad no veía la hora de dejar los estudios para viajar y ser un jugador profesional, Alberto Heguy (h.) eligió estudiar. Agronomía. Primero el estudio, el polo después. Había tiempo. Y era como un legado paterno, del padre veterinario y 17 veces campeón del Abierto de Palermo: Alberto Pedro Heguy, leyenda de Coronel Suárez. Siempre, también, fue Pepe Heguy. El flaco de 65 kilos de casco celeste con un pañuelo rojo como banda. El que odiaba tener que dejar la intimidad del hogar o las caballerizas en el Club Los Indios para asistir a eventos sociales. Lo aburrían soberanamente. Es el mismo que a los 19 años, junto a su hermano 11 meses mayor, Eduardo (El Ruso), y su padre (ya con 45), entraron el domingo 4 de mayo de 1986 en la cancha 1 de Palermo a jugar la final del postergado Abierto de 1985 contra el defensor del título, La Espadaña, con Alfonso y Gonzalo Pieres y Ernesto Trotz. Jugando por Indios Chapaleufú II perdieron por uno (15-14) y sorprendieron a todos: casi son campeones en el debut en Palermo, el máximo certamen del mundo. Alumno responsable, de esos que no estudiaban tanto pero tenían facilidad y capacidad resolutiva, Pepe, hoy con 58, fue uno de los símbolos de Chapa II, cuatro veces campeón del Argentino Abierto y uno de los equipos más tácticos que se haya visto en la Triple Corona. Combativo, tenaz, pragmático. A veces, al límite. Le tocó una época dorada, con La Espadaña, Chapa I y más tarde con Ellerstina y La Dolfina. Los tres hermanos (Pepe, el Ruso y Nachi) dejaron su impronta y cualquiera podía advertir que había potenciales coaches en ellos. Lo son. Incluso, los tres estuvieron en los palenques de Ellerstina Indios Chapaleufú en 2025, trabajando con hijos y sobrinos. Pepe, además, fue técnico de La Natividad campeón 2021. Padre orgulloso de Antonio, Silvestre (mellizos de 22), Amalia (17), Ambar (15) y Jacinto (12), Pepe conoce de toda la vida a Paula Uranga, hija de Marcos, ex presidente de la Asociación Argentina de Polo. Empezamos a salir cuando ella todavía iba al colegio, tenía 17. Yo era bastante más grande: le llevo 8. Yo viajaba, pero al poco tiempo nos pusimos de novios. Enseguida me di cuenta de que era la mujer para mi. Es la paz en la casa, el cable a tierra de la familia. Yo no soy de hablar mucho, la que habla es ella. Se define como un padre no muy estricto, es de dejar hacer, aunque si algo no le gusta, lo hace saber clarito. Y su legado es: Que disfruten la vida, que la pasen bien. Que traten de ser una familia lo más parecido a la nuestra que tuvimos, que es una familia espectacular. -Hiciste una carrera, te recibiste y después te volcaste de lleno al polo. ¿De qué te sirvió, creés, haber hecho ese recorrido? -Como tema laburo y haberlo usado después, en nada. Pero como tema educación, disciplina, agarrar calle, cultura, mucho. Me levantaba a las siete, iba en colectivo a la facultad, me jugaba una práctica y después volvía a la facultad. El tema era no entrar a la vida fácil del polo a los 18 años. Es difícil para los chicos de hoy, porque cada tanto agarran una invitación afuera, en lugares ridículos, con plata ridícula. Algún viaje hacía, sobre todo en los meses de exámenes. Me gustaba ir en agosto a Deauville. -Mencionás eso de las tentaciones para los chicos. ¿Cómo lo hablás con tus hijos? -Con mis hijos probé que estudien, dándoles libertades también. Como era la regla en casa. Cuando era chico, papá decía: El que estudia, yo le pago todo, juega al polo; el que quiera dedicarse al polo, que se dedique. Pero se pagan las cuentas, se pagan todo. Traté de que Antonio estudiara, pero ya era polista-polista, muy fanático, tenía invitaciones. El resto sí, estudia. Silvestre Administración de Empresas. -Sos de Boca. Pero si Ricardo Boudou te hubiese prometido un caballo para hacerse de Estudiantes, como pasó con tu hermano Eduardo, ¿hubieras cambiado de equipo? -Y, en esa época seguro que sí, por un petiso hacíamos cualquier cosa. Pero no me llegó ninguna oferta, jaja. -¿Qué tienen los veranos de La Pampa que son tan especiales para vos, para la familia? -La parte divertida, igual que en nuestra época, es que estamos todos juntos, hermanos, primos, jugando al polo todo el día, andando a caballo. Tenemos los campos uno al lado del otro, se hacen programas, se arman unos picados de polo 8 contra 8. Igual, es muy meritorio las mujeres y los chicos y las chicas que a los 15, 17 años te acompañen al campo cuando podrían estar pidiendo ir a Punta del Este, a todos lados, y no. La pasan muy bien. También es la parte del año que trabajamos y hacemos los caballos nuevos. -¿Qué recordás de las charlas con tu abuelo, Antonio, el patriarca? -Bastante. Vivíamos en el mismo edificio en la calle Cerrito: papá en el sexto piso y abuelo en el quinto. Todas las tardecitas bajábamos. Horacio padre, ya separado, también vivió ahí un tiempo. Nos juntábamos con los primos, Horacito, Gonzalo, Marcos, Bautista, íbamos todos. El abuelo se tomaba un whiskicito, nosotros una gaseosa, y hablábamos de caballos. Y después, en el campo, en el verano, también. Muchas charlas. -¿Iba a los partidos y les hablaba después? -No, era como papá y Horacio, que nunca explicaron mucho. Te puteaban, te decían vos sacá la fusta y corré. El abuelo veía los partidos, iba, pero no era de explicar cosas. -¿Cuál fue el mejor consejo que te dieron en la vida? -Para mi forma de ser, que estudie, porque después, tiempo para jugar al polo iba a tener toda mi vida. Tampoco era que me divertía arrancar a viajar ni era tan sociable. Ni era ni lo soy. Por eso, que hiciera una carrera primero fue el mejor consejo. -Con el Ruso debutaron en Palermo y el primer año casi lo ganan, les faltó muy poco. ¿Te quedaste con bronca o estabas feliz ese día? -Yo estaba feliz, no entendíamos nada. Si pasé de jugar el Intercolegial a ese equipo de Chapa II con papá y Daniel González. Entramos a jugar el Abierto de Palermo sin darnos cuenta. Ni la Copa Cámara había jugado. Quedé encantado de lo que hicimos. Después nos costó varios años ganarlo, pero bueno, no fue culpa nuestra, sino que agarramos la época buena de Chapa I, de La Espadaña, que eran muy bravos. -¿Qué significaba tener un padre como Alberto Pedro, una leyenda del mítico Coronel Suárez, con sus 17 títulos de Palermo encima? -Nunca me di cuenta, lo veíamos natural. Con Juancarlitos y Alfredo Harriott, las reuniones de Coronel Suárez las hacían en Cerrito, en mi casa. Escuchabas cuando hacían la lista de caballos, nos dejaban estar, pero no podíamos opinar. Pero claro, vivías todo eso. Y después jugábamos las prácticas. De chiquito te mezclabas con ellos, parecía lo normal. Jugabas con Juancarlitos, lo veía lo veía todos los días. Hoy te das cuenta de que jugaste con los mejores del mundo. Juancarlitos se cuidaba en las comidas. Ellos laburaban en otra cosa. No vivían del polo, no eran profesionales, pero hacían las cosas mejor que lo que se hace ahora. En la cría, en la organización, eran recontraserios. -¿Y tu mamá Silvia? No veía los partidos. -No, no quería ir y nosotros tampoco que viniera, porque se ponía tan nerviosa que De chico vivía en la casa de mi abuela Fanny, que era fanática de Suárez y no podía ver los partidos porque le había agarrado un infarto viendo a Suárez en Palermo. Entonces mamá no quería que le pasara lo mismo. Hoy que soy padre, de afuera, veo a los chicos y te ponés nervioso. En esa época eran todas jugadas de peligro, cincuenta. Decías se van a matar todos. Ahora hay una o dos por partido. Preferíamos que no fuera a la cancha. Iba al cine, a pasear, y llegaba al final. A los nietos los va a ver un poquito más. Se tranquilizó ya. -¿Y por qué antes había 50 jugadas de riesgo y ahora hay dos? -Porque el polo era así, las reglas eran así y era de guapos y locos. En la cancha éramos indios y salvajes. Tenías que estar loco para jugar en esa época. Cuando empezamos cada jugador tenía 2 o 3 yeguas que eran igual de buenas o mejores que las de ahora, y después jugaban unas porquerías inmanejables. Todas las jugadas eran de riesgo. Y además Hoy hay veinte yeguas que son mucho peores que las que jugábamos antes, lo que pasa es que se bajan a los 2 minutos y no se nota tanto. -¿Y las reglas? -Eran diferentes. Se permitía mucho más el roce. Nosotros hemos jugado finales con Cambiaso cuando Adolfito jugaba a hacer el trencito y le sacaban los hombres, y lo encarábamos de a 3: el primero le pegaba un caballazo, el segundo lo iba esperando. Y se jugaba así. Cuando te cobraban foul, era mitad de cancha, no es que te castigaban. Las reglas eran así y éramos amigos de Cambiaso. Le pegabas un caballazo, gritaba un poco, pero era normal, cosas del juego, no había un escándalo. -¿Estás satisfecho con los cuatro títulos (96, 99, 2000 y 2004) que ganaste en Palermo o creés que tu carrera merecía más? -¡Estoy re bien! Es dificilísimo ganar Palermo. Podés agarrar muchos jugadores y, ¿cuántos tienen? No tienen muchos más que nosotros. Y lo que estoy más orgulloso es de las épocas en las que me tocó jugar. Gané cuatro y en la época de Chapa I, La Espadaña, La Dolfina. ¡Lo que era con esos equipos! Estoy feliz. -¿Cuál fue más especial? -El primero y el último. El primero por lo que nos costó, fueron muchos años de pasarle cerca y parecía que era casi imposible por los equipos que había. Pero el que más disfruté fue el último, porque en 2004 ya nadie nos daba chances, y ahí jugaba con Milo Fernández Araujo, muy amigo y con quien tenía muy buena onda. Un equipo que me divertía mucho. Le ganamos la semifinal a Cambiaso. Fue la última vez que Adolfito no llegó a una final, imagínate. Y la final a Chapa Uno. -Y fue la final más polémica entre los primos, por el choque entre Nachi y Horacito, que terminó hospitalizado. ¿Cómo lo viviste? -Son de esas cosas que pasabanLa caída la vi mil veces. Nachi va cerrando a otro jugador justo del lado de Horacito no ve, toca las patas, qué sé yo. No vi nada raro, si no lo hubiesen echado a la mierda. Lo malo de esa final es que no la pudimos festejar. Terminó el partido y no podías andar a los gritos como locos. Sabíamos que Horacito estaba bien, ya nos habían dicho, pero no podías andar festejando. -Algunas relaciones quedaron cortadas después de eso. -Nachi siempre se llevó mal con alguno de ellos. Después de eso no quedó peor, quedó igual que antes. El Ruso tenía épocas. Y yo por lo general me llevaba bastante bien, no tenía muchos problemas con ellos. Jugaba mucho acá, en el Jockey, y afuera con Horacito, vivía tres meses con él. Me preguntaban ¿Cómo hacés para vivir con Horacito?. Yo la pasaba bien con él, cero drama. Después, salías a la calle y era un personaje. Ibas a las comidas y lo querían matar todos. Con Bauti jugué mil veces también. No tenía problemas. -¿Y con Gonzalo cómo te llevabas? -Con Gonzalo bien, no te podías llevar mal. Era un loco bárbaro. Te podías pelear todos los días, pero tenía un corazón... En Brunei nos mandaron a vivir juntos porque éramos los que estábamos casados. Íbamos los cuatro, con Paula y Jesús, con Jesucita. En Inglaterra también en la misma casa. Convivía mucho con Gonzalo. Bueno, el día que arrancó para acá, que llegó y después sufrió el accidente fatal, estuvimos con ellos. Compartíamos muchísimo tiempo, asados. -¿Cómo te enteraste de su muerte, en abril del 2000? -Conversamos mucho ese día, estuvimos las dos parejas juntas, tomando mate. Paula y Jesús eran muy amigas. Cargamos juntos las valijas en el auto. Es que nos fuimos de Palm Beach con un día de diferencia, volamos la noche siguiente. Cuando llegamos a Ezeiza nos estaban esperando para avisarnos que Gonzalo se había matado en el auto en La Pampa. Nos llevábamos muy bien. Era un personaje. El más bueno de todos. -Dijiste que te llevabas bien con Horacito. ¿Te parecés a él? -¡Ni en pedo, dejate de joder! Podía convivir con todos mis primos, pero parecerme, no. Cero. A ninguno. Y a mis hermanos tampoco. -¿Sos distinto a todos? -Totalmente distinto. Siempre fui perro verde. Se me ocurrió estudiar, y estudiaba. Yo quería jugar al polo con mis amigos. Por eso me costó muchísimo jugar en el 92-93 con Trotz y con Alfonso Pieres. El Ruso quería ganar el Abierto sí o sí y encima tenía que cambiar de puesto. Después la pasé bien. Ahora cambió todo. En esa época no era tan común armar equipo con los que habían sido rivales tan fuertes como ellos, de La Espadaña. Me costó. -¿Por qué con los primos hasta las prácticas eran a matar o morir? -Las prácticas eran mucho peores porque no había referí. Porque lo vivíamos así el polo. Capaz que si jugábamos prácticas contra el Lolo Castagnola y Cambiaso nos matábamos a caballazos igual. Con los primos jugábamos todos los días, había roces. Y éramos todos distintos. Horacito, un jugador fino; Nachi y el Ruso te partían al medio en cada pechazo; Marcos te hacía un comentario de los suyos y lo querías matar. Y a Bauti le pasabas cerca y ya te miraba con cara de no me roces. Se jugaba así. Después, a la noche, salíamos todos juntos. -La final del 2002 contra La Dolfina terminó en escándalo: los echaron al Ruso y a Nachi. ¿Te calentaste mucho ese día? -Sí, y después más. No fue por el partido ese que los echaron. Después de la semifinal del Abierto, que esa sí, nos habíamos matado con Chapa, se quejaron Bautista y Aguerre a la Asociación Argentina de Polo, entonces presidida por Gonzalo Tanoira. Y la AAP se juntó con los referís antes de la final y los advirtió: Primera cosa que hagan Eduardo y Nachi, amarilla. Y si los tienen que echar, los echan. A nosotros nunca nos advirtieron sobre esa queja de Chapa I. Entramos a jugar como se jugaba en esa época. Hay un throw-in, sale Cambiaso por atrás, Eduardo lo toca un poco, apenas. Y tarjeta amarilla, ya con mala cara. Pero ¿por qué amarilla? No pude parar, no lo quise chocar, le dice el Ruso al referí. Segunda amarilla. La tercera ya ni me acuerdo como fue y lo sacaron de la cancha. Nachi estuvo bien echado, ya estaba sacado. Pero nunca había pasado que echaran a alguien en una final de Palermo. El mismo Cambiaso les decía Pará, ¿cómo lo van a echar?. Después salió un partidazo porque ese día Milo Fernández Araujo jugó 15 goles. Los referís no pudieron ir a la entrega de premios: los iban a putear. Uno era Daniel Boudou. -¿Con algún rival te llevabas especialmente mal? -Y, sí. Alguno te metía las patas y si no levantabas te hacía caer de cabeza. Había otro que te agarraba las riendas cuando estaba a la pasada. Yo esas chanchadas no las soportaba. No hago nombres, pero sí, había dos o tres bravos bravos y los conocen todos. -¿Por qué es tan fuerte el vínculo de los tres hermanos que jugaron en Chapa II? Y que se transmite a sus hijos -Mérito de papá y mamá, que siempre fueron refamilieros, siempre les gustó estar con todos los chicos para todos lados y nos acostumbramos, claro. Todos los sábados nos juntábamos todos los primos a comer asado en lo del abuelo. No es tan fácil llevarte bien toda la vida. Vivimos los 3 en Pilará, jugamos al golf juntos, los campos cerca. No es que no te pelees nunca, pero tenemos un vínculo fuerte y se extendió a nuestros hijos. -Tus hermanos fueron jugadores más físicos, más de roce. Vos eras otra cosa. ¿Cómo sacabas ventajas? -En esto también era distinto a todos. No tenía la fuerza de Eduardo y de Nachi. Y tampoco la habilidad de mis primos Bautista y Marcos. No me sobraba potencia en el taqueo, pesaba 65 kilos. Entonces, empecé a buscar la forma de sacar ventaja. Yo sabía que a los backs, viniendo con la bocha desde atrás, no los iba a pasar nunca por más caballo que tuviera. Por eso, iba cambiando: un rato me le pegaba un jugador, un rato me metía del otro lado. Como que me iba escondiendo en las jugadas. Me las ingeniaba para jugar con anticipación, con cabeza, sabiendo mis limitaciones. Aprendí a pensar las jugadas. Esas cosas son las que después empecé a aplicar cuando fui coach. Sabía las jugadas de los otros equipos y cómo jugarles. -¿Con el paso del tiempo, viste a algún otro Pepe Heguy? -No, porque hoy físicamente están entrenadísimos, son todos profesionales. Y que le peguen cortito como le pegaba yo, que no le importe mucho nada, que no esté taqueando todo el día, que juegue porque le divertía, no vi. Y parecido tampoco, ninguno. Como no tenía potencia, yo jugaba con la cabeza al polo. -Cuando te hablaban de los goleadores, de Cambiaso, de Bautista, Tincho Merlos, vos siempre remarcabas que a diferencia de ellos no tirabas penales. -Nadie se acuerda de algún gol mío porque nunca metí un golazo. Los míos eran goles fáciles, la empujaba, la llevaba por abajo. En el aire, ni le tiraba. Siempre decía que no podía ser el goleador de Palermo porque no tiraba penales. Si agarrás la estadística de los primeros 20 años que jugué el Abierto y sacás los penales, en 10 salí goleador. En un Abierto, Marcos Heguy me jodía porque no le había metido ni un gol: al año siguiente le metí siete. Hacer siete en una final sin tirar penales El récord de goles de juego creo que lo tengo yo, con 12 o 13, en la cancha 2. Es así el tema de los goles y penales: el año que Jeta Castagnola no tira los penales, por ahí no sale goleador. -Has visto muchos accidentes, incluso de familiares. ¿Qué se piensa en esos momentos? -Era la parte fea del polo. Yo estaba jugando con Horacito, en Inglaterra, en el 95, cuando le pegaron el bochazo y perdió el ojo. Tuve que bajar del caballo en ese momento y asistirlo. Cuando se cayó mi sobrino Pedro no estaba ese día en el campo. El polo es un deporte peligroso, pero como te dice papá, en nuestra familia se mataron mucho más en auto que jugando al polo. Viendo a los chicos, no me pongo tan nervioso. -¿En el accidente de Horacito te diste cuenta en el momento de la gravedad? -Sí, enseguida. Yo tenía la rodilla puesta atrás, estaba sentado. No se desmayó, no perdió el conocimiento ni nada. Pero era evidente la gravedad, corroborada por los médicos. -¿Y de las desgracias, que fueron muchas, qué lectura hacés? ¿Es el destino, como si algo se hubiera ensañado con la familia Heguy en general? -No sé. De las familiares nos tocaron muchas de muy cerca. Si voy a mi entorno, papá y mamá están bien en el campo, toda mi familia bien. Las desgracias son un poco de destino y después qué se yo Gonzalo vivía como si fuese a vivir 36 años, andaba al límite siempre, y le tocó. -Fuiste coach de La Natividad en 2021, cuando ganaron el primer Abierto. ¿Qué veías de los Castagnola en ese momento? -A mi me llamó Polito Pieres, porque estaba jugando de 2, con Jeta de 1, y lo veía complicado. Quería que lo ayudara. Después me pidió Lolo Castagnola que hiciera de coach, porque él se ponía muy loco. Los conozco desde chicos. Me llevo muy bien. Sólo había que ordenarlos un poco, mejorarles algunos detalles, pero los dos siguen siendo totalmente distintos al resto. Juegan otro deporte. Tienen una potencia, una fuerza, un taqueo. Ganamos el Abierto. Fue impresionante. Era acomodarlos. Son superiores a los demás. -¿Alguno es mejor que el otro? -Jeta es más desequilibrante. En Palermo, los últimos dos años fue mejor Barto. Pero Jeta es totalmente desequilibrante. Juega a otro deporte. -¿Te sorprende que Adolfito vaya a seguir jugando la Triple Corona a los 51? -No. Está perfecto, físicamente está muy bien. Con la experiencia que tiene, lo montado que está, la organización que tiene atrás y con los equipos que juega... Ya no precisa jugar como antes, cuando hacía todo él. Ahora los organiza un poco. Igual, jugó bien y podría haber jugado mucho mejor si los compañeros le pasaban un poquito más la bocha. Juegan a un deporte distinto los chicos. Juegan la pelota, la tienen mucho. Tienen tanta habilidad que no la pierden. Adolfito jugó muy bien. Es mucho más clásico que los otros. Si lo usasen un poquito más, podría hacer más diferencia de la que hizo. Se amolda a sacarle lo mejor a sus compañeros. -A los chicos de ahora, estas generaciones que son tan cibernéticas, dispersas, ¿se les llega fácil o es complicado transmitirles un mensaje? -Son totalmente diferentes. Te tienen que respetar primero, porque si no te respetan no te van a hacer caso. Te dicen que si, pero no lo hacen. Tenés que tener la habilidad para poder hablar con ellos y explicarles las cosas. Convencerlos de las cosas que querés que hagan, no es que las tiene que hacer porque vos se las digas. Son todos correctos, educados, mucho más que lo que éramos nosotros, pero si no le explicás por qué querés que haga tal cosa y las ventajas que se sacan, que es lo mejor para él y para el equipo, no lo hacen. -Los tres hermanos Heguy son coaches. ¿Cómo es la experiencia de trabajar juntos, siendo Nachi el DT oficial? -Estamos los tres dando una mano. El Ruso, como es el Ruso: no se pierde una práctica, no se pierde un taqueo, le pone la bocha a Facundo Pieres para que practique los penales. Maniático y fanático como es, está en todo. Yo voy más el día previo al partido. En el asado, les digo lo que me pareció mal del partido anterior, cómo jugaría. Y después en el partido queda Nachi. Y en general, si veo algo que hay que cambiar, me arrimo entre chukker y chukker. Pero el coach es Nachi. No podemos estar los tres opinando ahí, imposible. Además, vemos el polo de diferentes maneras. Yo me voy solo a ver el partido, en las 60 yardas. Estoy mirando y analizando las cosas. Si me charlan y se ponen todos locos alrededor, no puedo. -¿Qué es lo que más te gustó de Ellerstina Indios Chapaleufú en 2025? -El equipo. Pegaron onda desde las prácticas, se divierten, el asado, la pasan bárbaro, nunca hubo una pelea. ¡Lo bien que le hicieron Gonzalito y Facundo a Antonio y Cruz, que están comenzando a jugar el Abierto! No es fácil entrar en un equipo grande. Los Pieres son unos señores. No putean nunca, tienen buena onda, les pasan caballos todos los días. En la reunión de equipo se cagan de risa. Después terminan en Tequila con Facu, jajaja. En la cancha andaban tan bien porque la onda afuera era impresionante. Un equipo con alma de campeón. No son campeones porque están los otros locos enfrente, los Cambiaso y los Castagnola. -Jugaron tres veces contra La Natividad La Dolfina. Todos partidos parejos. ¿En alguno sentiste que lo ganaban? -Y, capaz que la final de Tortugas. Esa es la que le pasaron más cerca. Ese día la podían haber ganado. La de Palermo arrancaron bien, después tuvieron un rato malo, se desorganizaron un poco, les cobraron muchos foules y se les fueron muy lejos. Después se arrimaron. -¿Cómo son Cruz y Antonio? -Totalmente distintos. Son flacos buenísimos. Cruz es lo más: responsable, se cuida con la comida, practica 500 penales, tiene todos los taquitos ordenados, maniático... -Es el Ruso. -Es el Ruso, pero Eduardo se comía los asados... Cruz es más disciplinado. Profesional. Meticuloso, una onda impresionante, unas ganas terribles. Y Antonio es lo contrario: lo más relajado del mundo. No sabe si va a jugar a final del Abierto o una práctica. Silvestre, el mellizo, le organiza los caballos, ni se entera de cómo van los caballos a Palermo capaz. Sale a jugar a lo que le salga. Por eso es diferente. No es un tipo que sienta mucho la presión. Personaje. -Dicen que es parecido al tío Gonzalo y a vos. -En el despliegue en la cancha, en ese ida y vuelta, es lo más parecido a Gonzalo que vi. No hay muchos que puedan hacer lo que hacía Gonzalo o hace Antonio hoy. Cuando anda con mayor fineza, tiene más taqueo que Gonzalo. Tiene cosas mías también. Cuando empezó era 3, una computadora. Después empezó a circular tanto que pasó de 2. Pero sí, es una mezcla de los dos. Es el puesto más difícil, siempre lo fue. Estaban Gonzalo, Nachi, Eduardo Novillo, Pelón Stirling. Que después ya no querían jugar más de 2 y pasaban a 3. El puesto de 2 es bravísimo. La circulación que tenía Gonzalo Heguy es la misma que tiene Antonio. -¿Y a vos qué te provocaban los elogios de la gente hacia Antonio? ¿Qué sentías como padre? -Es un orgullo. Y me pone contento por el esfuerzo que hizo y que hace él para llegar ahí. Compran caballos, están todo el día dedicados. Le ponen un esfuerzo impresionante. Como nos sucedía a nosotros, al ser Heguy lo ves como natural. A Antonio lo veía jugar la Copa Potrillos y pensaba: Sí, este pibe va a jugar el Abierto y lo va a jugar bien. Un orgullo familiar. -¿Y Silvestre? ¿Cómo vive el suceso del hermano mellizo? -Silvestre es un crack. La pasa bárbaro. Juega al polo todo el día. Tiene 4 goles bien jugados. En otra familia sería un crack. De chiquito le costó arrancar, era zurdo. Como yo siempre dije, estudiá, después jugá al polo para divertirte. Ser jugador de Abierto es muy difícil. Juega mucho y bien, con los amigos, estudia. Orgulloso de Silvestre. -Camino al podio, Cambiaso le dijo a Jeta El año que viene tenemos que traer 10 caballos más. ¿Qué van a hacer ustedes? -Ellerstina tiene caballos atrás siempre. Nosotros también. Pero no te ganan por caballos: te ganan por juego. Cambiaso te dice eso porque el que más la sufrió el año pasado fue él al pasarles tantos caballos a los otros. Es verdad que precisan más caballos para seguir ganando. Tenés que ir mejorando siempre. Algunas ya se pusieron viejas. Las Cuarteteras ya no son las de antes: juegan un ratito. Tiene razón. Ese es Cambiaso: pensando en cómo mejorar. Barto tiene un lote impresionante, Jeta gasta muchos caballos y se había quedado sin tanto. Sin la colaboración de Adolfito se le iba a complicar. -¿Creés que va a llegar a los 20 de Juancarlitos? -Y, sí. Si no pasa nada raro, sí. Puede pasar que algún día le ganen, pero ese equipo es semiimbatible con toda la organización de caballos de Cambiaso atrás. Los dos Castagnola, más Poroto, que es buenísimo. Sí, debería llegar a 20. -La destreza para montar es un don muy especial y ustedes han marcado una escuela. ¿de dónde nace eso? -Lo nuestro nace de la locura de las cosas que nos hacían hacer de chicos. Vos llegabas a un corral ¿Sabés lo que era agarrar un corral ahí en el campo de Anay Rucá? ¡Unos leones eran los caballos! ¡Ensillarlos! Se te disparaban con la montura, te tiraban. Un día jugabas y no había monturas: todos en pelo. Te arreglabas. Los caballos eran mucho más salvajes que nosotros y aprendías así, a lo que sea. Aprendías a jugar seis chukkers sin montura. Somos medio indios. Más de a caballo que el resto. Muy pocos vivieron las locuras que hacíamos y nos hacían hacer ahí en el campo. Te cagabas a golpes todos los días. Arriesgabas la vida todos los días. Varios vivían quebrados. -Tus tres mejores caballos y por qué -La Cañita, la mejor que jugué. Era buenísima. Una yegua con una fuerza, una curva, un físico. Metía gol siempre. Tuvo la mala suerte de no sacar premio al mejor del Abierto porque no era Polo Argentino y porque la vez que hice cinco goles en la final, con dos chukkers completos, fue el año que Gonzalo jugó la Silverada, un yeguón. La Polo Pureza era la yegua perfecta para mi, metía gol siempre. Sacó en el 93 manta y 11 años después debería haber sacado otra vez, pero Nero jugó una alazana de Marcos que voló, metió un golazo y se lo llevó. Petisa, fuerte, con una boca impresionante, re ágil. Te escapabas y metías gol. Era perfecta para mi juego. Y después, la Polo Medialuna también, una petisa impresionante, chiquita. Otra que era como para mí. Saqué premio en los 3 Abiertos. -Me acuerdo del Pucho también, que doblaba la cabeza y miraba hacia el arco. -El Pucho fue el que más quise, lo jugué 13 temporadas en Buenos Aires. Jugó la Potrillos, el Intercolegial, Palermo. Lo sacaba dos y hasta tres chukkers todos los partidos. Lo que pasa es que era un hijo de puta. Empecé a tirar el autoback porque se te daba vuelta solo. En Palermo nunca lo pude hacer pasar la tabla de las tribunas, no lo podías arrimar: se iba doblando solo. Era tan sensible que se te iba subiendo arriba de la bocha. -¿Los caballos de hoy, jugando 3 minutos por chukker, podrían jugar aquel polo? -Sí, con otra puesta a punto. El problema es que ya se acostumbraron, ya no tienen corazón los caballos. El día que no se pueden bajar, se cansan. Hoy no ves yeguas que jueguen el chukker completo, muy poquitas, es otra puesta a punto. Sí hay más cantidad de caballos buenos, lo que no quiere decir que sean mejores que los de antes. Las dos, tres yeguas de antes eran iguales que las de ahora, pero las usabas mucho más y se conocían mucho más porque jugaban 14 minutos cada partido. Hasta las prácticas eran con chukkers de 7 minutos. Ahora vos agarrás las buenas, jugaron un total de siete minutos, pero fraccionado. Juegan poquísimo. Antes había 15 caballos buenos conocidos por año, ahora hay 50 buenas que las conoce todo el mundo. Yo jugué las dos épocas, la que no cambiaba caballos porque no tenía ni tres monturas, y la que se cambiaba todo el tiempo. Ves el video de la final de 2004, que ya se cambiaba, y el último chukker jugué, completo, la Pureza y Eduardo la Bailanta. Como coach, tengo una pelea siempre. Se va a cambiar un rival y el nuestro aprovecha y se va a cambiar también. Le digo No, apurate y sacá, así jugás 4 contra 3. Meté un gol y después cambiá. A veces van a cambiar sin que la yegua esté cansada y no lo capitalizan. -¿La clonación le hizo bien al polo? -Tengo las dos posturas. Nunca me gustó, por un lado. Pero clono, sí. Tengo de la Catástrofe, de la Pureza, del Nevadito. Los clones me gustan para criar, para conservar. La Pureza se murió hace años y tengo los clones sacando crías. De la Cañita había guardado células hace 15 años y la cloné ahora. Me encanta para mantener líneas de sangre. Para jugar, no anduvieron bien. Hay no sé cuántos clones. A Cambiaso, Doña Sofía le mandó todos los clones de las yeguas buenas, que ya tienen 9-10 años, y no juega ninguno. Vemos las Cuarteteras, y sí, fueron las mejores. El resto, casi ninguna anduvo. Ninguna mejoró la original y miles son más o menos. No sé por qué pasa eso. Otra cosa: se clonaron las yeguas buenas de los jugadores de antes, pero para jugar con otros polistas. La Birra, de Bauti, se clonó, pero ya no está más Bautista Heguy. Yo juego un clon de la Pureza que a mi me anda bárbaro, pero no hay nadie que juegue como jugaba yo, sin pechar. La clonación es imparable, pero para jugar, no me gusta. El resultado no fue bueno. -Con la tecnología y las mayores restricciones que hay para los jugadores, ¿los referatos mejoraron, están más capacitados que antes? -No sé si mejoraron... A mi no me gusta el sistema de referato del mundo. Siempre estoy en contra de todo, je. A mí que el referí que en su mejor época tuvo tres goles, dos goles, lo ande dirigiendo a Cambiaso, que le tenga que decir Libere, juegue El año pasado tenía que estar contando cuántos foules hacía, si llegaba a 5, a 6, a 7, que quién lo hizoInventaron reglas que fueron ridículas, que complicaron todo. Hacer de referí es muy difícil. Tenés un segundo para tomar una decisión en un juego con una velocidad impresionante. Y la mayoría no jugaron ese polo de los que hacen de referí. Lo que tenés que hacer es simplificarle las cosas, que haya tres o cuatro reglas fáciles. El reglamento del polo es perfecto... Lo que es peligroso es foul, lo que no es peligroso no es foul. El referí tiene que cobrar lo que es foul y nada más, no andar dirigiendo a los jugadores. -Fuiste compañero de Benjamín Araya, ahora presidente de la Asociación Argentina de Polo. ¿Cómo estás viendo su gestión? -Yo jugué el Abierto con Benjamín, me llevaba muy bien, un jugadorazo. Cuando asumió me pareció bien, un tipo laburador, serio. Creo que se pueden mejorar mil cosa. Palermo, donde los jugadores están siempre a las puteadas porque no los dejan pasar a los palenques. La organización es muy mejorable. Pero lo que tiene Benjamín es que es alguien con el que podés hablar. Siempre que asume una comisión nueva, me invitan a participar. Les digo que no porque me he peleado con todos. Yo te aporto más de afuera, le dije a Benjamín. Le mandé varias propuestas de cosas para cambiar. Te las toma y las propone en las reuniones de comisión directiva. Logré algún ajuste de reglas con el penal 1 y eliminar el conteo de foules, una regla del básquet. Ridícula. -¿Los handicaps, con las polémicas que siempre se arman, tienen solución? -No, no tienen solución. Porque es subjetivo el handicap..No es por estadística, no es por ranking. No tiene mucha solución. Hoy por hoy no son importantes. Antes sí porque las zonas se hacían por handicap. Te manejaban un poquito algún handicap y quedabas de un lado del Abierto o del otro. Hoy es más un tema de ego, no influye. Se probaron muchas variantes y todos los años es muy subjetivo. -¿A vos te subieron tres veces a 10? -Je. Yo siempre era el fusible del equipo. Cuando ganábamos el Abierto, me subían. Cuando perdíamos, bajaba yo. Como Gonzalo Heguy en Chapa I. Bautista y Marcos eran intocables y el fusible era Gonzalo. Milo Fernández Araujo fue un animal, lo que jugaba ese tipo. Subió a 10 goles un año en que fue impresionante y duró 11 meses con ese handicap. Complejo. Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo. Más notas de Alberto Heguy (h) Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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