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Concordia » Despertar Entrerriano
Fecha: 20/02/2026 11:49
Despejando dudas sobre el peligro de automedicarse con antibióticos, con la médica clínica Paula Prince Un dolor de garganta, una molestia urinaria, una muela que late. Abrimos el botiquín y ahí están: restos de tratamientos viejos, blisters sueltos, «lo que me funcionó la otra vez». Pero los antibióticos no son caramelos ni sirven para cualquier malestar. Automedicarse puede generar efectos adversos, alterar la flora del organismo y, lo más preocupante, favorecer la resistencia bacteriana, un problema de salud pública que ya es una amenaza global. Para entender qué son realmente los antibióticos, cuándo se necesitan y por qué no deben tomarse sin indicación médica, dialogamos con la doctora Paula Prince, especialista en Clínica Médica y Medicina Interna, médica del servicio de Clínica Médica del Hospital Delicia Concepción Masvernat donde está a cargo de la residencia y jefa de Clínica Médica en el Sanatorio Concordia. Para entrar en contexto, ¿qué son los antibióticos, cuáles son los más comunes y para qué sirven realmente? Antes de hablar de antibióticos, es importante entender qué son los microorganismos. Cuando hablamos de microbios o gérmenes, hablamos de distintos grupos: bacterias, virus, hongos y parásitos. Los antibióticos son un grupo de medicamentos diseñados exclusivamente para matar o impedir que se reproduzcan bacterias. No sirven para infecciones por virus, hongos o parásitos. En los botiquines hogareños suelen aparecer antibióticos como la cefalexina, que se usaba mucho para infecciones de piel; la amoxicilina, para cuadros respiratorios o dentales; o la ciprofloxacina, para infecciones urinarias. Son medicamentos que muchas veces quedan en casa y se utilizan sin prescripción, lo cual es un problema. ¿Por qué es tan peligroso automedicarse con antibióticos? Cuando uno se automedica pueden pasar varias cosas. Primero, puede haber efectos adversos: alergias, intolerancias o interacciones con otros medicamentos que la persona esté tomando. Pero el problema más importante es la resistencia bacteriana. No es que el antibiótico deje de hacer efecto en la persona; son las bacterias las que aprenden a defenderse. Si una persona toma un antibiótico por su cuenta, mata a las bacterias más débiles, pero pueden sobrevivir algunas más fuertes. Si además corta el tratamiento antes de tiempo, esas bacterias supervivientes se multiplican y adquieren mecanismos de resistencia. Así se generan las llamadas «superbacterias», que ya no responden a ese antibiótico y muchas veces tampoco a otros. ¿Qué riesgo concreto tiene repetir un antibiótico porque «ya me funcionó antes»? Cada infección es distinta y cada organismo también. Además, tenemos flora bacteriana normal en la piel, boca, intestino y otras zonas que nos protege. Cuando uno toma un antibiótico sin indicación, no solo elimina bacterias patógenas, sino también esa flora protectora. Eso puede favorecer que se instalen microorganismos resistentes o infecciones oportunistas. Que un antibiótico haya funcionado hace dos meses no significa que ahora sea el adecuado. El contexto clínico cambia. ¿Cuáles son los errores más comunes en casa? Si sobra antibiótico de un tratamiento, ¿conviene guardarlo? Compartir antibióticos con familiares, cortar el tratamiento cuando uno se siente mejor, modificar las dosis o los horarios, o comprar medicamentos en lugares no habilitados. La posología es fundamental. Si un antibiótico es cada ocho horas, es porque a las ocho horas deja de tener efecto. Si se saltea una dosis o se toma fuera de horario, se vuelve a generar el escenario propicio para que las bacterias desarrollen resistencia. Se recomienda desecharlo. Los blisters suelen venir preparados para completar el tratamiento. Guardar sobrantes es riesgoso porque pueden vencer, almacenarse mal o quedar en dosis incompletas. Además, tenerlos disponibles favorece la automedicación. Lo correcto es terminar el tratamiento indicado y descartar el remanente. Muchas veces ante un dolor de garganta se toman antibióticos. ¿Siempre son necesarios? Entre el 80 y el 90% de las infecciones de garganta son virales. Y los antibióticos no actúan sobre virus. En esos casos se tratan los síntomas: fiebre, dolor, malestar. Solo cuando hay características particulares como placas de pus, fiebre persistente, ganglios inflamados y dificultad importante para tragar el médico puede sospechar una infección bacteriana y evaluar la necesidad de un antibiótico. Pero la mayoría de los cuadros son autolimitados y no lo requieren. ¿Qué diferencia hay entre antibióticos y analgésicos o antiinflamatorios? Los analgésicos y antiinflamatorios, como el ibuprofeno o el paracetamol, alivian dolor, inflamación o fiebre, pero no tratan infecciones. Son distintos tipos de fármacos. El uso crónico de antiinflamatorios también puede ser riesgoso: pueden causar gastritis, úlceras, daño renal o complicaciones en personas con antecedentes específicos. Por eso incluso estos medicamentos deben ser indicados por un médico que evalúe riesgos y beneficios. ¿La venta sin receta es un problema? ¿Cuál es el rol de las farmacias? Sí, es un problema. La resistencia antibiótica es una preocupación mundial. En Argentina se avanzó con una ley que establece que los antibióticos solo pueden venderse en farmacias y con receta archivada. Eso actúa como una barrera para la automedicación. Las farmacias cumplen un rol clave como control sanitario. Hoy, si un médico prescribe un antibiótico, debe hacerlo con receta de archivo, lo que impide su compra libre y ayuda a disminuir el uso indiscriminado. La automedicación con antibióticos no es un gesto menor ni una solución rápida: es una práctica que puede afectar la salud individual y colectiva. Consultar, completar los tratamientos indicados y no guardar «por las dudas» es parte de una responsabilidad compartida para que estos medicamentos sigan siendo efectivos cuando realmente se los necesita. Paula Prince Especialista en Clínica Médica y Medicina Interna Mp 8217 ig: drapaulaprince Atención en: Sanatorio Concordia 4213353 | 4220582 | +54 9 345 4967211
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