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Fecha: 21/02/2026 05:34
Hay quienes luchan cuerpo a cuerpo contra sí mismos en un combate que suelen perder: la casa se desordena más rápido de lo que consiguen mantener todo en su lugar. Pero esa batalla puede ofrecer resultados más alentadores si se cambian las armas. En lugar de la rigidez de tirar casi todo (con lo difícil que puede ser desprenderse de recuerdos) y guardar constantemente lo poco que quede, adoptar estrategias a medida de cada familia es la llave para vencer el caos y dejar de vivir el proceso como una pelea. Leé también: Brandon Pleshek, experto en limpieza: Solo necesitás 2 ingredientes de cocina para dejar la ducha impecable Después de 15 años de éxito de las posturas estrictas impuestas por la experta Marie Kondo (publicó el best seller La magia del orden en 2010, y un año más tarde lanzó La felicidad después del orden, secuela ilustrada paso a paso), hoy avanzan teorías que se inscriben en el postminimalismo y están mucho más relacionadas con el bienestar que con esfuerzos extremos. No fue magia Para comenzar por el principio, ordenar y organizar no son lo mismo. Ordenar es algo cotidiano, poner las cosas en su lugar, despejar mesadas. Pero para que eso suceda de forma simple, antes hay que organizar en profundidad, separar categorías y asignar espacios de guardado, define Catalina De Hoz, autora del libro Habitar el orden (Urano) y organizadora profesional. Ella misma reconoce que modificó su postura sobre los métodos de orden: Hace cuatro años que me dedico a la organización y, si bien empecé con conceptos más duros y tajantes, fui flexibilizando mi mirada sobre las personas que me contrataban y su forma de habitar, prestando más atención a sus necesidades, al momento de vida en el que estaban y al cambio que buscaban. Descubrió que es difícil mantener una forma de vivir cuando no se tienen en cuenta características, necesidades y gustos personales. Por eso, la responsable del emprendimiento @chica.orden asegura que la cuestión es totalmente personal, porque cada casa es distinta y porque no todos necesitan lo mismo. Leé también: El infalible método japonés que mejora la organización y el rendimiento diario Tal vez a alguien le resulta funcional tener sus pantalones colgados y a otra persona, doblados y guardados en cajones porque así los ve mejor. A una familia con chicos le puede ser útil un mueble recibidor para apoyar las mochilas del colegio, pero a una persona que vive sola le basta con un espacio para colgar las llaves, aclara. Aunque suene increíble, mantener la casa ordenada y a la vez disfrutar del proceso es posible. De hecho, De Hoz cree que son acciones que van de la mano. El orden puede convertirse en algo diario, funcional y práctico, que deje de ser una tarea pesada y sufrida, una cuestión de magia u obsesión, invita. A la vez, no tomar el proceso en serio suele llevar a la frustración. Es muy común eso de lo intenté, pero es imposible, hasta que mis hijos no crezcan no tiene sentido. Querer organizar toda una casa en un fin de semana advierte es una tarea ambiciosa. Hay que tomarse el tiempo necesario para trabajar en cada sector: vaciar espacios, armar categorías, descartar y repensar el guardado para que sea funcional. La recompensa es una casa que fluye y se siente muy bien. Más propuestas amables Otros expertos en organización coinciden en que las tendencias actuales se basan en reglas más cercanas al deseo que a la tiranía, y sugieren adaptar los espacios a la forma en que realmente se los usa: observar por dónde transitan los habitantes de la casa y dónde se acumula el desorden para buscar soluciones justo allí. El foco pasa por acompañar los hábitos cotidianos en vez de cambiarlos radicalmente. También están los que, como Eve Rodsky con su método Fair Play para las tareas domésticas, proponen que el orden no sea solo físico sino además de equilibrio de carga mental. Es decir, que se dé una gestión justa del trabajo invisible del hogar, ya sea en pareja o en familia, para que la organización de los espacios funcione mejor. Hay más autores que presentan enfoques flexibles del orden. Por ejemplo, las especialistas en diseño de interiores Clea Shearer y Joanna Teplin plantean en su libro The Home Edit algo que también proponen en la serie homónima de Netflix: en lugar de desechar cosas compulsivamente, se pueden organizar las pertenencias según su estilo visual (agrupar por colores, conservarlas en contenedores). Es un modo de concretar un orden estético y aliviar a las personas más apegadas a los objetos. Leé también: Ni lavandina ni jabón: el truco para limpiar los trapos de cocina y dejarlos como nuevos A su vez, How to Keep House While Drowning, es decir Cómo mantener la casa en orden mientras te ahogás, es un libro que lleva la firma de KC Davis y ofrece, desde su experiencia (lo que sintió cuando sufrió depresión posparto) un enfoque compasivo: está especialmente recomendado para personas que se sienten abrumadas y avanza con estrategias de organización y limpieza sin culpa ni expectativas de perfección. 5 consejos para lograr orden y disfrute De acuerdo con De Hoz, las principales sugerencias para conseguir una casa ordenada sin padecer el proceso son: - Empezar por algo abarcable. Ir menos a más. Organizar un solo cajón va a generar motivación para seguir por algo más grande y complejo. - Usar la casa a favor, como un aliado para generar hábitos de orden. Si al lado de la puerta de entrada hay un perchero gigante, camperas y bolsos van a vivir eternamente ahí. Se puede instalar un aplique de pared que sólo permita colgar una o dos cosas. - Elegir un no negociable. Hacer la cama todos los días o dejar el baño limpio y ordenado después de bañarse pueden ser ejemplos de este compromiso. - Hacer un buen descarte. Repensar si conservar o no objetos o prendas de vestir que se guardan por el simple hecho de que existen hace tiempo dentro de la casa. No es cuestión de tirar todo, sino de sacar aquellas cosas que no tiene sentido seguir conservando. - Encontrar el propio sistema de orden. No imitar lo que hacen otros o seguir recetas. Adaptar el esquema a las propias necesidades y corregirlo cada vez que algo cueste demasiado. Justamente este último punto es crucial. Pueden existir muchas opciones para organizar la ropa, por ejemplo (canastos de plástico, de tela, transparentes, ciegos y más), pero si no sabemos usarlas o las probamos y todo sigue fuera de lugar, no tiene sentido insistir. Tal vez esa forma de organizar el placard no es para nosotros y un estante o un cajón resuelven la necesidad, propone De Hoz. El descarte suele ser otro tema difícil. Hay personas más apegadas a sus cosas que otras, y eso puede tener que ver con el vínculo afectivo que las une a ciertos objetos, con lo que les costó adquirirlos, con la carga emocional depositada en esas pertenencias. Deshacerse de ellas -sostiene- les produce miedo, incertidumbre, sensación de vacío. Pero genera alivio y es una parte fundamental de la organización. Para armar un sistema de orden sostenible, hay que reconocer las propias rutinas, gustos, habilidades y puntos flojos. Sincerarse con cuál es el vínculo que tenemos con las cosas en su lugar y dónde queremos llegar. Eso lo tenemos que combinar con nuestra disponibilidad (tiempo y energía) del día a día y con qué tareas nos resultan placenteras y cuáles más engorrosas, para con creatividad darles una vuelta de tuerca, es el tip de la experta. A quienes no se les ocurre cómo ser creativos en esta materia, De Hoz les da algunos recursos: El mueble de guardado de la cocina, el ropero o el vanitory del baño no deberían limitar nuestras posibilidades de mantener ordenados esos espacios. Un ganchito autoadhesivo para colgar el repasador, la posibilidad de mover estantes para aprovechar mejor su altura y la incorporación de estuches para categorizar los productos del baño son ejemplos de cambios simples que generan mejoras notorias. De Hoz cuenta en su libro que una mujer la contrató porque tenía su habitación desbordada. Su placard estaba compuesto básicamente por bollos de ropa en los estantes, había objetos tirados en el piso y tenía un escritorio que hacía rato ya no cumplía su función original. Le llevó 7 horas convertir el cuarto en habitable. Cuando su clienta volvió de trabajar, lo primero que le preguntó fue ¿Y el resto de las cosas dónde está?. Catalina no había tirado ni un alfiler. Una vez logrado el orden, ¿cómo conseguir que la casa se conserve prolija? Si se hizo una organización en profundidad, con los cuatro pasos básicos (vaciar, agrupar, descartar y ordenar), el mantenimiento se simplifica. Basta cierta dosis de compromiso diario y un repaso esporádico (a fin de año, en vacaciones o cada semestre) para revisar nuestro propio estándar.
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