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» Clarin
Fecha: 21/02/2026 07:08
Juan Pedro Quiñonero es uno de los grandes periodistas españoles. Es escritor, es poeta, es alguien que sabe tanto que parecería que jamás hizo otra cosa que aprender. Sin embargo, es el más prolífico, y memorioso, de los escritores españoles que se dedican, desde muy joven a contar como aconsejaba Eugenio Scalfari: diciéndole a la gente lo que le pasa a la gente. En la portada de su último libro, De la Europa de las libertades a la Europa de las extremas derechas (Guillermo Escolar, Madrid), a Quiñonero se le ve tomando notas ante la mirada del Nobel ruso Aleksandr Solzhenitsyn. Ese gesto de periodista, apuntando con lápiz lo que escucha, es una manera de ser que ahora ya no se estila, pero que a él lo ha distinguido para siempre: siempre preguntando, siembre apuntando. Ahora Quiñonero es el decano de los corresponsales en Francia, de donde vino esta semana para hablar en la Asociación de la Prensa de Madrid de esa Europa de las libertades que ahora es la Europa de las derechas extremas, cuya capital también está en España. Su vida ha alternado la pasión por contar lo que le sucede a la política y por la esencia de la literatura. Desde hace casi medio siglo vive en París, con enorme aprovechamiento, contando desde allí lo que le pasa a la Europa que se ve y a la Francia con la que convive. En la entrevista que aquí responde le pregunté en seguida por un tópico que preside el recuerdo de la París de siempre: en el mundo de hoy, ¿nos quedará París? --¿Ya no nos quedará ni París? --Cuando Rick (Humphrey Bogart) dice esa frase a Elsa (Ingrid Bergman), al final de Casablanca, la gran película de Michael Curtiz, se está despidiendo, recordando los días felices de su historia de amor Por el contrario, cuando yo recalo por la pasarela del Pont des Arts siempre me cruzo con parejas jóvenes y menos jóvenes enamorados, contemplando París. Para ellos, la ciudad es una realidad inmediata, física, carnal. Francia y París pueden estar en crisis, incluso en decadencia. Pero París sigue siendo París. Se atribuye a George Gershwin, el autor de Rhapsody in Blue, esta sentencia: Il ny a que deux sujets de chansons possibles: lamour et Paris. --Déjame que haga ficción retrospectiva: ¿qué dirían, de la Francia en la que vives, gente como Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre y Albert Camus? --Pues vaya usted a saber Francia y su cultura viven la crisis más grave desde la fundación de la V República, entre 1958 y 1962. Hay grandes economistas, grandes politólogos, grandes historiadores, grandes diplomáticos pero el pensamiento ha retrocedido de manera espectacular. La poesía francesa vive una muy mala situación editorial. La novela se publican centenares, pero no sé si existe alguien comparable a Marguerite Yourcenar. --¿Estamos en medio de una maldición europea? --Vivimos una crisis de la civilización europea. Crisis muy mayor. Crisis de valores, crisis de representación, crisis de identidad, crisis cultural amenazando su futuro. --¿De dónde nace? --A mi modo de ver, crece con la irrupción de las extremas derechas como fuerzas dominantes. En Francia, socialistas, comunistas y ecologistas tienen menos votos y menos diputados que la extrema derecha de Le Pen. Para agravar la crisis hay una ultraderecha, que lidera Éric Zemmour, condenado por incitación al odio, cuando la derecha tradicional se divide entre partidarios de la independencia y partidarios de la unión con las extremas derechas. --Eres español y desde hace rato también eres francés. Dejaste un país que estaba remontando la tristeza de los cincuenta años de Franco. ¿Ves a Franco otra vez en el horizonte español? --Temo que las extremas derechas de Vox, y Ripoll, en Cataluña, no tienen mucho que envidiar a la Francia ultra. Me parece muy visible el proceso en curso de normalización de esas extremas derechas españolas, con medios dispuestos a presentarlas como cosa normal. Inquietante, para mi. --Ahora decir extrema derecha, en España, en Europa, en el mundo, es un lugar común. ¿Cómo se ha ido introduciendo de modo que ahora parezca equivalente a cualquier otra denominación política? --De momento, no se me ocurre otra extrema derecha, ultra derecha, fuerzas crecientes por todas partes como si tal cosa, efectivamente. --De la Europa de las libertades a la Europa de las extremas derechas es un aviso que ya contiene algunas melancolías: parece que ya no hay marcha atrás. ¿Sientes lo que yo mismo he percibido leyendo tu libro? --En Francia, que es el país que mejor conozco, el futuro político nacional pasa por la extrema derecha. Nadie parece dudar de esa evidencia. El apellido Le Pen está en crisis. Pero tiene un sucesor temible, el joven Jordan Bardella, un guaperas demagogo y peligroso que tiene mucho éxito entre las mujeres. --En Francia, y también en España, y en general en Europa, ya no es raro escuchar que se vota a los ultras de derechas desde las más diversas zonas que antes fueron progresistas de izquierdas. Tú has registrado lo que pasa con Le Pen, que recibe votos de los que antes la hubieran repudiado. ¿Ya hay que resignarse? --La extrema derecha de Le Pen es el partido más votado por los obreros desde 1995. En las elecciones nacionales del año pasado, más del 65 % de los obreros y los campesinos pobres votaron extrema derecha. Socialistas, comunistas y ecologistas franceses han sido incapaces de reconquistar ese mundo electoral. Y La Francia Insumisa (LFI, extrema izquierda) cultiva la conquista del voto multicultural de la banlieue, la periferia de las grandes ciudades. --Hablas en el prólogo de tu libro de las fuerzas iliberales. De todas las evidencias de la presencia de ese tipo de fuerzas, ¿cuál es la que te produce más disgusto? --Europa, durante medio siglo, fue la gran esperanza de más libertad, más progreso, más solidaridad Socialistas y conservadores podían tener discrepancias, pero compartían la misma aspiración. Las extremas derechas defienden el nacionalismo ultra, solidario con Donald Trump y Vladimir Putin, temibles enemigos de Europa. --Fuiste testigo del incendio de Notre Dame y en tu libro lo citas recordando a Céline. En su Voyage au bout de la nuit, Cèline teme que el incendio de la catedral de Notre Dame nos anuncie el fin de Europa. ¿Se te ha acrecentado el escalofrío? --Es un símbolo pavoroso. Notre-Dame sigue en obras desde su incendio el 15 / 16 de abril del 2019. El Papa se negó a asistir a su reapertura muy provisional, donde sí estuvo presente Donald Trump. Símbolos inquietantes, me temo. --Esta conversación es para ser leída por los lectores de Clarín de Buenos Aires. Desde la atalaya europea, ¿cómo se ve el país de Borges? ¿Y América Latina? --América Latina, en general, y Argentina, en particular, siguen de cerca la actualidad española, europea. España y Europa, por el contrario, llevan años desinteresándose por las Américas. Donde es imprescindible el conocimiento y la solidaridad se impone una distancia nociva y peligrosa. --Tu libro retrata espacios y figuras muy importantes de la cultura literaria. ¿Quiénes son ahora, para ti, los inolvidables, de Europa y del mundo? --Entre los alemanes destacaría a Joachim Meyerhoff, Walter Moers, Marc-Uwe Kling. Entre los inglesesJonathan Coe, David Szalay, David Lodge. Entre los italianos me gusta Erri De Luca. Entre los franceses, he leído con simpatía a Le Clézio, Pascal Quignard, Amélie Nothomb Quizá sea de lamentar que los editores parisinos se interesen poco por las literaturas americanas en lengua castellana. Lo lamento. Sobre la firma Newsletter Clarín Newsletter Clarín
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