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» La Nacion
Fecha: 21/02/2026 01:08
Milei, el nuevo régimen y los dueños de la Argentina Los contrapuntos del Presidente, que suelen ser virulentos, incluyen en casi todos los casos un argumento común, que es la necesidad de que el país tenga una economía competitiva, no corporativa - 7 minutos de lectura' Se hace difícil encontrar en la historia un presidente que, con ideas de ortodoxia como las de Milei, se haya peleado en simultáneo con tantos pesos pesados del establishment económico. El Presidente lo ha hecho este verano al menos con dos. Primero con Paolo Rocca, a quien llamó don Chatarrín, el de los tubos caros, y esta semana con Javier Madanes Quintanilla, por el cierre de Fate. Al lote de fricciones podría agregarse también otra que pasó bastante inadvertida, en la discusión por la ley de reforma laboral, con el sector de las billeteras virtuales que lidera un simpatizante del Gobierno, Marcos Galperin, el más rico de la Argentina. Conflictos fuertes con referentes de quienes se esperan inversiones, siempre necesarias, y más para líderes que propician la creación de riqueza. Ese elenco más o menos estable que Luis Majul compendió en Los dueños de la Argentina, un libro publicado en 1995, y que tiene ahora una actitud ambivalente hacia Milei: avala en líneas generales su rumbo macroeconómico, pero rechaza muchos aspectos de su estilo personal. No es casual que los empresarios hayan vuelto al bajo perfil. Rocca contestó mediante una carta pública, Madanes Quintanilla se llamó directamente a silencio y podría decirse que algo parecido decidió Galperin con la discusión por la acreditación de sueldos en el texto de reforma laboral. Lo saben varios diputados: esta semana, al ver que las objeciones de Pro y Provincias Unidas no alcanzarían para modificar el proyecto final, los ejecutivos de billeteras virtuales que deambulaban por los despachos terminaron resignándose. Van a tener que decirle directamente a Galperin que se meta, les recomendó alguien a los de Mercado Libre, y la respuesta fue que harían el reclamo solo a través de la cámara. Él no se va a meter, dijeron. La cautela de Galperin puede explicarse desde lo obvio, no incomodar a Milei, pero también desde una lectura más sofisticada del momento histórico y el rumbo del Gobierno. Los contrapuntos del Presidente, que suelen ser virulentos, incluyen en casi todos los casos un argumento común, que es la necesidad de que la Argentina tenga una economía competitiva, no corporativa. No es personal, es el modelo, aclaró su ministro de Economía sobre la discusión con Rocca. Así, al ver que el Gobierno cedía finalmente a los bancos la exclusividad de la acreditación de sueldos a cambio de gestiones para ganar la adhesión de los gobernadores, ¿consideró Galperin que era más importante contar con la reforma laboral? ¿Valía la pena poner en juego la sanción entera por una ventaja sectorial? Un paso importante en la dirección correcta, se sumó ayer en Twitter al festejo de Milei. Ya habrá tiempo para dirimir esa disputa entre bancos y billeteras que, por otra parte, estaba en el texto original de la ley. La prédica de la competencia es además uno de los pocos tópicos de los que Milei no podrá desprenderse ni aun en el mayor rapto de pragmatismo. Está en su gen y forma parte del discurso que lo llevó al poder. Por eso suelen hacerle daño al Gobierno escándalos como el de $LIBRA, la Andis o la aparición de contratos millonarios con el Estado de empresarios cercanos al poder, como Leonardo Scatturice. La Argentina no prebendaria es una consigna de Milei que coincide además con una marca de época: la sociedad votó libertad y mercado. Hasta Grabois aceptó esta semana que, en el caso Fate, existía una especie de tensión entre el derecho de los trabajadores a conservar su fuente de trabajo y el de los consumidores a comprar cubiertas más baratas. Punto para los libertarios. El Presidente no suele tener reuniones oficiales con empresarios y hasta se jacta de eso. No lo van a necesitar, les anticipó una vez en la campaña. Esta semana, en el fragor de la embestida a Madanes Quintanilla, explicó en un tuit: ¿Aquellos que critican al liberalismo desde la ignorancia (si supieran algo, no serían colectivistas) estarán aprendiendo cuál es la diferencia entre ser promercado y proempresa?. Esta postura le deparó en el caso Fate una ironía. En la tarde del miércoles, su discurso y el del Partido Obrero apuntaban al mismo adversario. Él y los referentes del Sutna, el combativo sindicato de la planta de San Fernando, llegaban en realidad al mismo lugar por caminos distintos: para la izquierda, Madanes Quintanilla es nada menos que el dueño del capital; para Milei, representa la Argentina que hay que dejar atrás. Por eso tampoco parece contradictorio que estas peleas se hayan dado mientras se impulsaba una reforma laboral que reclama el mismo establishment atacado. Rocca y Milei no se frecuentan cara a cara. Las opiniones del líder siderúrgico le llegaron al Presidente más de una vez a través de Mauricio Macri. Pero Julio Cordero, secretario de Trabajo y uno de los redactores de la reforma, es un exejecutivo de Techint. Los desencuentros coinciden además con otra negociación, la que llevan adelante el Gobierno y la Casa Blanca por los aranceles que Estados Unidos les cobra a las importaciones de acero y aluminio. Las de Rocca y Madanes Quintanilla. Por eso Milei vio en el cierre de Fate una extorsión. ¿Conspiranoico yo?, agregó en su cadena de posteos. Tendrán que convivir. Al igual que con la reforma laboral, varios de los objetivos que se propone Milei serán celebrados por los empresarios a quienes fustiga. Viene además una etapa distinta a la transcurrida desde que asumió, dedicada principalmente a consolidar el propio espacio. O, mejor dicho, a arrebatárselo en gran medida a Pro. ¿Por qué el Presidente no negocia?, se preguntaban durante la campaña los objetores de su hermana Karina y los Menem, mientras él prometía pintar la Argentina de violeta. Logrado ahora ese objetivo, su primer test legislativo lo muestra más propenso a acordar con la oposición. Es lo que hicieron Martín y Lule Menem y Diego Santilli en la Cámara de Diputados. Sin reformas, difícilmente la Argentina pueda crecer en serio. Es lo que espera una sociedad que, para fortuna de Milei, todavía rechaza el pasado. No por nada la CGT evita movilizarse: los propios dirigentes sindicales saben de su desprestigio. Algunos lo vienen viendo desde hace tiempo. Años atrás, Omar Viviani les pedía perdón a los automovilistas mientras protestaba en la 9 de Julio contra Uber. Y anteayer empezaron los pases de facturas en la CGT. Los de izquierda sospechan de todo, hasta del diálogo que Cristian Jerónimo, uno de los líderes del triunvirato gremial, tiene con Techint. Elucubraciones de la batalla contra el capital. Y hay quienes anticipan un regreso de Pablo Moyano a la conducción. Es la misma crisis del peronismo. El vacío hace juego con el proyecto de Milei: que, llegado 2027, ese 40% que sacó en octubre le permita volver a imponerse ante una oposición fragmentada. Un horizonte ambicioso, lejano e inimaginable sin resultados constatables. Y el tema de acá a 2027: quien esté pensando en ganar, opositor u oficialista, deberá mostrar que le encontró la vuelta a la Argentina inviable. Nada menos. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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