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  • Del desarrollismo al orden fiscal: Frigerio en la Asamblea Legislativa

    Parana » La Nota Digital

    Fecha: 20/02/2026 07:05

    Nieto del desarrollismo clásico, funcionario del ciclo menemista en los años noventa, ministro del Interior durante la presidencia de Mauricio Macri, diputado nacional y hoy gobernador, Rogelio Frigerio condensa en su biografía las distintas mutaciones de la política argentina contemporánea. Su recorrido enlaza planificación desarrollista, apertura económica y gerenciamiento estatal. No hay quiebres abruptos: hay desplazamientos. Del Estado productor al Estado regulador; del proyecto industrial al equilibrio fiscal. En su discurso el 18 de febrero ante la Asamblea Legislativa de Entre Ríos, esa trayectoria se tradujo en una escena sobria, técnica, centrada en la administración responsable de lo existente. Las categorías que estructuraron su intervención fueron claras: orden institucional, modernización del Estado, sostenibilidad de la caja previsional, eficiencia administrativa y reactivación de la obra pública. La política fue presentada como gestión racional. Digitalización de procesos, transparencia, equilibrio de cuentas, previsibilidad normativa. El conflicto social quedó desplazado; el énfasis estuvo puesto en la capacidad del Estado para organizar, normar y garantizar estabilidad. La obra pública apareció asociada al crecimiento, pero en clave de infraestructura estratégica: rutas, conectividad y soporte logístico para la producción exportadora. Ese horizonte se inscribe en una matriz agro-exportadora, minera e hidrocarburífera que se consolida como eje del crecimiento. Competitividad externa, seguridad jurídica, integración eficiente al mercado global. La convergencia entre neoliberalismo y neo-desarrollismo opera sin fricciones visibles: el Estado no se retira, pero orienta su acción hacia la reproducción ampliada del capital en sectores primarios dinámicos. Desarrollo deja de significar diversificación estructural y pasa a equivaler a rendimiento. Más volumen. Más eficiencia. Más inserción. La provincia se piensa como plataforma productiva antes que como espacio de transformación social. Sin embargo, la experiencia histórica argentina señala un límite persistente: con exportar más no alcanza. El incremento de divisas no modifica automáticamente la estructura social cuando la propiedad de los sectores estratégicos permanece concentrada y, en gran medida, extranjerizada. La acumulación puede expandirse sin alterar la calidad del empleo ni fortalecer el entramado industrial. El excedente se centraliza; el tejido productivo no necesariamente se densifica. Crecer no es lo mismo que transformar. Tampoco implica, por sí solo, reducir brechas regionales ni mejorar el poder adquisitivo de quienes viven de su salario. La diferencia con Javier Milei es de estilo, no de dirección. Donde el Presidente dramatiza el ajuste, Frigerio lo institucionaliza y lo vuelve gobernable. Pero en un país donde la informalidad laboral ronda el 40 %, la pobreza supera el 36 % y el 10 % más rico concentra más de la mitad de la riqueza total, la estabilidad macroeconómica no garantiza cohesión social. Si la expansión exportadora no se traduce en diversificación productiva, empleo formal y redistribución efectiva, el orden fiscal corre el riesgo de convertirse en un fin en sí mismo. La pregunta es ineludible: ¿puede llamarse desarrollo a un crecimiento que consolida concentración y precariedad? Más bien estamos ante una estabilidad que administra lo existente, sin modificar las bases de la injusticia persistente. J. Noriega imagen. vecteezy

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