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Concepcion del Uruguay » La Calle
Fecha: 21/02/2026 00:52
En la tercera audiencia del juicio contra Juan Ruiz Orrico por el siniestro vial del 20 de junio de 2024, el testimonio de María Cornelia Jaime volvió a exponer el impacto devastador que dejó aquella madrugada. La mujer habló ante el tribunal sobre la vida que compartía con su hijo, Leonardo Iván Almada, y cómo su ausencia desarticuló por completo la dinámica familiar. Describió a Leo como el nexo que mantenía unidos a todos, el que impulsaba reuniones y celebraciones. Desde su muerte dijo los cumpleaños y las fiestas dejaron de ser lo que eran, y el dolor se instaló como parte permanente de la rutina. Frente al imputado, pidió la pena máxima y aseguró que nada podrá reparar lo perdido. El lugar vacío en la mesa familiar María Cornelia Jaime, madre de Leonardo Iván Almada, declaró en la tercera audiencia del juicio por el siniestro vial ocurrido el 20 de junio de 2024 y describió cómo cambió su vida y la de toda su familia. Éramos una familia feliz, nos reuníamos siempre. Leo era el que juntaba a todos, expresó. Desde su muerte dijo ya no existen esas reuniones y las fiestas ahora son un día más. Afirmó que les arrebataron algo que no tiene retorno. Recordó que su hijo se levantó esa madrugada a las 3.17. Ella misma lo despertaba cada día para ir a trabajar y remarcó que salía a cumplir con sus responsabilidades. Fue Lorena Dubini quien la llamó para avisarle que había ocurrido un accidente. Al escuchar la noticia, el teléfono se le cayó de las manos y su hija Lía tomó la iniciativa para organizar el traslado. Durante el trayecto mantuvo la esperanza de encontrarlo con vida. Al llegar al lugar del choque, sostuvo que sintió que la realidad era otra. No la dejaron descender del vehículo y le insistían en que estaba en el hospital. Allí según relató les dijeron que estaban durmiendo. También cuestionó el procedimiento policial y afirmó que se sintieron tratados como sospechosos mientras, a su entender, se resguardaba al acusado. En su declaración fue categórica: aseguró que no habrá perdón y pidió la pena máxima para Orrico. Recordó que cuatro jóvenes murieron y que ninguna sentencia podrá devolverlos. Mirándolo, lo llamó asesino y sostuvo que sabía que no se puede conducir alcoholizado, comparando esa conducta con entregar un arma cargada. Relató escenas cotidianas que quedaron truncas, como las galletitas que su hijo quería para el mate al regresar del trabajo y que ella guardó durante un mes esperando que volviera. Confesó que todavía lo espera. Dijo que no puede dormir y que le cuesta aceptar que debe ir al cementerio a visitarlo. También habló de sus nietos, quienes reciben tratamiento psicológico. Recordó al más pequeño, que frente al cajón le pedía a su padre que se levantara para ir a jugar. Destacó a Leo como un padre presente, que cumplía con sus obligaciones incluso cuando hacía changas y celebró cuando consiguió trabajo formal porque podía garantizar el sustento de sus hijos. Antes de finalizar, volvió a pedir justicia y solicitó al juez que escuche el dolor de las madres. Afirmó que, desde aquel día, su vida quedó atravesada por una ausencia que no tiene reemplazo.
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